El papel de la orientación en la inclusión.

El pasado sábado 19 de mayo participé en una mesa redonda en el IX Encuentro Nacional de Orientadores. El comité organizador confió en mí para hablar de los “Cambios en la orientación para responder a las exigencias del siglo XXI”, y como suele pasar en estos casos llevas en tu cabeza muchos más pensamientos que los que allí expones; y con la idea de compartirlos los escribo aquí.

No tendríamos que hablar de inclusión si antes no hubiésemos segregado. No pensaríamos que la inclusión es una utopía si todas las personas asumiéramos nuestras responsabilidades: responsabilidad educativa, administrativa, legislativa. No utilizaríamos el adjetivo inclusión con tanta ligereza si supiéramos las obligaciones que conlleva. Y no permitiríamos que se cometiesen tantas injusticias, si la injusticia no estuviese tan normalizada en nuestra cultura educativa, tan normalizada que muchas veces ni siquiera la vemos, porque lo habitual es la segregación, lo habitual es que la injusticia se vuelva opresivamente cotidiana.

La justicia social en educación debe alejarse del concepto tradicional de justicia legal y debe acercarse a la justicia como presencia y participación de todo el alumnado en el aula

Y yo me remuevo contra esa opresión que me genera el ser orientadora, ser juez y parte de esta normalización. Me remuevo y me sublevo contra estas injusticias, contra el etiquetado, contra los dictámenes, contra….. seguramente contra todo el modelo psicopedagógico actual ,que prácticamente no ha evolucionado desde los años 90. Un modelo que sigue centrado en el déficit, en las necesidades educativas y que a partir de ahí busca la normalización opresora, pero con la mirada puesta única y exclusivamente en el déficit, sin tener en cuenta que la inclusión es mucho más que la normalización, que la inclusión no es un premio, que la inclusión es un derecho, que normalizar no es incluir, que no se trata de entrar, sino de pertenecer.

El modelo social nos indica que las causas que originan la discapacidad son sociales; se habla entonces de contextos discapacitantes, de eliminar barreras, de justicia social. Y en este marco es donde debe estar la orientación, en este marco es donde me sitúo yo, eliminando barreras para garantizar que todas las personas tengan derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. La orientación es orientar, no oprimir. La orientación es transformar, no seguir haciendo lo mismo. La orientación es movimiento, camino, no inmovilidad, quietud o pasividad.

El rol de la orientación en la actualidad no puede seguir siendo el mismo. Hablamos continuamente de una escuela del siglo XXI, pero no reflexionamos sobre la orientación del siglo XXI; hablamos de transformación, de cambio, de innovación en las escuelas; pero  la mayoría de las veces nos olvidamos de que con esta innovación debemos incluir siempre a todo el alumnado, nos olvidamos de que tenemos un orientador, una orientadora, en nuestro centro que puede acompañarnos en este proceso.

Están de moda los decretos de inclusión; unos decretos de inclusión que son todo menos inclusivos; unos decretos de inclusión que permiten seguir segregando al alumnado más vulnerable, con etiquetas basadas en criterios diagnósticos clínicos; unos decretos de inclusión que no garantizan los apoyos ni los ajustes necesarios; unos decretos de inclusión que no conllevan itinerarios formativos obligatorios para todo el profesorado ¿A qué jugamos? Seguimos sin tener presentes a las personas más vulnerables, seguimos considerando que normalizar es homogeneizar, seguimos pensando que orientar es etiquetar para luego hacer recomendaciones individuales sobre el déficit; pocas veces se hacen recomendaciones para transformar el contexto y si se hacen caen en saco roto porque no se sabe o no se pueden hacer.

Para mí, orientar es:

  • Acompañamiento y apoyo para llevar a cabo las transformaciones necesarias en la organización, en las metodologías, en aspectos curriculares de los centros educativos, ofreciendo medidas inclusivas para conseguirlo. De esta forma, se daría mucho más valor al papel educativo y pedagógico de la orientación. Medidas que no deberían seguir llamándose de atención a la diversidad porque diversas somos todas las personas, sino medidas para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado, y que formarían parte del Proyecto Educativo de todos los centros, porque todos los centros deben ser garantes de la inclusión, no de la segregación.
  • Liderar la inclusión plena en los centros educativos. El orientador, la orientadora, debe ser el líder de la inclusión, un liderazgo compartido con equipos directivos comprometidos. La educación es un diálogo, pero en la actualidad se ha convertido en un monólogo; es necesario propiciar y organizar propuestas que inviten a la reflexión por medio de tertulias pedagógicas con el profesorado y con comisiones mixtas que hablen de ética, de la ética de la educación inclusiva.
  • Provocar la reflexión, tanto propia como colectiva. La orientación en estos momentos debe ser disruptiva, no podemos seguir haciendo lo mismo con pequeños cambios o modificaciones, sino hacer cosas mejores. La orientación debe provocar la reflexión, debe romper moldes, debe romper hábitos, debe abrir los ojos, cambiar la mirada. Me gustan y os invito a leer las reflexiones que el colectivo orienta (@colectivorienta) hace en su blog sobre Educación, Diversidad y Orientación; las reflexiones que hace la orientadora Maria José G. Corell en su facebook; la orientadora Pilar Pérez Esteve en su blog; la orientadora Mábel Villaescusa y su equipo del CEFIRE específico de educación inclusiva de la Comunidad Valenciana; las propuestas de las  orientadoras emocionales asturianas. Y muchas más por toda España.
  • Ayudar, cuidar, mirar a los ojos, escuchar… a los alumnos, para poder atender sus necesidades, para así cambiar contextos discapacitantes y opresores, para así eliminar barreras; nunca para cambiar a la persona, para excluirla o incluirla en lo que yo considero “normal”, sino siempre para contar con ella, para ver sus fortalezas y hacerlas brillar, poniendo en valor las capacidades, no las discapacidades. Las capacidades de todo el alumnado, porque están ahí, aunque no las veamos, aunque no las potenciemos, aunque las asfixiemos.
  • Pero también ayudar, cuidar, mirar a los ojos y escuchar al profesorado y a las familias. El profesorado y las familias son piezas fundamentales en este cambio, no podemos construir una narración nueva para todos los niños y niñas si no caminamos juntos. La educación con mayúsculas debe ofrecer posibilidades de éxito para todo el alumnado; hablamos, por lo tanto, de un relato escrito en primera persona, un relato humano, con un final abierto, sin cerrar, un final que lo decide la persona, no lo decido yo como docente, no lo decido yo como orientadora.
  • Acompañar en el proyecto de vida de todo el alumnado con propuestas de crecimiento personal y empoderamiento.
  • Basarse siempre en la ética del cuidado. El cambio de mirada comienza cuando somos responsables, solidarios; cuando nos damos cuenta de las necesidades de los demás; cuando no cometemos injusticias; cuando nos basamos en la concepción humanista de la educación; cuando vemos, sentimos, empatizamos; cuando nuestros corazones laten juntos entonando una única melodía.

Es necesario replantearse el papel de la orientación, es preciso buscar espacios y tiempos para ello, es urgente pasar a la acción y romper con el papel de la orientación que vulnera el derecho a una educación inclusiva, un papel hegemónico de la orientación como juez y parte de la opresión social.

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Los nadies, los ningunos, los ninguneados.

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Eduardo Galeano escribió en 1940 un poema sobre Los nadies, y se refiere a ellos como “aquéllos que no son aunque sean, que no hablan idiomas, sino dialectos”. Podría reescribirse el texto con otros versos similares: que no hacen música, sino musicoterapia, que no hacen arte, sino arteterapia…. Y retomando los versos de Galeano, “que no tienen nombre, sino número”.

¿Qué nos hace pensar esto?

Los nadies en la escuela son todos los niños y las niñas que suponen un número, un número asociado a recursos; pero también son los invisibles, los apáticos, los inconformistas, los inseguros, los vergonzosos, los movidos, los rápidos, los lentos. Todos los que se salen de la norma. 

Yo veo dos normas que tal vez coexistan con otras:

  • La norma establecida como promedio y que se basa en el modelo psicopedagógico que nace en la década de los 90, que dicta la normalidad como una curva y que dirime que lo que se desvía de esta curva no es normal. 
  • Y la norma establecida por la sociedad que pone barreras visibles o invisibles que determinan lo que es o no es normal, barreras que excluyen a parte de la sociedad por ser diferentes, por no ser normales. 

Lo que no es normal, es anormal. La relatividad de ambos conceptos no puede determinar que existan los nadies, ni condicionar su futuro. Son conceptos frágiles que están supeditados a la mirada de la sociedad, por lo que cada vez es más necesario repensar la educación para avanzar. 

La primera norma se refiere al modelo psicopedagógico que sigue vigente en la actualidad. Un modelo basado en el déficit, en la etiqueta, en informes psicopedagógicos cuantitativos que solo se hacen a los nadies, a los diferentes, a los que no siguen la norma, a los que se salen de ella, donde se etiqueta y se aportan orientaciones individuales para que consigan “ser normales”. El modelo psicopedagógico excluye y etiqueta, permitiendo que se les ningunee de forma continuada. La inclusión es entonces un premio, no un derecho.

La respuesta educativa en este modelo es una respuesta individualizada, centrada en las necesidades educativas, porque el problema está en la persona, en lo que ella no es capaz de hacer. Este modelo no garantiza una educación inclusiva, equitativa y de calidad, al excluir y segregar al alumnado. 

