Los nadies, los ningunos, los ninguneados.

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Eduardo Galeano escribió en 1940 un poema sobre Los nadies, y se refiere a ellos como “aquéllos que no son aunque sean, que no hablan idiomas, sino dialectos”. Podría reescribirse el texto con otros versos similares: que no hacen música, sino musicoterapia, que no hacen arte, sino arteterapia…. Y retomando los versos de Galeano, “que no tienen nombre, sino número”.

¿Qué nos hace pensar esto?

Los nadies en la escuela son todos los niños y las niñas que suponen un número, un número asociado a recursos; pero también son los invisibles, los apáticos, los inconformistas, los inseguros, los vergonzosos, los movidos, los rápidos, los lentos. Todos los que se salen de la norma. 

Yo veo dos normas que tal vez coexistan con otras:

  • La norma establecida como promedio y que se basa en el modelo psicopedagógico que nace en la década de los 90, que dicta la normalidad como una curva y que dirime que lo que se desvía de esta curva no es normal. 
  • Y la norma establecida por la sociedad que pone barreras visibles o invisibles que determinan lo que es o no es normal, barreras que excluyen a parte de la sociedad por ser diferentes, por no ser normales. 

Lo que no es normal, es anormal. La relatividad de ambos conceptos no puede determinar que existan los nadies, ni condicionar su futuro. Son conceptos frágiles que están supeditados a la mirada de la sociedad, por lo que cada vez es más necesario repensar la educación para avanzar. 

La primera norma se refiere al modelo psicopedagógico que sigue vigente en la actualidad. Un modelo basado en el déficit, en la etiqueta, en informes psicopedagógicos cuantitativos que solo se hacen a los nadies, a los diferentes, a los que no siguen la norma, a los que se salen de ella, donde se etiqueta y se aportan orientaciones individuales para que consigan “ser normales”. El modelo psicopedagógico excluye y etiqueta, permitiendo que se les ningunee de forma continuada. La inclusión es entonces un premio, no un derecho.

La respuesta educativa en este modelo es una respuesta individualizada, centrada en las necesidades educativas, porque el problema está en la persona, en lo que ella no es capaz de hacer. Este modelo no garantiza una educación inclusiva, equitativa y de calidad, al excluir y segregar al alumnado. 

La segunda norma está relacionada con el cambio de mirada, con reconocer y reflexionar sobre las barreras para la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el alumnado, para  eliminarlas y transformarlas en facilitadoras, como me comentaba el otro día mi amigo Víctor Rodríguez (@Victorod1).

Esta segunda norma pone el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellas. Esta mirada excluyente supone una barrera importante para lograr la inclusión plena de todas las personas en la sociedad. 

Es evidente entonces que este cambio es revolucionario, que exige cambiar estructuras organizativas en los centros educativos y prácticas educativas en las aulas; pero es una necesidad urgente y toda la sociedad debe apoyarlo. 

PROPUESTAS para el cambio y la transformación. 

