Evaluación auténtica

Si os dijese… “Escribe en un post-it qué entiendes por evaluación auténtica”, ¿qué escribirías?
Tal vez que la evaluación es un 1proceso consustancial al hecho de aprender, o que la evaluación auténtica nos ofrece una mayor objetividad, o que nos ofrece nuevas formas de evaluar, que reconoce el error y aprende de él, que parte de una concepción constructivista de la enseñanza y del aprendizaje…  Pero la evaluación auténtica es mucho más, la evaluación auténtica tiene mucho que ver con la participación del alumnado en la evaluación y se refiere al hecho de evaluar situaciones de aprendizaje auténticas, es decir, situaciones de aprendizaje significativas para el alumnado; evalúa aprendizajes contextualizados, cuestiones relevantes de la vida real.  En una entrada anterior hablaba del ABP, siendo ésta una de sus características, “la contextualización del aprendizaje”.

La evaluación auténtica es, por lo tanto, una evaluación por competencias, una evaluación que favorece la autonomía en el aprendizaje y en la metacognición; es una evaluación coherente con las actuales corrientes pedagógicas que empoderan al alumnado, es una evaluación que aprende del error; pero, por encima de todo, la evaluación auténtica diferencia la evaluación de la calificación, rompiendo ese vínculo de asociación que todavía perdura entre evaluación y calificación.  Ya no interesa tanto la acumulación de conocimientos repetitivos, lo que tú sabes, tus conocimientos, sino lo que sabes hacer, crear, construir o  argumentar; todo aquello que te va a permitir adquirir competencias, destrezas y habilidades que no se conseguían de la otra forma.

Existen distintos modelos en esta nueva concepción de la educación, todos ellos con las premisas citadas anteriormente, basadas en una participación activa del alumnado en el proceso evaluativo:

Coral Elizondo

  • Autoevaluación: el alumno evalúa su propio proceso de aprendizaje. Puede escribir en su diario de aprendizaje, puede reflexionar por medio de estrategias de pensamiento: rutinas, metacognición, puede completar una diana de evaluación…
  • Coevaluación: es una evaluación entre iguales. Pueden servirnos las dianas de evaluación y cada alumno colorea su área o incluso puede servir una rúbrica, pero el objetivo es que se coevalúen.
  • Evaluación compartida: el alumno comparte con el profesor la autoevaluación.
  • Calificación dialogada: el alumno comparte con el profesor su autocalificación y dialogan sobre ella.

En cualquier caso, la evaluación debe concebirse siempre como un medio, nunca como un fin, comprometiendo al estudiante a aplicar conocimientos y habilidades, actuando como motor del aprendizaje, verificando si los logros, los objetivos de aprendizaje que habíamos propuesto se han alcanzado y con qué nivel de éxito.  Para ello, el docente dispondrá de suficientes evidencias y de distintos instrumentos de evaluación que le van a permitir evaluar, desterrando así el examen o prueba de lápiz y papel como único método.  Se rompe de esta forma con el enfoque heteroevaluativo (solo el profesor evalúa a los estudiantes), con el enfoque que aboga por la enseñanza memorística y el aprendizaje bulímico y  se aboga por otro enfoque que permite procedimientos auto y coevaluativos, dando importancia por lo tanto también a elementos emocionales y motivacionales.

Veamos cinco instrumentos para la evaluación auténtica, aunque no son los únicos.

  1. Rúbricas: las rúbricas van a facilitar el aprendizaje, puesto que especifica qué esperas, y constituyen guías de evaluación tanto para el alumnado como para el profesorado.  Hay páginas muy interesantes con ejemplos de rúbricas, todas ellas en el symbaloo que incluyo al final de la entrada.
  2. Dianas de evaluación: al igual que la anterior sirve para averiguar cómo estamos aprendiendo, especificando de forma clara qué quiero evaluar, qué indicadores de evaluación voy a utilizar y lo hace de una forma muy visual y rápida.  Es muy útil para la autoevaluación y coevaluación.
  3. Portafolio o portfolio. Permite guardar las evidencias del proceso, facilitando por lo tanto su progreso y apropiación de determinados conocimientos. Sirve para autoevaluarse, para la evaluación compartida, al permitir analizar profesor y alumno de forma conjunta la evolución del proceso.  Se puede utilizar también para observar lagunas, consensuar actividades de refuerzo, de ampliación, observar el avance, calificación dialogada… Estos portafolios pueden ser o no digitales.
  4. Diario de aprendizaje. Se puede incorporar al portfolio y constituye un preciado instrumento para desarrollar la metacognición en el alumnado. Cada alumno describe, comenta, reflexiona sobre lo aprendido, aunque al principio será necesario guiarle por medio de preguntas metacognitivas: ¿Qué dificultades tengo?, ¿dónde puedo aplicar lo aprendido hoy en el aula?, ¿qué he aprendido?, ¿me ha costado?..  Este diario puede hacerse oralmente en una asamblea de clase guiada por el profesor.
  5. Lista de cotejo o checklist. Con ella los alumnos van a registrar la ausencia o presencia de un aspecto, de un indicador.

Esta forma de evaluar aboga por una educación inclusiva que permite además aprendizajes profundos en el alumnado, al ser un agente activo en el proceso.

Los centros deben impregnarse de esta nueva cultura, de esta nueva concepción de la evaluación que permite una formación integral para todo el alumnado y que favorece la reflexión y el autoaprendizaje.

En mi metáfora del árbol, la cultura de la evaluación está en el tronco, el tronco que sostiene el árbol y que conduce el alimento hacia el resto de la planta.

Termino esta entrada con una frase que Perrenoud citó en 1993 y que me encanta por lo clara que es:

El éxito de una metodología de enseñanza y de los resultados obtenidos por el alumnado se fundamenta no tanto en la manera como se dan a conocer los nuevos conocimientos, sino en la evaluación, entendida como conjunto de actividades que posibilitan identificar errores, comprender sus causas y tomar decisiones para superarlas”.

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