La segunda norma está relacionada con el cambio de mirada, con reconocer y reflexionar sobre las barreras para la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el alumnado, para  eliminarlas y transformarlas en facilitadoras, como me comentaba el otro día mi amigo Víctor Rodríguez (@Victorod1).

Esta segunda norma pone el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellas. Esta mirada excluyente supone una barrera importante para lograr la inclusión plena de todas las personas en la sociedad. 

Es evidente entonces que este cambio es revolucionario, que exige cambiar estructuras organizativas en los centros educativos y prácticas educativas en las aulas; pero es una necesidad urgente y toda la sociedad debe apoyarlo. 

PROPUESTAS para el cambio y la transformación. 

  • Un liderazgo de la Administración con propuestas, leyes, normativas realmente inclusivas que apuesten por un modelo social no excluyente, donde el adjetivo inclusivo no sea solo eso, un adjetivo. 
  • Aclarar conceptos. Es necesario dar el significado que tiene a la inclusión, qué es y qué significa, qué es y qué supone hablar de ajustes razonables, de educación inclusiva, de integración, de diseño universal para el aprendizaje, de apoyos… Hablar todas las personas el mismo idioma evita agotar discursos. 
  • Hablar de ética de la inclusión nos permite sensibilizarnos con el tema, cambiar la mirada y eliminar barreras. Muy interesante para trabajar en esta línea, la guía REINE “Reflexión Ética sobre la Inclusión en la Escuela” editada en el 2009 por FEAPS. 
  • Equipos directivos inclusivos que lideren el cambio educativo. En una entrada sobre este tema hablaba de que es indiscutible la importancia que el director o directora de un centro tiene en el devenir del mismo. Un tipo de liderazgo u otro condiciona el que las culturas, políticas y prácticas de un centro sean inclusivas o segregadoras. Decálogo del líder educativo inclusivo
  • Equipos directivos y equipos de orientación deben ir de la mano liderando los cambios organizativos, con el objetivo de que la inclusión llegue al corazón de los centros educativos. El papel de la orientación debe cambiar y ayudar a la transformación, los equipos de orientación son palancas de cambio en este proceso transformador, deben cambiar el modelo psicopedagógico anclado en los años 90 y abrirlo al modelo social que se centra en cómo modificar el contexto discapacitante que impide participar y obtener logros a todo el alumnado. Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez) explica en su entrada  “WorkShopOrienta: el estallido de los silenciados”, los cuatro enfoques necesarios para una evaluación psicopedagógica centrada en el contexto.
  • Trabajar juntos para crear redes. Cuando hablamos de educación inclusiva hablamos de participación real de toda la comunidad educativa. Es necesario crear redes de apoyo en los centros educativos, de forma que nuestros centros se constituyan en una verdadera comunidad de apoyo.
  • En su blog Accesibilidad e Inclusión, José Alfredo Espinosa (@jespin5) reflexiona sobre “La importancia de trabajar juntos“, más allá de la propia comunidad educativa, destacando la necesidad de crear espacios que permitan dar voz y visibilidad a todas las acciones inclusivas. Espacios de conocimiento e inquietudes compartidas, de buenas prácticas e ilusión. 
  • Caminar juntos universidad y centros educativos, con la idea de evidenciar que las metodologías para la inclusión son una realidad, que la forma de enseñar puede ser una barrera salvable y que las prácticas inclusivas permiten que todo el alumnado esté presente participando y obteniendo logros en el aula. 
  • Crear un Observatorio para la Inclusión en los propios centros educativos, donde se pongan en valor las buenas actuaciones que allí se hacen y permiten que sea un centro acogedor y seguro para todo el alumnado, un centro que abre las puertas al entorno y la participación. Un Observatorio formado por miembros de toda la comunidad educativa, que no se centra en lo punitivo, en lo que haces mal, sino que evidencia las buenas prácticas, que las comparte y divulga e incluso crea materiales.
  • Visibilizar las buenas prácticas inclusivas nos hace ver que la educación inclusiva “ES POSIBLE”. Rodrigo J. García en Escuelas en Red, visibiliza la innovación educativa sin olvidar nunca la inclusión. El Proyecto Colaborativo “Pedagogía Inclusiva. Escuelas inclusivas” hace resúmenes mensuales sobre inclusión, escuelas inclusivas y pedagogías inclusivas, y cartografía los centros inclusivos; en twitter está como Escuelas Inclusivas (@Escu_Inclusivas) Son algunos de los ejemplos. 

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Vídeo sobre el texto:

Diseño Universal para el Aprendizaje, una respuesta inclusiva.

La educación inclusiva se basa en el modelo social de la discapacidad, que aunque tiene sus orígenes en los años 60, no será hasta la década de los 80 cuando comience a tener auge. Este modelo no se centra en el déficit, ni en la discapacidad de la persona para “curarla”, sino que pone el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellas. Si este modelo lo llevamos a la educación, es en el contexto, en la eliminación de barreras, donde debemos poner la mirada para dar una respuesta inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado. Y ahora pregunto: ¿Qué hay más rígido que el currículo? ¿Qué prejuicio es más limitante que las bajas expectativas? ¿Qué es más excluyente que sacar al alumnado de las aulas?.

En una entrada anterior explicaba que la inclusión nunca tiene que ser un premio, la inclusión es un derecho, como también lo es asegurar los ajustes razonables y los apoyos adecuados para fomentar al máximo el desarrollo académico y social de todo el alumnado, tal y como aparece en el artículo 24 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Si ahora reflexionamos sobre todo lo escrito, si somos conscientes de que el currículo es una barrera al aprendizaje y por ende a la participación y que puede suponer un contexto muy discapacitante para algunos niños y niñas, si somos conscientes de que la cultura del apoyo y del cuidado deben formar parte del día a día del aula frente a la cultura de la compasión y la pena y si somos conscientes de que asegurar ajustes es un derecho y con los derechos no se negocia, entonces es el momento de pasar a la acción y de avanzar en la inclusión. Este paso, que nos permite caminar hacia el horizonte utópico de la educación inclusiva, supone propiciar actividades ricas, tareas contextualizadas, aprendizajes enriquecidos que propicien el pensamiento crítico y creativo y que tengan en cuenta a todo el alumnado siempre; supone no solo aprender, sino ser competente para desenvolverse eficazmente; supone estar presente y participar en las actividades del aula; en definitiva, supone caminar juntos.

No es la primera vez que comento que las metodologías inductivas son medidas metodológicas inclusivas que van a permitir que todo el alumnado participe. Estas metodologías (aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en retos…) insisten en que sea el propio alumnado el que construya el conocimiento partiendo de un reto, una pregunta o una situación problemática, fomentando así el trabajo en equipo y permitiendo la transferencia y aplicación de conocimientos en otras situaciones. Pero la propuesta hoy es otra: hagamos las programaciones de aula con la metodología inclusiva que consideremos más adecuada, teniendo en cuenta el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), para no dejarnos nunca a nadie atrás, para hacer siempre propuestas inclusivas y ajustadas a todo el alumnado, para no hacer adaptaciones curriculares posteriores, para caminar hacia la inclusión.

Serán programaciones inclusivas que tendrán en cuenta la enseñanza multinivel y cuyos estándares de aprendizaje estarán formulados desde la perspectiva del DUA, es decir, redactados de forma flexible y variada para que puedan ofrecer a todos los estudiantes la oportunidad de alcanzarlos. Serán programaciones inclusivas que no dan la espalda a las propuestas pedagógicas actuales, sino que se apoyan en ellas para eliminar la exclusión en la escuela y desde la escuela.

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El Diseño Universal para el Aprendizaje nos sirve de guía para conseguir esto y más, nos ayuda a hacernos conscientes de dónde estamos y dónde debemos llegar en nuestro camino hacia la inclusión, nos marca pautas para lograrlo y puntos de verificación que nos hacen reflexionar sobre posibles ajustes y que van a permitir que todo el alumnado obtenga aprendizajes exitosos de calidad.

Basado en fundamentos neurocientíficos, el Diseño Universal para el Aprendizaje relaciona las tres redes neuronales con tres principios y sus respectivas pautas y puntos de verificación que ayudan a reflexionar sobre los ajustes razonables que podemos hacer.

PRIMER PRINCIPIO. Proporcionar múltiples formas de implicación en la práctica docente.

8Se centra en la MOTIVACIÓN como elemento esencial en el aprendizaje, en el porqué del aprendizaje. Por ello, como docente debo hacerme algunas cuestiones: ¿Cómo voy a motivar a todo el alumnado? Y sobre todo, ¿cómo voy a mantener su atención? Este aspecto es muy importante, puesto que se refiere no solo a la motivación externa sino también a la motivación interna.

Este principio nos dice que en la misma programación de aula tengamos en cuenta estrategias para la autorregulación, el aprendizaje autónomo y la metacognición. Hablamos de conocer los errores y de aprender de ellos, de introducir la evaluación en el propio proceso de aprendizaje con propuestas de autoevaluación y coevaluación, de escribir diarios de aprendizaje o trabajar con portafolios, entre otras pautas docentes.

Pero este principio también tiene en cuenta el trabajo en equipo y de la gestión de las emociones, entendiendo la importancia no solo de las interacciones dialógicas en el aprendizaje de todo el alumnado, sino también de que el diálogo que se establezca esté basado en una relación de igualdad y no de poder, lo que enfatiza en la idea de inclusión y de reconocimiento de todas las personas.