  • Un liderazgo de la Administración con propuestas, leyes, normativas realmente inclusivas que apuesten por un modelo social no excluyente, donde el adjetivo inclusivo no sea solo eso, un adjetivo. 
  • Aclarar conceptos. Es necesario dar el significado que tiene a la inclusión, qué es y qué significa, qué es y qué supone hablar de ajustes razonables, de educación inclusiva, de integración, de diseño universal para el aprendizaje, de apoyos… Hablar todas las personas el mismo idioma evita agotar discursos. 
  • Hablar de ética de la inclusión nos permite sensibilizarnos con el tema, cambiar la mirada y eliminar barreras. Muy interesante para trabajar en esta línea, la guía REINE “Reflexión Ética sobre la Inclusión en la Escuela” editada en el 2009 por FEAPS. 
  • Equipos directivos inclusivos que lideren el cambio educativo. En una entrada sobre este tema hablaba de que es indiscutible la importancia que el director o directora de un centro tiene en el devenir del mismo. Un tipo de liderazgo u otro condiciona el que las culturas, políticas y prácticas de un centro sean inclusivas o segregadoras. Decálogo del líder educativo inclusivo
  • Equipos directivos y equipos de orientación deben ir de la mano liderando los cambios organizativos, con el objetivo de que la inclusión llegue al corazón de los centros educativos. El papel de la orientación debe cambiar y ayudar a la transformación, los equipos de orientación son palancas de cambio en este proceso transformador, deben cambiar el modelo psicopedagógico anclado en los años 90 y abrirlo al modelo social que se centra en cómo modificar el contexto discapacitante que impide participar y obtener logros a todo el alumnado. Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez) explica en su entrada  “WorkShopOrienta: el estallido de los silenciados”, los cuatro enfoques necesarios para una evaluación psicopedagógica centrada en el contexto.
  • Trabajar juntos para crear redes. Cuando hablamos de educación inclusiva hablamos de participación real de toda la comunidad educativa. Es necesario crear redes de apoyo en los centros educativos, de forma que nuestros centros se constituyan en una verdadera comunidad de apoyo.
  • En su blog Accesibilidad e Inclusión, José Alfredo Espinosa (@jespin5) reflexiona sobre “La importancia de trabajar juntos“, más allá de la propia comunidad educativa, destacando la necesidad de crear espacios que permitan dar voz y visibilidad a todas las acciones inclusivas. Espacios de conocimiento e inquietudes compartidas, de buenas prácticas e ilusión. 
  • Caminar juntos universidad y centros educativos, con la idea de evidenciar que las metodologías para la inclusión son una realidad, que la forma de enseñar puede ser una barrera salvable y que las prácticas inclusivas permiten que todo el alumnado esté presente participando y obteniendo logros en el aula. 
  • Crear un Observatorio para la Inclusión en los propios centros educativos, donde se pongan en valor las buenas actuaciones que allí se hacen y permiten que sea un centro acogedor y seguro para todo el alumnado, un centro que abre las puertas al entorno y la participación. Un Observatorio formado por miembros de toda la comunidad educativa, que no se centra en lo punitivo, en lo que haces mal, sino que evidencia las buenas prácticas, que las comparte y divulga e incluso crea materiales.
  • Visibilizar las buenas prácticas inclusivas nos hace ver que la educación inclusiva “ES POSIBLE”. Rodrigo J. García en Escuelas en Red, visibiliza la innovación educativa sin olvidar nunca la inclusión. El Proyecto Colaborativo “Pedagogía Inclusiva. Escuelas inclusivas” hace resúmenes mensuales sobre inclusión, escuelas inclusivas y pedagogías inclusivas, y cartografía los centros inclusivos; en twitter está como Escuelas Inclusivas (@Escu_Inclusivas) Son algunos de los ejemplos. 

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Vídeo sobre el texto:

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Un paso a la acción. Líneas de reflexión sobre la educación inclusiva.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (3)

El uso del adjetivo inclusivo/inclusiva está de moda. Se une indistintamente a educación, centro educativo, actividad, lenguaje, deporte, sociedad… de forma habitual, para dar énfasis en la aceptación de todos, en la no exclusión. Pero la realidad es bien distinta. Ni la educación, ni los centros educativos, ni las actividades, ni el lenguaje, ni el deporte, ni la sociedad serán verdaderamente inclusivos si no somos capaces de cambiar la mirada, de ver capacidades donde otros ven discapacidades; de ofrecer contextos flexibles que permitan que todas las personas puedan participar y obtener logros, contextos donde no existan barreras que les impida estar, participar, sentirse acogidos y poder desarrollar así, su pleno potencial.

Si en educación nos centramos en la discapacidad, si nos fijamos únicamente en lo que las personas no saben hacer, decir o realizar, si la respuesta sigue siendo segregadora y terapéutica, entonces tenemos un problema, un problema conceptual que es necesario aclarar y leer en el post aclarando conceptos, antes de pasar a la acción.

PRIMERA REFLEXIÓN.  El modelo social sobre el que se apoya la educación inclusiva se basa en un cambio de mirada de la discapacidad, poniendo el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellos. El modelo inclusivo no niega que haya diferencias individuales, puesto que todas las personas somos únicas y diferentes; este modelo se centra en que es la sociedad la que promueve la exclusión, en que la discapacidad es una construcción social, y que la inclusión no es un premio sino un derecho. De esta forma, la exclusión estaría por lo tanto en nosotros mismos, en nuestra mirada. Nacho Calderón lo explica de una forma muy poética cuando señala que “la discapacidad no está en un cuerpo, sino al menos, entre dos cuerpos”.

