Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo

Con la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, Ley 1/90 de 3 de octubre (LOGSE), se contempló por primera vez la autonomía pedagógica, de organización y de gestión de los centros educativos, que desde ese momento debían desarrollar y concretar el currículo en el marco de su programación. Estas concreciones pedagógicas, organizativas y gestoras se recogen en documentos institucionales contemplados también normativamente y cuya concreción se explicita todos los años en la Programación General Anual.

El Plan de Atención a la Diversidad es uno de esos documentos, junto con el Proyecto Educativo de Centro, que se contempla en el artículo 121 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación y en la posterior redacción dada en la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa. Se especifica que se recogerá la forma de atención a la diversidad del alumnado… respetando el principio de no discriminación y de inclusión educativa como valores fundamentales.

¿Pero realmente en la elaboración y posterior aplicación del Plan de Atención a la Diversidad se tiene en cuenta el principio de no discriminación y de inclusión educativa? ¿Lo hacemos cuando nuestra práctica habitual es la segregación? ¿Lo hacemos cuando los apoyos son fuera del aula con adaptaciones curriculares significativas? ¿Lo hacemos cuando nuestro alumnado está en aulas preferentes sin apenas interacción con su grupo de referencia? ¿Lo hacemos cuando tenemos bajas expectativas para un alumnado concreto? ¿Lo hacemos cuando no implementamos habitualmente en las aulas, en los centros educativos, medidas organizativas, curriculares y metodológicas inclusivas? Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez) tiene en su blog “Si es por el maestro nunca aprendo” interesantes reflexiones al respecto que os invito a leer.

Estos documentos institucionales que en muchas ocasiones son solo “papel mojado” representan la cultura del centro. Las señas de identidad inclusivas, con unos valores que vertebren y lleven la inclusión al corazón, producen cambios organizativos y metodológicos en otras dimensiones del centro, que se mantienen aun cuando cambien los docentes o el alumnado. Por eso hay que insistir en la importancia de que sea el centro el garante de una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado.

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¿Qué supone reflexionar y elaborar un Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo?

Supone en primer lugar un cambio de mirada, un cambio de foco de atención; dejamos de hablar de personas con discapacidad y hablamos de contextos discapacitantes, poniendo el énfasis en el contexto, no en el individuo, en cómo eliminar las barreras al aprendizaje, a la participación y a la presencia, en lugar de fijarnos en lo que no saben hacer, que viene de un modelo clínico basado en el déficit y que en la actualidad todavía no hemos superarado.

Aun sin proponérnoslo, cometemos injusticias diariamente cuando no garantizamos el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todos los alumnos, cuando la queja es la única solución que encontramos a la diversidad del aula, cuando perpetuamos prácticas segregadoras, puesto que no cambiamos y seguimos haciendo lo mismo. Es  necesario entonces, más que nunca,  hablar de ética, de alfabetización ética, e incluso de la ética del cuidado (1). El daño que hacemos a los niños y niñas en los centros educativos, en las aulas, cuando los discriminamos, cuando les ponemos barreras, cuando tenemos pocas expectativas, cuando los sacamos fuera del aula y les damos el apoyo fuera de ella, cuando los invisibilizamos y no les permitimos participar; ese daño es irreparable. La ética del cuidado nos invita a reflexionar sobre estas interacciones; se trata de pensar, sentir y actuar cuidadosamente, basándose en la consideración del afecto como una necesidad básica para el ser humano.

2En segundo lugar, y relacionado con el discurso anterior, reflexionar y elaborar un Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo supone hablar de justicia social, de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos, con propuestas metodológicas, organizativas y curriculares que eliminan las barreras reales, físicas o mentales, conscientes e inconscientes, que ponemos al alumnado más vulnerable.

Pero supone también hablar de una educación de calidad. Una calidad que no se garantiza redistribuyendo al alumnado, ni con más apoyos y recursos, que, por supuesto, son bienvenidos, sino que se garantiza transformando los centros en centros inclunovadores donde no se haga siempre lo mismo, centros en movimiento, centros transformadores que haenn cosas mejores. Centros con compromisos unánimes de colaboración entre todos los miembros de la comunidad educativa, con reflexiones propias y compartidas, con actuaciones éticas sobre la inclusión donde se cuestionan y se consideran distintos puntos de vista y se actúa para conseguir, como nos dice el Objetivo de Desarrollo numero 4 de la Agenda 2030, una educación  inclusiva, equitativa y calidad para TODO el alumnado.

En esta imagen interactiva podemos encontrar todas las medidas organizativas, curriculares, metodológicas y sociales que van a formar parte del Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo.

El documento completo puede descargarse AQUÍ

Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo. Coral Elizondo

 

 

(1) Concepto introducido por Carol Gilligan, catedrática de Humanidades y Psicología Aplicada en la Universidad de Nueva York en contraposición a la ética de  la justicia sobre la cual se basa, por ejemplo, la propuesta de desarrollo del pensamiento moral de Kolhberg.