¿Qué propuestas pedagógicas actuales pueden encajar dentro de este principio? Tanto la gamificación como el escape room nos van a  proporcionar múltiples formas de implicación. 

SEGUNDO PRINCIPIO. Proporcionar múltiples formas de representación, porque no todas las personas percibimos y comprendemos la información igual.

11Se centra en EL QUÉ DEL APRENDIZAJE, en que el aprendiz sea capaz de identificar los recursos adecuados, de reconocerlos, ofreciendo más opciones de acceso real al aprendizaje.

Este principio nos indica que como docentes debemos asegurarnos de que todo el alumnado nos entiende y comprende, de que todo el alumnado perciba la información.

Para ello, en el momento en que estemos diseñando la programación de aula, debemos tener en cuenta la presentación de la información, de forma que tal y como se contempla en los Hábitos de la Mente, de Arthur Costa, puedan “recabar los datos por todos los sentidos”; ayudar a la transferencia del conocimiento utilizando organizadores gráficos para activar conocimientos previos o agrupar la información; tener en cuenta también que es necesario utilizar distintos formatos de presentación de la información, no solo el texto escrito; y muy interesante en este principio, el tema de la lectura fácil para hacer más accesibles los textos y/o vídeos que se van a trabajar en el aula.

Propuestas pedagógicas actuales que encajan dentro de este segundo principio:  Modelo flipped classroom para activar conocimientos previos, Realidad Aumentada para proporcionar opciones para la percepción y Visual Thinking para maximizar la memoria, la transferencia y la generalización. 

TERCER PRINCIPIO. Proporcionar múltiples formas de Acción y Expresión. 

14El tercer principio se centra en CÓMO APRENDER, en el estudiante orientado a cumplir metas. Este principio permite que cada estudiante interaccione con la información y sea capaz de demostrar el aprendizaje de acuerdo con sus propias habilidades estratégicas.

Aquí nos debemos centrar en cómo los alumnos nos muestran la información, posibilitando que utilicen la tecnología, los dibujos, el cuerpo… Pero también nos centraremos en trabajar las funciones ejecutivas de todo el alumnado en el aula, de forma que en la propia programación proporcionemos opciones para trabajarlas, opciones para la presentación de la información utilizando múltiples medios de comunicación, o múltiples herramientas tecnológicas.

En este principio se proporcionan también todas las herramientas, productos y tecnologías de apoyo que el alumnado necesite, porque la educación inclusiva no es un premio, es un derecho.

Propuestas pedagógicas actuales que encajan dentro de este principio: Mobile learning que proporciona opciones para la interacción física, Aprendizaje basado en el pensamiento y el pensamiento computacional que apoyan la planificación y el desarrollo de estrategias.

Para saber más:

Alba, C. (2016). Diseño Universal para el Aprendizaje: Educación para todos y prácticas de enseñanza inclusivas. San Sebastián de los Reyes, Madrid: Morata.

Un paso a la acción. Líneas de reflexión sobre la educación inclusiva.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (3)

El uso del adjetivo inclusivo/inclusiva está de moda. Se une indistintamente a educación, centro educativo, actividad, lenguaje, deporte, sociedad… de forma habitual, para dar énfasis en la aceptación de todos, en la no exclusión. Pero la realidad es bien distinta. Ni la educación, ni los centros educativos, ni las actividades, ni el lenguaje, ni el deporte, ni la sociedad serán verdaderamente inclusivos si no somos capaces de cambiar la mirada, de ver capacidades donde otros ven discapacidades; de ofrecer contextos flexibles que permitan que todas las personas puedan participar y obtener logros, contextos donde no existan barreras que les impida estar, participar, sentirse acogidos y poder desarrollar así, su pleno potencial.

Si en educación nos centramos en la discapacidad, si nos fijamos únicamente en lo que las personas no saben hacer, decir o realizar, si la respuesta sigue siendo segregadora y terapéutica, entonces tenemos un problema, un problema conceptual que es necesario aclarar y leer en el post aclarando conceptos, antes de pasar a la acción.

PRIMERA REFLEXIÓN.  El modelo social sobre el que se apoya la educación inclusiva se basa en un cambio de mirada de la discapacidad, poniendo el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellos. El modelo inclusivo no niega que haya diferencias individuales, puesto que todas las personas somos únicas y diferentes; este modelo se centra en que es la sociedad la que promueve la exclusión, en que la discapacidad es una construcción social, y que la inclusión no es un premio sino un derecho. De esta forma, la exclusión estaría por lo tanto en nosotros mismos, en nuestra mirada. Nacho Calderón lo explica de una forma muy poética cuando señala que “la discapacidad no está en un cuerpo, sino al menos, entre dos cuerpos”.

Las barreras que pone la sociedad a la discapacidad, las barreras que ponemos los docentes a una educación inclusiva de calidad para todo el alumnado, pueden ser barreras físicas o mentales, visibles o invisibles, conscientes o inconscientes, pero en cualquier caso son barreras que debemos eliminar y que deben constituir por lo tanto nuestra primera reflexión.

¿En mi aula, en mi centro, hay barreras a la participación, a la presencia? ¿Las pongo yo? ¿Todo el alumnado del aula, del centro, participa, está presente? ¿Tengo siempre altas expectativas para todo el alumnado? ¿Ofrezco posibilidades para que los estudiantes se ayuden mutuamente? ¿Fomento la colaboración en el aula? ¿Los estudiantes tienen la seguridad de que recibirán ayuda si tienen dificultades? ¿Fomento la cultura de la colaboración en el aula, en el centro? ¿Cómo es mi mirada, dónde veo las discapacidades? 

PROPUESTAS PEDAGÓGICAS. El cambio de mirada. 

Es importante trabajar en el aula el cambio de mirada con actividades que impliquen reflexionar y dialogar sobre ello, fomentando de esta forma el pensamiento crítico en todo el alumnado, unas actividades que buscan que el alumnado reflexione, comprenda, argumente y contraargumente, emitiendo juicios de valor.

SimplicityUn ejemplo de estas actividades sería el mapa inclusivo de la empatía a partir de libros, vídeos o situaciones que nosotros planteamos como hipotéticas y sobre las que podemos reflexionar; es interesante que en el mapa de la empatía los alumnos descubran las barreras que existen y sobre todo que hagan propuestas sobre cómo derribarlas o eliminarlas; o las siempre interesantes tertulias literarias dialógicas a partir de libros como La lección de August o la película Wonder. En el blog Wonderpeli, encontraréis propuestas de actividades para trabajar en el aula y en la familia después de la lectura del libro o del visionado de la película.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (1)

Que la educación inclusiva, equitativa y de calidad es un derecho, como también lo es asegurar los ajustes razonables y los apoyos adecuados para fomentar al máximo el desarrollo académico y social en todo el alumnado (1), es algo que ya a estas alturas del siglo XXI debería ser conocido por todos los docentes, y sin embargo la realidad te dice que eso no es cierto.

No solo se utiliza el adjetivo inclusión para asociarlo a prácticas segregadoras, sino que se cometen injusticias abanderadas por el calificativo inclusivo. Estas reflexiones son importantes para comenzar a cambiar, es necesario pararnos a pensar y a repensar para comenzar así a ser conscientes de que en ocasiones no estamos garantizando el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. Y no lo estamos haciendo cuando retiramos los apoyos, cuando no los ofrecemos o cuando no los gestionamos adecuadamente; cuando pensamos que un aula específica o un aula de educación especial en si mismas ya son una respuesta inclusiva; cuando no hay nada que ajustar porque se piensa que algunos alumnos ni saben, ni pueden ni quieren; cuando solo realizo adaptaciones significativas que condenan al alumnado a una vida de pobreza y miseria. Pero también cometo injusticias cuando asocio el apoyo única y exclusivamente con el profesorado especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje o compensatoria y luego en clase estos alumnos tienen currículos paralelos que condicionan su participación en las dinámicas que se hacen en las aulas; o puedo caer también en el error de considerar que apoyo es sinónimo de los recursos que deben ofrecernos las Administraciones y cuando no tenemos esos apoyos decimos que este niño o este joven, estaría mejor en otro centro con más recursos; o… cuando encontramos otras muchas razones para no asegurar ni los apoyos ni los ajustes que por ley les corresponden.

SEGUNDA REFLEXIÓN. La relatora de las Naciones Unidas (2) define el apoyo como “el acto de prestar ayuda o asistencia a otra persona para que pueda realizar actividades y pueda participar en el aula”. La educación inclusiva se basa en una concepción humanista de la educación que se centra en la perspectiva de los Derechos Humanos y de la justicia social. El modelo social en el que se mueve la educación inclusiva habla de eliminar barreras para crear contextos acogedores y seguros para todo el alumnado. Tendremos alumnos y alumnas en nuestros centros  educativos que necesiten siempre un apoyo, una ayuda, para participar significativa y plenamente en el aula, otros que necesiten el apoyo puntualmente, otros que no lo necesiten, pero siempre nos basamos en la ayuda, en la colaboración. El apoyo en la educación inclusiva es por lo tanto ayudar, colaborar, construir juntos partiendo de la capacidad. Ofrecer un apoyo de calidad es un derecho y en ocasiones es imprescindible para que todo el alumnado pueda participar activamente en el aula. La falta de apoyos adecuados supone por lo tanto segregar, cometer injusticias y poner barreras a la presencia, participación o aprendizaje, de una forma consciente.