Las barreras que pone la sociedad a la discapacidad, las barreras que ponemos los docentes a una educación inclusiva de calidad para todo el alumnado, pueden ser barreras físicas o mentales, visibles o invisibles, conscientes o inconscientes, pero en cualquier caso son barreras que debemos eliminar y que deben constituir por lo tanto nuestra primera reflexión.

¿En mi aula, en mi centro, hay barreras a la participación, a la presencia? ¿Las pongo yo? ¿Todo el alumnado del aula, del centro, participa, está presente? ¿Tengo siempre altas expectativas para todo el alumnado? ¿Ofrezco posibilidades para que los estudiantes se ayuden mutuamente? ¿Fomento la colaboración en el aula? ¿Los estudiantes tienen la seguridad de que recibirán ayuda si tienen dificultades? ¿Fomento la cultura de la colaboración en el aula, en el centro? ¿Cómo es mi mirada, dónde veo las discapacidades? 

PROPUESTAS PEDAGÓGICAS. El cambio de mirada. 

Es importante trabajar en el aula el cambio de mirada con actividades que impliquen reflexionar y dialogar sobre ello, fomentando de esta forma el pensamiento crítico en todo el alumnado, unas actividades que buscan que el alumnado reflexione, comprenda, argumente y contraargumente, emitiendo juicios de valor.

SimplicityUn ejemplo de estas actividades sería el mapa inclusivo de la empatía a partir de libros, vídeos o situaciones que nosotros planteamos como hipotéticas y sobre las que podemos reflexionar; es interesante que en el mapa de la empatía los alumnos descubran las barreras que existen y sobre todo que hagan propuestas sobre cómo derribarlas o eliminarlas; o las siempre interesantes tertulias literarias dialógicas a partir de libros como La lección de August o la película Wonder. En el blog Wonderpeli, encontraréis propuestas de actividades para trabajar en el aula y en la familia después de la lectura del libro o del visionado de la película.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (1)

Que la educación inclusiva, equitativa y de calidad es un derecho, como también lo es asegurar los ajustes razonables y los apoyos adecuados para fomentar al máximo el desarrollo académico y social en todo el alumnado (1), es algo que ya a estas alturas del siglo XXI debería ser conocido por todos los docentes, y sin embargo la realidad te dice que eso no es cierto.

No solo se utiliza el adjetivo inclusión para asociarlo a prácticas segregadoras, sino que se cometen injusticias abanderadas por el calificativo inclusivo. Estas reflexiones son importantes para comenzar a cambiar, es necesario pararnos a pensar y a repensar para comenzar así a ser conscientes de que en ocasiones no estamos garantizando el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. Y no lo estamos haciendo cuando retiramos los apoyos, cuando no los ofrecemos o cuando no los gestionamos adecuadamente; cuando pensamos que un aula específica o un aula de educación especial en si mismas ya son una respuesta inclusiva; cuando no hay nada que ajustar porque se piensa que algunos alumnos ni saben, ni pueden ni quieren; cuando solo realizo adaptaciones significativas que condenan al alumnado a una vida de pobreza y miseria. Pero también cometo injusticias cuando asocio el apoyo única y exclusivamente con el profesorado especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje o compensatoria y luego en clase estos alumnos tienen currículos paralelos que condicionan su participación en las dinámicas que se hacen en las aulas; o puedo caer también en el error de considerar que apoyo es sinónimo de los recursos que deben ofrecernos las Administraciones y cuando no tenemos esos apoyos decimos que este niño o este joven, estaría mejor en otro centro con más recursos; o… cuando encontramos otras muchas razones para no asegurar ni los apoyos ni los ajustes que por ley les corresponden.

SEGUNDA REFLEXIÓN. La relatora de las Naciones Unidas (2) define el apoyo como “el acto de prestar ayuda o asistencia a otra persona para que pueda realizar actividades y pueda participar en el aula”. La educación inclusiva se basa en una concepción humanista de la educación que se centra en la perspectiva de los Derechos Humanos y de la justicia social. El modelo social en el que se mueve la educación inclusiva habla de eliminar barreras para crear contextos acogedores y seguros para todo el alumnado. Tendremos alumnos y alumnas en nuestros centros  educativos que necesiten siempre un apoyo, una ayuda, para participar significativa y plenamente en el aula, otros que necesiten el apoyo puntualmente, otros que no lo necesiten, pero siempre nos basamos en la ayuda, en la colaboración. El apoyo en la educación inclusiva es por lo tanto ayudar, colaborar, construir juntos partiendo de la capacidad. Ofrecer un apoyo de calidad es un derecho y en ocasiones es imprescindible para que todo el alumnado pueda participar activamente en el aula. La falta de apoyos adecuados supone por lo tanto segregar, cometer injusticias y poner barreras a la presencia, participación o aprendizaje, de una forma consciente.

¿Entiendo entonces que apoyo son todas las actuaciones y actividades que el docente pueda realizar para dar una respuesta inclusiva a todo el alumnado y que le permitan entonces participar en el aula? ¿El apoyo es además colaborar, ajustar el contexto, trabajar entre iguales, eliminar barreras o el apoyo es solo estar en el aula junto a un alumnado concreto? ¿El apoyo son solo recursos materiales y personales? ¿Los apoyos ayudan a eliminar barreras?

HACIA UNAPROPUESTAS PEDAGÓGICAS. Apoyos para incluir a todo el alumnado.

Debemos hacer que nuestros centros educativos se constituyan en una verdadera comunidad de apoyo. Que formen una red que se presta ayuda para que todo el mundo pueda participar. De esta forma el apoyo no se centra únicamente en un profesorado concreto, sino que alumnado, profesorado, familias, comunidad educativa en general, colaboran para ayudar con propuestas claras. La cultura de la colaboración impregna de esta forma todas las actuaciones que allí se desarrollan.

La autonomía pedagógica, de gestión y de organización de los centros implica la elaboración de unos documentos institucionales que deberán basarse en el enfoque inclusivo. Estos documentos, como el Proyecto Educativo de Centro desde un enfoque inclusivo, Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo o el Proyecto de Dirección desde un enfoque inclusivo, son documentos que determinan las señas de identidad de un centro y que van a condicionar todas las actuaciones que allí se hagan.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (2)

En la normativa actual todavía se habla de adaptaciones curriculares y no de diseño universal, se sigue centrando el foco en la discapacidad (cuestionando incluso en ocasiones las capacidades de determinado alumnado), en las necesidades educativas que en ocasiones son “especiales”, en las carencias y deficiencias, para que luego el profesorado, teniendo en cuenta las características individuales del alumnado y su contexto, haga una adaptación al currículo, una adaptación que el niño o niña pocas veces compartirá con el resto del alumnado, tendiendo de esta forma a dar una respuesta individualizada, segregadora y rígida, que ni cambia ni modifica el contexto ni elimina las posibles barreras a la presencia, a la participación y al aprendizaje, ni mucho menos permite la participación activa y significativa en el aula, ni la socialización de este alumnado.

Se observa entonces un baile entre el modelo social por el que aboga la educación inclusiva y el modelo psicopedagógico de la normativa actual. Un modelo este último que nace en la década de los 90 y que prácticamente no ha cambiado nada desde entonces. Un modelo que se basa en las necesidades educativas, que adapta el currículo, que lleva asociado unos recursos personales y cuya intervención, en muchos casos, continúa siendo segregadora. Un modelo que sigue asociando la atención a la diversidad con un profesorado concreto, como si la respuesta educativa solo dependiese de esos profesores, y que lleva la coletilla de “terapéutica” como si de un modelo rehabilitador se tratase.

TERCERA REFLEXIÓN. Desde que en 1985 comenzase de forma experimental el programa de integración, basado en el principio de normalización e integración, hasta ahora, poco o muy poco han cambiado las prácticas y los centros educativos y ¡han pasado más de treinta años!.