¿Entiendo entonces que apoyo son todas las actuaciones y actividades que el docente pueda realizar para dar una respuesta inclusiva a todo el alumnado y que le permitan entonces participar en el aula? ¿El apoyo es además colaborar, ajustar el contexto, trabajar entre iguales, eliminar barreras o el apoyo es solo estar en el aula junto a un alumnado concreto? ¿El apoyo son solo recursos materiales y personales? ¿Los apoyos ayudan a eliminar barreras?

HACIA UNAPROPUESTAS PEDAGÓGICAS. Apoyos para incluir a todo el alumnado.

Debemos hacer que nuestros centros educativos se constituyan en una verdadera comunidad de apoyo. Que formen una red que se presta ayuda para que todo el mundo pueda participar. De esta forma el apoyo no se centra únicamente en un profesorado concreto, sino que alumnado, profesorado, familias, comunidad educativa en general, colaboran para ayudar con propuestas claras. La cultura de la colaboración impregna de esta forma todas las actuaciones que allí se desarrollan.

La autonomía pedagógica, de gestión y de organización de los centros implica la elaboración de unos documentos institucionales que deberán basarse en el enfoque inclusivo. Estos documentos, como el Proyecto Educativo de Centro desde un enfoque inclusivo, Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo o el Proyecto de Dirección desde un enfoque inclusivo, son documentos que determinan las señas de identidad de un centro y que van a condicionar todas las actuaciones que allí se hagan.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (2)

En la normativa actual todavía se habla de adaptaciones curriculares y no de diseño universal, se sigue centrando el foco en la discapacidad (cuestionando incluso en ocasiones las capacidades de determinado alumnado), en las necesidades educativas que en ocasiones son “especiales”, en las carencias y deficiencias, para que luego el profesorado, teniendo en cuenta las características individuales del alumnado y su contexto, haga una adaptación al currículo, una adaptación que el niño o niña pocas veces compartirá con el resto del alumnado, tendiendo de esta forma a dar una respuesta individualizada, segregadora y rígida, que ni cambia ni modifica el contexto ni elimina las posibles barreras a la presencia, a la participación y al aprendizaje, ni mucho menos permite la participación activa y significativa en el aula, ni la socialización de este alumnado.

Se observa entonces un baile entre el modelo social por el que aboga la educación inclusiva y el modelo psicopedagógico de la normativa actual. Un modelo este último que nace en la década de los 90 y que prácticamente no ha cambiado nada desde entonces. Un modelo que se basa en las necesidades educativas, que adapta el currículo, que lleva asociado unos recursos personales y cuya intervención, en muchos casos, continúa siendo segregadora. Un modelo que sigue asociando la atención a la diversidad con un profesorado concreto, como si la respuesta educativa solo dependiese de esos profesores, y que lleva la coletilla de “terapéutica” como si de un modelo rehabilitador se tratase.

TERCERA REFLEXIÓN. Desde que en 1985 comenzase de forma experimental el programa de integración, basado en el principio de normalización e integración, hasta ahora, poco o muy poco han cambiado las prácticas y los centros educativos y ¡han pasado más de treinta años!.

Sigue existiendo un profesorado especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje para atender a un alumnado con unas necesidades educativas “especiales”. Estas intervenciones suelen realizarse habitualmente fuera del aula, enfatizando así en el término “especiales”. Son apoyos puntuales, con un número de sesiones concretas a la semana. En otros centros existe también la figura de profesorado de compensatoria, que trabaja con el alumnado en situación de desventaja social, pero con la misma dinámica y apoyos que la descrita anteriormente.

Y en el resto de las sesiones… ¿Qué hace este alumnado? ¿Participa de las actividades que se realizan en el aula, hace otras tareas o lleva otro currículo paralelo? ¿Participa en actividades grupales y colaborativas en el aula? ¿Comparte sus conocimientos y habilidades? ¿Se ofrece ayuda a los demás de forma habitual?

Y el profesorado… ¿Cómo atiende la diversidad cuando está en el aula? ¿Asegura los ajustes razonables a todo el alumnado? ¿Qué apoyos les ofrece? ¿Tiene en cuenta un diseño universal para el aprendizaje?

Y el centro… ¿Cómo organiza los apoyos? ¿Sus documentos institucionales son inclusivos? ¿Gestiona la autonomía pedagógica, de gestión y de organización de una forma inclusiva? ¿Existe una verdadera comunidad de apoyo o se centra el apoyo solo en un profesorado concreto?

4PROPUESTAS PEDAGÓGICAS. Diseño Universal para el Aprendizaje.

Desde el modelo social sobre el que se sustenta la educación inclusiva, la rigidez del currículo y el dominio o no de metodologías inclusivas por parte del profesorado suponen una barrera para la participación y el aprendizaje de todo el alumnado.

Por lo que para facilitar una respuesta inclusiva es necesario que  todo el profesorado conozca y domine medidas curriculares y metodológicas que faciliten el mayor grado de participación y aprendizaje de todos en el aula. Estas medidas para dar respuesta al derecho a la inclusión deben formar parte de los itinerarios formativos y de los documentos institucionales de los propios centros educativos.

Una propuesta sustentada en el Diseño Universal de Aprendizaje se basa en la necesidad de tener en cuenta a todo el alumnado desde el mismo momento de la programación, para poder así hacer los ajustes necesarios que eviten posteriores adaptaciones.

Un paso a la acción es un compromiso de todos, no únicamente de la Administración con sus normativas, ¡que, por supuesto, son importantes! sino también del propio profesorado. No olvidemos que la respuesta educativa inclusiva es un tema que atañe a todo el profesorado y que “atender la diversidad”, es atender a todo el alumnado, no solo al que tiene necesidades educativas.

Un cambio de mirada que ponga el énfasis en el contexto discapacitante y no en la persona con discapacidad y un cambio en la concepción del apoyo son dos aspectos necesarios e imprescindibles para esta #RevoluciónInclusiva que ya está en marcha. Esta respuesta educativa inclusiva debe poner el punto de vista en la colaboración, en la ayuda mutua, debe tejer redes naturales de ayuda que se apoyen en el vínculo y el cuidado, en el aprendizaje dialógico, en el respeto, en los derechos humanos y en la justicia social.

La #RevoluciónInclusiva supone una concepción holística y humanística de la educación, donde todo el mundo es acogido y siente que pertenece al grupo, donde todas las personas pueden ser y estar sin necesidad de tener que incluirse, porque ya son personas y ya están participando, donde todo el mundo aporta, participa y brilla, donde se valora y se aprende de la diferencia. Una educación para todos y con todos. 

 

 

 

(1) Artículo 24 de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con discapacidad, que España aprueba y ratifica pasando a formar parte de su ordenamiento jurídico. España se compromete así a cumplirla, observarla y hacer que se cumpla.

(2) Naciones Unidas (2016). Informe de la Relatora Especial sobre los derecho de las personas con discapacidad. Número de publicación A/HRC/34/58. Recuperado de https://www.dropbox.com/s/qa7cjpn9cvcyhq2/INFORME%20RELATORA%20APOYOS.pdf?dl=0

Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo

Con la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, Ley 1/90 de 3 de octubre (LOGSE), se contempló por primera vez la autonomía pedagógica, de organización y de gestión de los centros educativos, que desde ese momento debían desarrollar y concretar el currículo en el marco de su programación. Estas concreciones pedagógicas, organizativas y gestoras se recogen en documentos institucionales contemplados también normativamente y cuya concreción se explicita todos los años en la Programación General Anual.

El Plan de Atención a la Diversidad es uno de esos documentos, junto con el Proyecto Educativo de Centro, que se contempla en el artículo 121 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación y en la posterior redacción dada en la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa. Se especifica que se recogerá la forma de atención a la diversidad del alumnado… respetando el principio de no discriminación y de inclusión educativa como valores fundamentales.

¿Pero realmente en la elaboración y posterior aplicación del Plan de Atención a la Diversidad se tiene en cuenta el principio de no discriminación y de inclusión educativa? ¿Lo hacemos cuando nuestra práctica habitual es la segregación? ¿Lo hacemos cuando los apoyos son fuera del aula con adaptaciones curriculares significativas? ¿Lo hacemos cuando nuestro alumnado está en aulas preferentes sin apenas interacción con su grupo de referencia? ¿Lo hacemos cuando tenemos bajas expectativas para un alumnado concreto? ¿Lo hacemos cuando no implementamos habitualmente en las aulas, en los centros educativos, medidas organizativas, curriculares y metodológicas inclusivas? Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez) tiene en su blog “Si es por el maestro nunca aprendo” interesantes reflexiones al respecto que os invito a leer.

Estos documentos institucionales que en muchas ocasiones son solo “papel mojado” representan la cultura del centro. Las señas de identidad inclusivas, con unos valores que vertebren y lleven la inclusión al corazón, producen cambios organizativos y metodológicos en otras dimensiones del centro, que se mantienen aun cuando cambien los docentes o el alumnado. Por eso hay que insistir en la importancia de que sea el centro el garante de una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado.

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¿Qué supone reflexionar y elaborar un Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo?

Supone en primer lugar un cambio de mirada, un cambio de foco de atención; dejamos de hablar de personas con discapacidad y hablamos de contextos discapacitantes, poniendo el énfasis en el contexto, no en el individuo, en cómo eliminar las barreras al aprendizaje, a la participación y a la presencia, en lugar de fijarnos en lo que no saben hacer, que viene de un modelo clínico basado en el déficit y que en la actualidad todavía no hemos superarado.