Sigue existiendo un profesorado especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje para atender a un alumnado con unas necesidades educativas “especiales”. Estas intervenciones suelen realizarse habitualmente fuera del aula, enfatizando así en el término “especiales”. Son apoyos puntuales, con un número de sesiones concretas a la semana. En otros centros existe también la figura de profesorado de compensatoria, que trabaja con el alumnado en situación de desventaja social, pero con la misma dinámica y apoyos que la descrita anteriormente.

Y en el resto de las sesiones… ¿Qué hace este alumnado? ¿Participa de las actividades que se realizan en el aula, hace otras tareas o lleva otro currículo paralelo? ¿Participa en actividades grupales y colaborativas en el aula? ¿Comparte sus conocimientos y habilidades? ¿Se ofrece ayuda a los demás de forma habitual?

Y el profesorado… ¿Cómo atiende la diversidad cuando está en el aula? ¿Asegura los ajustes razonables a todo el alumnado? ¿Qué apoyos les ofrece? ¿Tiene en cuenta un diseño universal para el aprendizaje?

Y el centro… ¿Cómo organiza los apoyos? ¿Sus documentos institucionales son inclusivos? ¿Gestiona la autonomía pedagógica, de gestión y de organización de una forma inclusiva? ¿Existe una verdadera comunidad de apoyo o se centra el apoyo solo en un profesorado concreto?

4PROPUESTAS PEDAGÓGICAS. Diseño Universal para el Aprendizaje.

Desde el modelo social sobre el que se sustenta la educación inclusiva, la rigidez del currículo y el dominio o no de metodologías inclusivas por parte del profesorado suponen una barrera para la participación y el aprendizaje de todo el alumnado.

Por lo que para facilitar una respuesta inclusiva es necesario que  todo el profesorado conozca y domine medidas curriculares y metodológicas que faciliten el mayor grado de participación y aprendizaje de todos en el aula. Estas medidas para dar respuesta al derecho a la inclusión deben formar parte de los itinerarios formativos y de los documentos institucionales de los propios centros educativos.

Una propuesta sustentada en el Diseño Universal de Aprendizaje se basa en la necesidad de tener en cuenta a todo el alumnado desde el mismo momento de la programación, para poder así hacer los ajustes necesarios que eviten posteriores adaptaciones.

Un paso a la acción es un compromiso de todos, no únicamente de la Administración con sus normativas, ¡que, por supuesto, son importantes! sino también del propio profesorado. No olvidemos que la respuesta educativa inclusiva es un tema que atañe a todo el profesorado y que “atender la diversidad”, es atender a todo el alumnado, no solo al que tiene necesidades educativas.

Un cambio de mirada que ponga el énfasis en el contexto discapacitante y no en la persona con discapacidad y un cambio en la concepción del apoyo son dos aspectos necesarios e imprescindibles para esta #RevoluciónInclusiva que ya está en marcha. Esta respuesta educativa inclusiva debe poner el punto de vista en la colaboración, en la ayuda mutua, debe tejer redes naturales de ayuda que se apoyen en el vínculo y el cuidado, en el aprendizaje dialógico, en el respeto, en los derechos humanos y en la justicia social.

La #RevoluciónInclusiva supone una concepción holística y humanística de la educación, donde todo el mundo es acogido y siente que pertenece al grupo, donde todas las personas pueden ser y estar sin necesidad de tener que incluirse, porque ya son personas y ya están participando, donde todo el mundo aporta, participa y brilla, donde se valora y se aprende de la diferencia. Una educación para todos y con todos. 

 

 

 

(1) Artículo 24 de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con discapacidad, que España aprueba y ratifica pasando a formar parte de su ordenamiento jurídico. España se compromete así a cumplirla, observarla y hacer que se cumpla.

(2) Naciones Unidas (2016). Informe de la Relatora Especial sobre los derecho de las personas con discapacidad. Número de publicación A/HRC/34/58. Recuperado de https://www.dropbox.com/s/qa7cjpn9cvcyhq2/INFORME%20RELATORA%20APOYOS.pdf?dl=0

#RevoluciónInclusiva. Un revolución pendiente en la educación.

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Montesquieu (1689-1755) escribió

“Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad”.

La Declaración de Salamanca de 1994 y su marco de acción sobre necesidades educativas especiales tuvo como ejes de trabajo: la accesibilidad y la calidad. Han pasado 23 años y estos temas todavía están en el tintero en muchas ocasiones. Es una declaración llena de buenas intenciones que se ha quedado en eso, y es que el tema de la educación inclusiva es algo etéreo y utópico todavía para muchas personas. En ocasiones se equipara a integración (ver entrada integración vs. inclusión) porque ha faltado formación en los centros educativos y porque no hay unas políticas claras al respecto; en ocasiones se asocia solo al alumnado con necesidades educativas especiales y se ve como una modalidad de escolarización dentro del marco general de educación utilizando indistintamente los términos integración e inclusión; y a menudo queda en manos exclusivamente del profesorado de pedagogía terapéutica, audición y lenguaje y orientación. Pero siempre, siempre, es vista como un principio (en las normativas vigentes en educación así consta) y se considera entonces como algo moralmente importante, difícil de llevar a la práctica y que no compromete, porque seguimos haciendo lo mismo: no incluimos, segregamos; no acogemos, aceptamos…

Pero la educación inclusiva es un DERECHO. La Convención de los Derechos de las personas con discapacidad (Unesco, 2006) en su artículo 24 habla de ASEGURAR una educación inclusiva a todos los niveles y a lo largo de la vida. Esta convención sobre los derechos de las personas con discapacidad se firma y se ratifica en España el 3 de mayo de 2008 y también se firma su protocolo; de esta forma, España acepta las obligaciones jurídicas que le corresponden en virtud del tratado y debe adoptar la legislación adecuada para hacerlas cumplir.

El 7 de noviembre de 2011, la Agencia Europea para el Desarrollo de la Educación del Alumnado con Necesidades Educativas Especiales organizó por tercera vez un acto con jóvenes de edades comprendidas entre los 14 y los 19 años; cada país miembro nombró a dos estudiantes de educación secundaria y formación profesional con necesidades educativas especiales y/o discapacidad y a uno sin estas características. “Se trataba de ofrecer a los jóvenes de Europa la oportunidad de ser escuchados, facilitando una plataforma donde exponer sus opiniones sobre educación, explicando sus necesidades y expresando sus aspiraciones. La Audiencia a su vez propició que los delegados compartieran sus vivencias y trataran el significado de la educación inclusiva en su día a día” (1) . Y les hicieron tres preguntas: la primera fue ¿Qué es la educación inclusiva para ti?

Esta reflexión es necesaria para avanzar, piensa ¿Qué es la educación inclusiva para ti? Es importante reflexionar sobre este tema, porque va a condicionar tus actuaciones en el centro educativo, en el aula, en la sociedad en general.

Ya he hablado de esto en otras entradas; a mí me gusta tomar como referencia la definición de la UNESCO, que dice lo siguiente:

“La Educación Inclusiva puede ser concebida como un proceso que permite abordar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los educandos a través de una mayor participación en el aprendizaje, las actividades culturales y comunitarias y reducir la exclusión dentro y fuera del sistema educativo.  Lo anterior implica cambios y modificaciones de contenidos, enfoques, estructuras y estrategias basados en una visión común que abarca a todos los niños en edad escolar y la convicción de que es responsabilidad del sistema educativo regular educar a todos los niños y niñas.  El objetivo de la inclusión es brindar respuestas apropiadas al amplio espectro de necesidades de aprendizaje tanto en entornos formales como no formales de la educación.  La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, representa un enfoque que examina cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes.  El propósito de la educación inclusiva es permitir que los maestros y estudiantes se sientan cómodos ante la diversidad y la perciban no como un problema sino como un desafío y una oportunidad para enriquecer el entorno de aprendizaje”  (UNESCO, 2006, pág. 14)

Habla de que es un proceso, por lo tanto no un acto puntual ni una intervención aislada; para responder a la diversidad de las necesidades de TODOS los educandos, el TODOS con mayúsculas, porque todos somos diversos y todos tenemos necesidades, no se asocia solo al alumnado con necesidades educativas especiales; al ser una respuesta para todo el alumnado debemos pensar en respuestas inclusivas generales que además van a permitir que nuestros centros sean inclusivos. A través de una mayor participación en el aprendizaje, otra palabra clave, para participar tienen que estar, es decir, para participar no hay que sacarlos del aula, sino que tienen que estar presentes en el aula; pero habla también de participación en las actividades culturales y comunitarias, ¡qué importante es este aspecto que siempre se nos olvida! ¿Lo tenemos en cuenta? ¿Tenemos en cuenta los entornos no formales para TODO el alumnado o segregamos también en estos entornos?