Aun sin proponérnoslo, cometemos injusticias diariamente cuando no garantizamos el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todos los alumnos, cuando la queja es la única solución que encontramos a la diversidad del aula, cuando perpetuamos prácticas segregadoras, puesto que no cambiamos y seguimos haciendo lo mismo. Es  necesario entonces, más que nunca,  hablar de ética, de alfabetización ética, e incluso de la ética del cuidado (1). El daño que hacemos a los niños y niñas en los centros educativos, en las aulas, cuando los discriminamos, cuando les ponemos barreras, cuando tenemos pocas expectativas, cuando los sacamos fuera del aula y les damos el apoyo fuera de ella, cuando los invisibilizamos y no les permitimos participar; ese daño es irreparable. La ética del cuidado nos invita a reflexionar sobre estas interacciones; se trata de pensar, sentir y actuar cuidadosamente, basándose en la consideración del afecto como una necesidad básica para el ser humano.

2En segundo lugar, y relacionado con el discurso anterior, reflexionar y elaborar un Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo supone hablar de justicia social, de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos, con propuestas metodológicas, organizativas y curriculares que eliminan las barreras reales, físicas o mentales, conscientes e inconscientes, que ponemos al alumnado más vulnerable.

Pero supone también hablar de una educación de calidad. Una calidad que no se garantiza redistribuyendo al alumnado, ni con más apoyos y recursos, que, por supuesto, son bienvenidos, sino que se garantiza transformando los centros en centros inclunovadores donde no se haga siempre lo mismo, centros en movimiento, centros transformadores que haenn cosas mejores. Centros con compromisos unánimes de colaboración entre todos los miembros de la comunidad educativa, con reflexiones propias y compartidas, con actuaciones éticas sobre la inclusión donde se cuestionan y se consideran distintos puntos de vista y se actúa para conseguir, como nos dice el Objetivo de Desarrollo numero 4 de la Agenda 2030, una educación  inclusiva, equitativa y calidad para TODO el alumnado.

En esta imagen interactiva podemos encontrar todas las medidas organizativas, curriculares, metodológicas y sociales que van a formar parte del Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo.

El documento completo puede descargarse AQUÍ

Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo. Coral Elizondo

 

 

(1) Concepto introducido por Carol Gilligan, catedrática de Humanidades y Psicología Aplicada en la Universidad de Nueva York en contraposición a la ética de  la justicia sobre la cual se basa, por ejemplo, la propuesta de desarrollo del pensamiento moral de Kolhberg.

Empatía e inclusión. Un tándem necesario.

Había dos August, el que yo veía ciegamente y el que veían los demás”

La lección de August, de R. J. Palacio

 

Si el cambio de mirada era el primer paso para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad en todo el alumnado, la empatía, esa capacidad innata que tenemos las personas para ponernos en el lugar del otro, debe ir necesariamente asociada a ese cambio de mirada. Un cambio de mirada y una empatía que deben trabajarse en el aula y en el hogar, que deben trabajar los docentes y las familias, que debe trabajarse con el alumnado y con los adultos.

En 1993, la OMS incluye la empatía entre las diez habilidades necesarias para la vida, junto con el autoconocimiento, la comunicación asertiva, las relaciones interpersonales, la toma de decisiones, la solución de problemas y conflictos, el pensamiento creativo, el pensamiento crítico, el manejo de emociones y sentimientos y el manejo de tensiones y estrés. Indispensables todas ellas para conseguir estilos de vida saludables.

Y yo me pregunto: ¿No favorecen estas habilidades una convivencia pacífica? ¿No son estas habilidades fundamentales para poner en acción valores como el respeto, la igualdad, la justicia social? ¿No son estas habilidades necesarias para desarrollar una educación basada en la concepción humanista? ¿No lleva el desarrollo de estas habilidades a la eliminación de barreras, a un diálogo igualitario, a una responsabilidad compartida? ¿No permiten estas habilidades hablar de cambio de mirada y educación inclusiva?

Poner estos valores en acción es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Nuestros centros educativos deben ser centros acogedores y seguros para todo el alumnado, sin excepciones, dicho de forma tajante y precisa. Deben ser centros abiertos al entorno, a la participación, centros que inviten al diálogo, centros donde todos los alumnos se sientan valorados por igual y donde se respeten siempre los derechos de todo el alumnado.

¿Nuestros documentos de centro plasman esta idea? ¿Cuáles son las señas de identidad de nuestro centro?

 

MAPA INCLUSIVO DE LA EMPATÍA

En el mundo del marketing, la empresa XPLANE, diseñó una herramienta que ayudaba a personalizar el producto o servicio. Esta herramienta, llamada Mapa de la empatía, permite contemplar el punto de vista del cliente en el propio proyecto al tenerlo en cuenta en el diseño del producto.

Considerando el potencial de esta herramienta para ayudar a ponerse en el lugar de los demás, he adaptado este organizador gráfico al mundo de la educación, convirtiéndola en el Mapa inclusivo de la empatía.

Simplicity

¿Cómo podemos utilizar este mapa de la empatía en el aula, en casa, en una formación?

Después de leer un libro, de ver una película, de trabajar una situación real o una situación ficticia, y siempre con la idea de propiciar y favorecer la reflexión y trabajar la empatía, se puede trabajar con este organizador.

¿Cómo? Si los niños son pequeños (etapa de Infantil), sus ideas sobre lo leído o visto pueden ponerse en común de forma oral en el grupo-clase.  En el caso de alumnos de más edad (Primaria y Secundaria), se reflexionará primero de forma individual, favoreciendo el desarrollo de la metacognición, y luego se pondrán en común por parejas y por grupos las reflexiones propias.

Se propone seguir el siguiente orden:

Simplicity (1)¿Qué oye? Nos ponemos en el lugar de… y vamos anotando de forma individual, qué es lo que oye esa persona. Oye comentarios despectivos, oye ataques, oye reproches, oye gritos, oye palabras de apoyo, de ánimo.

¿Qué ve? ¿Qué ve esa persona? Ve malas caras, ve desprecio, ve indiferencia.

¿Qué piensa y siente? ¿Qué emociones utiliza la persona para expresarse? Estas cuestiones ayudan a pensar cómo se siente, cómo es su lenguaje corporal, su tono de voz, a fijarse en el lenguaje no verbal.

¿Qué dice? ¿Cómo se comporta? Qué cosas dice y cómo lo dice es importante para ponernos en su lugar.

Estas preguntas tienen un gran potencial para empatizar con la persona, puesto que habla de emociones y sentimientos, propiciando un debate muy rico sobre el tema. Empatía no es solo ponerse en su lugar, es comprender cómo se siente.

La propuesta va más allá e invita a reflexionar sobre las barreras que tiene esa persona y que le impiden participar en actividades colectivas, que le impiden compartir momentos de aprendizaje o de diversión, que le impiden tener una vida plena y digna. El objetivo de esta casilla es comenzar a visibilizar todas estas barreras, barreras que existen y que ponemos nosotros, barreras visibles o invisibles, barreras conscientes o inconscientes, barreras físicas o mentales.

Las propuestas de valor se basan en un enfoque proactivo que favorece la participación activa en la búsqueda de soluciones, con la eliminación de las barreras que se hayan detectado.

Quiero terminar con las preciosas palabras de Belén Jurado, @DeAutismo, y su texto Imagina, que invita a empatizar, entender y visibilizar el autismo.

 

Pasemos a la acción: prácticas inclusivas

12 El debate actual no es concretar y definir qué es la educación inclusiva, sino cómo hacerla realidad, cómo llevarla a nuestras aulas, cómo dar una respuesta educativa de calidad a todo el alumnado en el aula.

La verdadera revolución está en cómo conseguir transformar las prácticas educativas.

No es la primera vez que utilizo la metáfora del árbol para explicarlo, pero en esta ocasión solo me centraré en las prácticas, en el día a día en el aula, en qué debo hacer para que mi aula sea un aula inclusiva, en qué hoja de ruta debo seguir para dar una respuesta inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado.

Se trata, por lo tanto, de innovar para incluir, de cambiar nuestra mirada, de contar con todos y cada uno de los niños y niñas que tengo en el aula para lograr sacar siempre lo mejor de ellos, de hacerles brillar, de verles felices en el aula y sobre todo, de crear entornos seguros y acogedores donde quieran aprender.

4En las raíces, en la base de nuestras prácticas siempre está el Diseño Universal de Aprendizaje, con el fin de que en el propio diseño de la programación tengamos en cuenta a todo el alumnado, con el fin de evitar adaptaciones posteriores. La programación, igual que las raíces, permiten un anclaje firme. No se ven, pero son el sustento y la base de todas nuestras actuaciones.

Primera reflexión. Cuando preparo las clases que voy a impartir, cuando programo, ¿lo hago teniendo en cuenta a todo el alumnado? ¿Sigo la programación de los libros de texto que las distintas editoriales me ofrecen, programaciones descontextualizadas con mi realidad que me obligan a hacer adaptaciones curriculares posteriores? ¿Programaciones tipo que no tienen en cuenta el Diseño Universal de Aprendizaje? ¿Que no conocen mi contexto, mi realidad, mi aula? ¿O por el contrario tengo en cuenta desde el primer momento toda la diversidad del aula y hago mis propias programaciones? ¿Enriquezco diariamente mi programación? ¿Tengo en cuenta que hay distintas formas de aprender y por lo tanto distintas formas de enseñar?