Ahora que ya tenemos 12claro qué es y qué no es la educación inclusiva, el debate es otro: el debate actual es cómo se va a lograr un educación inclusiva y equitativa de calidad.

Y en este punto del debate es donde todos tenemos algo que aportar (docentes, alumnado, familias, comunidad, administración…), porque está en nuestras manos poder hacerlo, y porque como hemos visto, la educación inclusiva es un DERECHO para todo el alumnado, por lo tanto hay que ponerse en acción y caminar hacia otra educación transformadora.

La misma definición de la UNESCO nos dice que “Lo anterior implica cambios y modificaciones de contenidos, enfoques, estructuras y estrategias basados en una visión común que abarca a todos los niños en edad escolar y la convicción de que es responsabilidad del sistema educativo regular educar a todos los niños y niñas”

¿De qué habla? De la necesidad de hacer ajustes razonables en función de las necesidades individuales, así como de facilitar las medidas de apoyo necesarias. ¿De qué más? De políticas transformadoras de la educación, tanto en los propios centros como a nivel legislativo. ¿De qué más? De cambio; habla de cambios y modificaciones, habla de transformar la educación; no podemos seguir haciendo lo mismo que venimos haciendo y que sabemos que no da una respuesta inclusiva ni una respuesta adecuada a todo el alumnado. Pero, sobre todo, habla de TODOS los niños en edad escolar, no solo de un alumnado concreto, sino de TODOS.

Llegados a este punto es momento de pensar y reflexionar ¿Qué puedo hacer yo? ¿Cómo voy a lograr en mi aula, en mi centro educativo una educación inclusiva y equitativa de calidad?

  • En mi aula, transformando la metodología y utilizando  metodologías activas donde el alumnado tenga un papel activo en su aprendizaje; cambiando el enfoque de la evaluación, una evaluación en la que todo el alumnado pueda participar, donde se aprende del error; trabajando en grupo, en equipo, en parejas, donde se fomenten las interacciones dialógicas; desarrollando los talentos y las capacidades de todo el alumnado teniendo en cuenta las inteligencias múltiples, donde se consideren y valoren distintas formas de aprender, distintas formas de enseñar; organizando espacios y tiempos, donde no hay alumnado discapacitado, sino contextos discapacitantes; eliminando las barreras al acceso, a la participación y al aprendizaje ofreciendo la información por distintas vías utilizando distintas formas de motivación, presentación y expresión…
  • En mi centro educativo, transformando las políticas y la organización del centro: apoyos dentro del aula, docencia compartida, recreos inclusivos o patios dinámicos, accesibilidad como seña de identidad del centro (física, sensorial y cognitiva), creación de equipos de colaboración y de aprendizaje entre el profesorado…; creando comunidades escolares seguras y acogedoras: Proyecto Educativo de Centro inclusivo, prevención de la convivencia, concepción humanista de la educación, sentimiento de pertenencia…; abriendo la escuela a la comunidad y creando una escuela abierta y participativa: escuelas de familias, tertulias dialógicas, comisiones mixtas, participación en actividades del centro…

Y la Administración, ¿qué puede hacer para lograr una educación inclusiva y equitativa de calidad?

  • Puede legislar normativas claras y concretas sobre el tema, normativas donde la educación inclusiva deje de ser un principio, un criterio orientativo y pase a ser un compromiso firme y una realidad.
  • Puede legislar normativas que huyan del enfoque clínico, del enfoque centrado en la discapacidad, en lo que los alumnos no saben hacer y apuesten claramente por un cambio de modelo.
  • Pueden legislar que los apoyos sean siempre dentro del aula, garantizar que exista profesorado de apoyo a la inclusión y que no se condicione el número de alumnos con necesidades educativas especiales al cupo del profesorado de pedagogía terapéutica.
  • Pueden legislar itinerarios formativos en el tema de la educación inclusiva, itinerarios que yo consideraría obligatorios para todo el profesorado.
  • Pueden contemplar la creación de centros de recursos y de formación permanente para el profesorado en el tema de la educación inclusiva desde donde no solo se de formación sino acompañamiento y asesoramiento.
  • En definitiva, la Administración con sus normas debe ser capaz de que La educación inclusiva, más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza convencional, represente un enfoque que examine cómo transformar los sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de los estudiantes”.