En la programación del aula debo preparar no solo actividades obligatorias; así pues, en la misma programación debo tener en cuenta a todo el alumnado y planificar ya actividades voluntarias que puedan realizar mis alumnos y alumnas, actividades que varíen las exigencias y les hagan profundizar, saber más, expresarse en múltiples medios… ¿Lo hago realmente?

¿Creo un clima de apoyo y aceptación en el aula ofreciendo opciones que reduzcan la incertidumbre? ¿Cómo implico a todo el alumnado en las actividades?

8El tronco es un elemento imprescindible en el árbol, pues es el que soporta las ramas. En nuestra metáfora, el tronco es el aprendizaje activo que supone básicamente un cambio en el rol del profesorado y del alumnado. Un aprendizaje con metodologías activas: aprendizaje basado en proyectos, en retos, en problemas, en tareas o en aprendizaje por descubrimiento, que permitan al alumnado crear y producir contenidos, no solo consumirlo.

Y, como no podía ser de otra forma, de la mano de un trabajo en equipo, donde la colaboración sea una realidad y por supuesto de un cambio en la evaluación; es decir, llevando a cabo una evaluación auténtica que forme parte del propio proceso de aprendizaje y de la que ya he hablado en otras entradas.

Segunda reflexión. ¿Qué rol tiene mi alumnado en el aula? ¿Permito y fomento el trabajo en equipo? ¿Busco actividades para que todo el alumnado brille en el aula? ¿Pongo en valor el trabajo de todos y cada uno de ellos?

¿La evaluación es un proceso unidireccional o permito la participación del alumnado en la misma? ¿Diferencio evaluación de calificación? ¿Cómo trabajo la metacognición? ¿Y las funciones ejecutivas, las tengo en cuenta?

Imagen 1¿Y en las ramas? En las ramas está el enriquecimiento para todo el alumnado.

En las ramas encontramos modelos pedagógicos, como flipped classroom, o tendencias educativas, como la gamificación, la realidad aumentada, el uso del móvil, de las tecnologías de la información y de la comunicación en el aprendizaje, o todos los procesos cognitivos relacionados con la importancia de enseñar y aprender a pensar en las escuelas, el aprendizaje basado en el pensamiento,  el pensamiento computacional, el pensamiento visual, el pensamiento de diseño…

Tercera reflexión. ¿Creo situaciones de aprendizaje ricas y variadas para todo el alumnado o me baso en situaciones memorísticas que recuperan la información que previamente hemos almacenado? ¿Utilizo habitualmente el enriquecimiento en el aula? ¿Este enriquecimiento es para todo el alumnado?

La #RevoluciónInclusiva en las aulas pasa por un cambio de rol. El profesorado será ahora el facilitador del aprendizaje y el alumnado asume un papel activo que crea y produce.

Vídeo de la metáfora del árbol en las prácticas inclusivas.

 

7

Funciones ejecutivas en un aula inclusiva. Inclunovación: innova para incluir.

Que es necesario cambiar la educación, que las escuelas no son un reflejo de la sociedad actual, que hay que transformar la educación, que no podemos seguir haciendo lo mismo que hace más de 100 años, que…. son fragmentos de conversaciones que escuchamos a diario. Lo cierto es que cada vez somos más los docentes que nos unimos para transformar la educación y cada vez somos más los que participamos en la #RevoluciónInclusiva iniciada por José Blas (@jblasgarcia) y que aboga por transformar la educación desde el prisma de la Inclusión.

3Me gusta hablar de Inclunovación como la unión de las dos palabras: Inclusión e Innovación, porque en esta transformación en la educación, en este cambio, la inclusión de todo el alumnado es una prioridad.

Innovar es cambiar, pero es cambiar con evidencias. Será por lo tanto un cambio basado en el conocimiento, un cambio con fundamento teórico, con raíces en la educación inclusiva (metáfora del árbol), pero sobre todo un cambio que sea capaz de transformar personas, de aportar valores humanos desde la perspectiva humanista de la educación que yo defiendo.

¿Dónde puedo encontrar las evidencias científicas, las bases teóricas que me ayuden a “inclunovar”? En una educación inclusiva del siglo XXI, una educación con todos y para todos, una educación que revolucione y transforme,  debemos tener en cuenta no solo la pedagogía, la psicología y el uso de la tecnología, sino también los últimos avances de la neurociencia. Por eso, desde mi punto de vista, nuestra revolución se basa y  fundamenta en estos cuatro pilares:

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  • Tecnologías de la Información y la Comunicación. La UNESCO aboga por el uso de las TIC en la educación diciendo que “las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden contribuir al acceso universal a la educación, la igualdad en la instrucción, el ejercicio de la enseñanza y el aprendizaje de calidad y el desarrollo profesional de los docentes, así como a la gestión dirección y administración más eficientes del sistema educativo“, así como a una educación permanente a lo largo de la vida, ampliando las posibilidades de acceder a la información.  Su uso y empleo en las aulas es ahora una necesidad.

Los medios digitales me permiten personalizar el aprendizaje, respetar distintos ritmos de aprendizaje, hacer el currículo más accesible, desarrollando en el aula las competencias digitales que ayuden a todo el alumnado a adquirir y desarrollar conocimientos y habilidades prácticas para la búsqueda y el manejo de la información.

  • Neurociencia. Los años 90 del siglo XX se denominan la “década del cerebro”. En esta década se comenzó a prestar atención a los procesos mentales que intervienen en el aprendizaje desde una perspectiva distinta: la neurociencia. Surge entonces el término Neuroeducación como una interacción entre neurociencia y educación. En 1997 John T. Bruer (1) en su artículo “Neuroscience and the Brain: A Bridge Too Far” hablaba del largo camino que quedaba hasta que las dos ciencias, la neurociencia y la educación, pudieran caminar juntas, siendo la psicología cognitiva el puente que las uniría.

Las últimas investigaciones en neurociencia aportan muchas evidencias sobre cómo aprende el cerebro. Ahora sabemos que no existen dos cerebros iguales y que esta variabilidad implica distintas formas de acceder al aprendizaje, de expresar el conocimiento y diversas formas de motivar; el Diseño Universal de Aprendizaje está trabajando en esa interesante línea con pautas concretas para llevarlas al aula.

Desterremos también los neuromitos en educación (2) que se deben a una mala interpretación de investigaciones sobre el cerebro. Neuromitos como la oposición entre los dos hemisferios, cuando gracias a los hallazgos científicos se sabe que el procesamiento de la información se distribuye alrededor de todo el cerebro, hablando de procesamiento múltiple; como que utilizamos solo el 10% del cerebro; como que escuchar música de Mozart nos hace más inteligentes y mejora nuestro aprendizaje o como que aprendemos mejor cuando recibimos la información acorde a nuestro estilo de aprendizaje, son neuromitos que hacen mucho daño a la educación, llevando a implementar en las aulas pedagogías basadas en estas falsas creencias.

  • Psicología cognitiva. Se encarga del estudio de la cognición, de los procesos mentales que intervienen en el aprendizaje, por lo que la psicología cognitiva ayuda en el diálogo entre la neurociencia y la educación al estar bien conectada con la investigación y con la práctica pedagógica.

Las transformaciones de la sociedad deben tener una transcendencia en el plano educativo, lo que nos lleva a un desplazamiento de posiciones cercanas al conductismo (enseñar se identifica con transmitir el saber y aprender con memorizarlo, con reproducirlo fielmente) a modelos de corte cognitivo constructivista que hablan de ayudar a aprender, de un cambio de roles, que centran el trabajo del aula en la actividad mental del alumnado, en el pensamiento eficaz, profundo, desarrollando de esta forma el pensamiento crítico en todo el alumnado, desechando las prácticas directivas centradas en el conocimiento y no en el alumnado. El constructivismo supone un cambio en las culturas del aprendizaje, del pensamiento y de la evaluación.

  • Pedagogía. La neurociencia asociada a la educación, la neuroeducación, no solo nos ayuda a saber cómo funciona el cerebro, sino que permite construir metodologías docentes a partir de estas investigaciones sobre el cerebro.

Llevemos al aula metodologías docentes que tengan en cuenta las investigaciones en neuroeducación, metodologías que fomenten el pensamiento crítico, creativo y analítico. Metodologías que supongan un cambio de rol en el profesorado y en el alumnado, que emocionen, que permitan aprender del error, con tiempos atencionales distintos, que presenten los materiales curriculares en múltiples modalidades sensoriales, que impliquen el trabajo en equipo…

Centrémonos ahora en un término muy actual, el de las Funciones Ejecutivas, relacionado con el tema que estamos tratando, al ser un aspecto innovador, inclusivo y basado en evidencias.

Este término es definido por Muriel Lezak en 1982 como “las capacidades mentales esenciales para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y aceptada socialmente”  (Tirapu & Luna, 2008, pág. 222) y que Tirapu define como “procesos cognitivos implicados en el control consciente de las conductas y los pensamientos” (2).

Comenzó a estudiarse desde el campo de la neuroeducación con la finalidad de intervenir directamente sobre el comportamiento infantil y en la actualidad se aboga por su práctica en el aula, en contextos naturales. Las funciones ejecutivas están relacionadas con elementos atencionales, de memoria, de planificación, inhibición… todos ellos relacionados con el aprendizaje.

Funciones ejecutivas en el aula.

De la mano de la psicología cognitiva, la neurociencia cognitiva se ha centrado en comprender las funciones cognitivas de alto nivel, las llamadas funciones ejecutivas. Para Tirapu, estas funciones son: habilidades de planificación, flexibilidad cognitiva, inhibición de la respuesta, memoria operativa, velocidad de procesamiento, memoria de trabajo, fluidez verbal, ejecución dual, control emocional y metacognición.

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Puesto que lo que perseguimos en el aula es que todo nuestro alumnado sea autónomo, es decir, que tenga capacidad de autogobernarse, de escoger, de decidir por sí mismo, de controlar y coordinar de forma consciente sus pensamiento, acciones y emociones, será necesario trabajar en el aula las funciones ejecutivas para lograrlo.

Pero ¿cómo trabajar las funciones ejecutivas en el aula de un manera inclusiva? 

  • Graduar siempre las tareas, de menor a mayor complejidad.
  • Dividir las tareas, de forma que el alumnado tenga objetivos a corto plazo. Tareas de menor duración.
  • Acompañar los objetivos de pautas y de una rúbrica que les ayude a hacer un seguimiento de sus avances. Estos objetivos serán siempre conocidos por el alumnado.
  • Dar instrucciones simples y claras que pueden acompañarse de listas de cotejo o checklist, de forma que le ayuden a estructurar y ejecutar la tarea.
  • Usar autoinstrucciones.
  • Ofrecer un modelaje con mentores.
  • Pensar antes de actuar.
  • Trabajar con organizadores gráficos que le ayuden a mantener la información organizada.
  • Utilizar relojes de arena o aplicaciones informáticas para la gestión del tiempo.
  • Estimular la fluidez verbal por medio de la expresión oral.
  • Trabajar los dilemas morales, el razonamiento social y los planes cognitivos en el aula.
  • Desarrollar la creatividad.
  • Hacer conexiones con el conocimiento ya adquirido, asociando la nueva información con datos o información conocida favorece la memoria y se aumenta el significado de la información a retener y por lo tanto de su almacenamiento.
  • Fomentar el uso de diarios de aprendizaje, autoevaluación, coevaluación…. que nos lleve a una Evaluación auténtica, a la metacognición.
  • Guiar el estudio con preguntas.
  • Utilizar el humor, el juego… como aliados para mantener la atención, para despertar la curiosidad, para fomentar la memoria implícita, para recordar…
  • Trabajar en equipo.

Existen modelos y metodologías que permiten trabajar las funciones ejecutivas de todo el alumnado en el aula de una forma natural. Me refiero al Flipped Classroom, al Aprendizaje Basado en Proyectos, al Aprendizaje Basado en Retos, al Aprendizaje Basado en el Pensamiento…, a la evaluación auténtica y a todas las tareas competenciales que fomentan el pensamiento crítico, el aprendizaje activo y que creen un ambiente emocional positivo en la clase, que promuevan el cambio de rol entre alumnado y profesorado, que permitan tiempos atencionales diferentes para aprender y sobre todo,  trabajar y aprender juntos alumnos diferentes.

¿Te animas? ¿Te unes a la #RevoluciónInclusiva?

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(1) El Dr. Bruer fue Presidente de la Fundación McDonnell (https://www.jsmf.org/) entre los años 1986 y 2014 y en ese tiempo estableció el Programa de McDonnell-Pew en Neurociencia Cognitiva, una nueva ciencia del cerebro-mente que une los sistemas de neurociencia y la psicología en el estudio de la cognición humana.

Bruer, J. (2016). Neuroeducación: un panorama desde el puente. Propuesta educativa, 2(46), 14-25.

PALLARÉS, D. (2015). Hacia una conceptualización dialógica de la neuroeducación. Participación educativa. Revista del Consejo Escolar, 4(7), 133-141.

(2) FORÉS, A., GAMO, J., GUILLÉN, J., HERNÁNDEZ, T., LIGIOIZ, M., PARDO, F., & TRINIDAD, C. (2015). Neuromitos en educación. El aprendizaje desde la neurociencia. . Barcelona: Plataforma editorial.

(3) Tirapu, J., & Luna, P. (2008). Neuropsicología de las funciones ejecutivas. En J. Tirapu, M. Ríos, & F. Maestú, Manual de Neuropsicología (págs. 221-259). Barcelona: Viguera Ediciones.

#RevoluciónInclusiva en las aulas: diseño universal y paisajes de aprendizaje.

El Diseño Universal es un paradigma del diseño que comenzó su andadura en el campo de la arquitectura a finales de los años 70.  El objetivo era simple: si ya en el diseño se tenían en cuenta a todos los usuarios no serían necesarias adaptaciones posteriores. De esta forma, el concepto de apoyo cambió, y también el de discapacidad, tendiendo a modelos sociales que dejaban de lado el modelo basado en el déficit imperante hasta entonces. Los entornos accesibles hicieron que fuésemos conscientes de que la discapacidad estaba en el contexto, no en el individuo y se comenzó a hablar entonces, de contextos discapacitantes, no de personas discapacitadas.

¿Y7 si esto lo llevamos a la educación? Habitualmente, el docente programa su asignatura pensando en un alumnado medio, tendiendo con sus prácticas a homogeneizar la heterogeneidad de su aula y aceptando como natural la realización de adaptaciones curriculares al alumnado que las necesite. Este es además un hecho aceptado por todos y que se contempla en todas las normativas educativas vigentes, tan ancladas en modelos clínicos que debemos desterrar. Normativas que es preciso cambiar si de verdad queremos apostar por un cambio en la educación, por una educación inclusiva donde todo el alumnado esté presente, participando y obteniendo logros.

Y yo me pregunto: ¿Es posible que ya en el diseño el docente tenga en cuenta a todo el alumnado de su aula con el fin de que no sean necesarias adaptaciones curriculares posteriores? ¿Es posible que de esta forma se eliminen las barreras al aprendizaje? Por supuesto que sí, es posible y debe hacerse.  ¿Cómo?

Paisajes de aprendizaje, una propuesta inclusiva.

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¿Qué es un paisaje de aprendizaje? Este concepto aparece en España en 2015 de la mano de Alfredo Hernando, que es quien le pone el nombre de paisaje de aprendizaje (1). Un paisaje de aprendizaje es una forma de programar que nos permite ya en el mismo diseño dar una respuesta inclusiva a todo el alumnado, pues favorece de una manera consciente la personalización del aprendizaje, permitiendo de esta forma crear diferentes itinerarios formativos. Itinerarios que se adaptan a nuestro alumnado y que eliminan las barreras al aprendizaje y a la participación.

Los paisajes de aprendizaje van acompañados de una matriz de doble entrada donde se cruzan las inteligencias múltiples y los procesos cognitivos de la taxonomía de Bloom revisada. Este modo de programar permite no solo concebir situaciones más ricas y profundas de aprendizaje desde el diseño, sino que además permite dar una respuesta inclusiva, equitativa y de calidad a TODO el alumnado.

De este forma tan visual, la plantilla nos ayudará no solo a salir de nuestra zona de confort, sino a tener en cuenta algunas de las pautas del Diseño Universal para el Aprendizaje (2) para su introducción en el currículo, como son por ejemplo proporcionar diferentes opciones para la percepción, al hacernos conscientes de que debemos presentar la información en formatos flexibles, formatos que ofrezcan alternativas diferentes a las visuales y auditivas; a ilustrar a través de diferentes medios proporcionando alternativas al texto; a maximizar la transferencia y la generalización proporcionando apoyos visuales, al considerar la inteligencia visual espacial con organizadores gráficos, visual thinking..; a ofrecer distintas formas de presentar productos de un proyecto… en definitiva a “adaptar” en el mismo diseño de la actividad para eliminar las barreras al aprendizaje.

Esta es la educación a la que debemos tender, una educación para todos y con todos, pero…

¿Qué puedo hacer como docente comprometido con la educación inclusiva? ¿Cómo puedo hacer mi propia #RevoluciónInclusiva en mi aula?

Puedo huir de las adaptaciones curriculares ad doc y tender a un diseño universal de aprendizaje donde como docente tenga en cuenta a todo el alumnado de mi aula cuando realice la programación diaria. En esta línea os invito a leer las reflexiones que Antonio Márquez hace en su blog sobre las adaptaciones curriculares y la inclusión.

Puedo tender al desarrollo en el aula de procesos cognitivos de mayor complejidad, estimulando el pensamiento crítico de todo el alumnado y favoreciendo un aprendizaje profundo y significativo. Cambiando las culturas de aprendizaje, de pensamiento y de evaluación, como ya comenté en una entrada de este mismo blog.

Pero, sobre todo, puedo eliminar las barreras visibles o invisibles a la participación, al aprendizaje, a la presencia y a la titulación que ponemos diariamente a nuestro alumnado.

Y tú, ¿te unes también a la #RevoluciónInclusiva?

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REFERENCIAS y LECTURA IMPRESCINDIBLE

(1) La primera vez que se utilizó el término paisajes de aprendizaje en España fue Alfredo Hernando Calvo (@alfredohernando) en Escuela21.

Alfredo Hernando es el autor del libro publicado por fundación telefónica “Viaje a la escuela del siglo XXI: Así trabajan los colegios más innovadores” del que que recomiendo su lectura.

Para saber más sobre los paisajes de aprendizaje os invito además a leer el monográfico Educadores. Espacio de ideas y proyectos educativos. Octubre-Diciembre 2015. Número 256. Editado por Escuelas Católicas.

Hernando, A. (2015). Viaje a la escuela del siglo XXI: Así trabajan los colegios más innovadores. Madrid: Fundación telefónica.

(2) Diseño Universal de Aprendizaje. EducaDUA: la web de la investigación del Diseño Universal de Aprendizaje

 

 

 

#RevoluciónInclusiva. Un revolución pendiente en la educación.

1

Montesquieu (1689-1755) escribió

“Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad”.

La Declaración de Salamanca de 1994 y su marco de acción sobre necesidades educativas especiales tuvo como ejes de trabajo: la accesibilidad y la calidad. Han pasado 23 años y estos temas todavía están en el tintero en muchas ocasiones. Es una declaración llena de buenas intenciones que se ha quedado en eso, y es que el tema de la educación inclusiva es algo etéreo y utópico todavía para muchas personas. En ocasiones se equipara a integración (ver entrada integración vs. inclusión) porque ha faltado formación en los centros educativos y porque no hay unas políticas claras al respecto; en ocasiones se asocia solo al alumnado con necesidades educativas especiales y se ve como una modalidad de escolarización dentro del marco general de educación utilizando indistintamente los términos integración e inclusión; y a menudo queda en manos exclusivamente del profesorado de pedagogía terapéutica, audición y lenguaje y orientación. Pero siempre, siempre, es vista como un principio (en las normativas vigentes en educación así consta) y se considera entonces como algo moralmente importante, difícil de llevar a la práctica y que no compromete, porque seguimos haciendo lo mismo: no incluimos, segregamos; no acogemos, aceptamos…

Pero la educación inclusiva es un DERECHO. La Convención de los Derechos de las personas con discapacidad (Unesco, 2006) en su artículo 24 habla de ASEGURAR una educación inclusiva a todos los niveles y a lo largo de la vida. Esta convención sobre los derechos de las personas con discapacidad se firma y se ratifica en España el 3 de mayo de 2008 y también se firma su protocolo; de esta forma, España acepta las obligaciones jurídicas que le corresponden en virtud del tratado y debe adoptar la legislación adecuada para hacerlas cumplir.

El 7 de noviembre de 2011, la Agencia Europea para el Desarrollo de la Educación del Alumnado con Necesidades Educativas Especiales organizó por tercera vez un acto con jóvenes de edades comprendidas entre los 14 y los 19 años; cada país miembro nombró a dos estudiantes de educación secundaria y formación profesional con necesidades educativas especiales y/o discapacidad y a uno sin estas características. “Se trataba de ofrecer a los jóvenes de Europa la oportunidad de ser escuchados, facilitando una plataforma donde exponer sus opiniones sobre educación, explicando sus necesidades y expresando sus aspiraciones. La Audiencia a su vez propició que los delegados compartieran sus vivencias y trataran el significado de la educación inclusiva en su día a día” (1) . Y les hicieron tres preguntas: la primera fue ¿Qué es la educación inclusiva para ti?

Esta reflexión es necesaria para avanzar, piensa ¿Qué es la educación inclusiva para ti? Es importante reflexionar sobre este tema, porque va a condicionar tus actuaciones en el centro educativo, en el aula, en la sociedad en general.

Ya he hablado de esto en otras entradas; a mí me gusta tomar como referencia la definición de la UNESCO, que dice lo siguiente:

“La Educación Inclusiva puede ser concebida como un proceso que permite abordar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los educandos a través de una mayor participación en el aprendizaje, las actividades culturales y comunitarias y reducir la exclusión dentro y fuera del sistema educativo.  Lo anterior implica cambios y modificaciones de contenidos, enfoques, estructuras y estrategias basados en una visión común que abarca a todos los niños en edad escolar y la convicción de que es responsabilidad del sistema educativo regular educar a todos los niños y niñas.  El objetivo de la inclusión es brindar respuestas apropiadas al amplio espectro de necesidades de aprendizaje tanto en entornos formales como no formales de la educación.  La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, representa un enfoque que examina cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes.  El propósito de la educación inclusiva es permitir que los maestros y estudiantes se sientan cómodos ante la diversidad y la perciban no como un problema sino como un desafío y una oportunidad para enriquecer el entorno de aprendizaje”  (UNESCO, 2006, pág. 14)

Habla de que es un proceso, por lo tanto no un acto puntual ni una intervención aislada; para responder a la diversidad de las necesidades de TODOS los educandos, el TODOS con mayúsculas, porque todos somos diversos y todos tenemos necesidades, no se asocia solo al alumnado con necesidades educativas especiales; al ser una respuesta para todo el alumnado debemos pensar en respuestas inclusivas generales que además van a permitir que nuestros centros sean inclusivos. A través de una mayor participación en el aprendizaje, otra palabra clave, para participar tienen que estar, es decir, para participar no hay que sacarlos del aula, sino que tienen que estar presentes en el aula; pero habla también de participación en las actividades culturales y comunitarias, ¡qué importante es este aspecto que siempre se nos olvida! ¿Lo tenemos en cuenta? ¿Tenemos en cuenta los entornos no formales para TODO el alumnado o segregamos también en estos entornos?

Ahora que ya tenemos 12claro qué es y qué no es la educación inclusiva, el debate es otro: el debate actual es cómo se va a lograr un educación inclusiva y equitativa de calidad.

Y en este punto del debate es donde todos tenemos algo que aportar (docentes, alumnado, familias, comunidad, administración…), porque está en nuestras manos poder hacerlo, y porque como hemos visto, la educación inclusiva es un DERECHO para todo el alumnado, por lo tanto hay que ponerse en acción y caminar hacia otra educación transformadora.

La misma definición de la UNESCO nos dice que “Lo anterior implica cambios y modificaciones de contenidos, enfoques, estructuras y estrategias basados en una visión común que abarca a todos los niños en edad escolar y la convicción de que es responsabilidad del sistema educativo regular educar a todos los niños y niñas”

¿De qué habla? De la necesidad de hacer ajustes razonables en función de las necesidades individuales, así como de facilitar las medidas de apoyo necesarias. ¿De qué más? De políticas transformadoras de la educación, tanto en los propios centros como a nivel legislativo. ¿De qué más? De cambio; habla de cambios y modificaciones, habla de transformar la educación; no podemos seguir haciendo lo mismo que venimos haciendo y que sabemos que no da una respuesta inclusiva ni una respuesta adecuada a todo el alumnado. Pero, sobre todo, habla de TODOS los niños en edad escolar, no solo de un alumnado concreto, sino de TODOS.

Llegados a este punto es momento de pensar y reflexionar ¿Qué puedo hacer yo? ¿Cómo voy a lograr en mi aula, en mi centro educativo una educación inclusiva y equitativa de calidad?

  • En mi aula, transformando la metodología y utilizando  metodologías activas donde el alumnado tenga un papel activo en su aprendizaje; cambiando el enfoque de la evaluación, una evaluación en la que todo el alumnado pueda participar, donde se aprende del error; trabajando en grupo, en equipo, en parejas, donde se fomenten las interacciones dialógicas; desarrollando los talentos y las capacidades de todo el alumnado teniendo en cuenta las inteligencias múltiples, donde se consideren y valoren distintas formas de aprender, distintas formas de enseñar; organizando espacios y tiempos, donde no hay alumnado discapacitado, sino contextos discapacitantes; eliminando las barreras al acceso, a la participación y al aprendizaje ofreciendo la información por distintas vías utilizando distintas formas de motivación, presentación y expresión…
  • En mi centro educativo, transformando las políticas y la organización del centro: apoyos dentro del aula, docencia compartida, recreos inclusivos o patios dinámicos, accesibilidad como seña de identidad del centro (física, sensorial y cognitiva), creación de equipos de colaboración y de aprendizaje entre el profesorado…; creando comunidades escolares seguras y acogedoras: Proyecto Educativo de Centro inclusivo, prevención de la convivencia, concepción humanista de la educación, sentimiento de pertenencia…; abriendo la escuela a la comunidad y creando una escuela abierta y participativa: escuelas de familias, tertulias dialógicas, comisiones mixtas, participación en actividades del centro…

Y la Administración, ¿qué puede hacer para lograr una educación inclusiva y equitativa de calidad?

  • Puede legislar normativas claras y concretas sobre el tema, normativas donde la educación inclusiva deje de ser un principio, un criterio orientativo y pase a ser un compromiso firme y una realidad.
  • Puede legislar normativas que huyan del enfoque clínico, del enfoque centrado en la discapacidad, en lo que los alumnos no saben hacer y apuesten claramente por un cambio de modelo.
  • Pueden legislar que los apoyos sean siempre dentro del aula, garantizar que exista profesorado de apoyo a la inclusión y que no se condicione el número de alumnos con necesidades educativas especiales al cupo del profesorado de pedagogía terapéutica.
  • Pueden legislar itinerarios formativos en el tema de la educación inclusiva, itinerarios que yo consideraría obligatorios para todo el profesorado.
  • Pueden contemplar la creación de centros de recursos y de formación permanente para el profesorado en el tema de la educación inclusiva desde donde no solo se de formación sino acompañamiento y asesoramiento.
  • En definitiva, la Administración con sus normas debe ser capaz de que La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, represente un enfoque que examine cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes”.

 

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(1) https://www.european-agency.org/sites/default/files/young-views-on-inclusive-education_YoungViews-2012ES.pdf

UNESCO. (2006). Orientaciones para la inclusión: asegurar el acceso a la educación para todos. París: UNESCO.