 

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(1) https://www.european-agency.org/sites/default/files/young-views-on-inclusive-education_YoungViews-2012ES.pdf

UNESCO. (2006). Orientaciones para la inclusión: asegurar el acceso a la educación para todos. París: UNESCO.

Cambio de mirada, primer paso en la #RevoluciónInclusiva

Nacho Calderón en su artículo “Ese “Ente” distinto” hablaba de “personas silenciadas y arrojadas a la monstruosidad” cuando se refería a todos los “niños y niñas aislados en aulas específicas, exiliados en centros de educación especial, condenados a no titular, y al desempleo y la pobreza en la edad adulta“. Partiendo de este idea que comparto, y reflexionando sobre la necesidad de una #RevoluciónInclusiva voy a centrarme en lo que considero el primer paso en esta Revolución: EL CAMBIO DE MIRADA.

Sigue Nacho Calderón afirmando: “Necesitamos constituir de otra forma nuestra humanidad. Solo así podríamos conseguir que los colectivos excluidos dejen de ser fagocitados“.  Y yo añado: parémonos a reflexionar y cambiemos nuestra mirada para dejar de ver la diversidad en nuestras aulas, en nuestros centros educativos, en la sociedad en general, como algo negativo, como algo que asusta y segrega.

acosocarei-1En la cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible los estados miembros concretaron 17 objetivos para cambiar el mundo y el número 4 está relacionado con la educación “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos“, este es el objetivo que yo tomo como referencia en la #RevoluciónInclusiva #ODS4 #educación2030 y que marcará el rumbo siempre de todas las actuaciones y reflexiones que haga.

Como en otras ocasiones partiré desde un enfoque proactivo, asumiendo que el control del cambio está en nuestras manos y que debemos empezar con objetivos y compromisos claros que nos permitan crear una sociedad más justa.

Reflexionando sobre este cambio de mirada.

No es necesario que hable ahora del poder transformador de la educación; por todos es sabido que la educación transforma las vidas de las personas y de la sociedad en general. En 2014,  Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi fueron galardonados con el Nobel de la Paz “por su lucha contra la opresión de los niños y los jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación“, afirmando ambos que “la educación es el poder que cambiará el mundo“.

Primera reflexión: ¿Permito que en el aula, en el centro educativo, todo el alumnado tenga las mismas oportunidades? ¿Ofrezco actividades ricas y variadas a todo el alumnado? ¿Promuevo entornos de aprendizaje accesibles? ¿Garantizo oportunidades de aprendizaje de calidad para todo el alumnado? ¿Tengo en cuenta las capacidades de todos o solo veo el déficit, lo que no saben hacer, lo que no pueden decir, lo que no ….?

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Este cambio de mirada que empieza reflexionando sobre el poder de la educación supone también un DERECHO a la educación equitativa e inclusiva de calidad. Pero el derecho a una educación equitativa se confunde muchas veces con el derecho al acceso a la educación. Y en realidad supone mucho más: supone eliminar las barreras al acceso, a la participación, a la continuidad, a la finalización; supone que no existan desigualdades en los resultados, supone no cometer injusticias; en definitiva, supone una educación justa.

Segunda reflexión: ¿Cómo acojo al alumnado en el centro, en el aula? ¿Acojo a todo el alumnado de la misma forma? ¿Los apoyos se hacen siempre dentro del aula? ¿Estos apoyos son para todo el alumnado? ¿Permito que todos participen por igual en el aula, en la vida del centro? ¿Tengo siempre altas expectativas para todos? ¿Soy una persona justa en mis decisiones?  ¿El centro tiene objetivos claros y concretos que permitan que la educación inclusiva sea el eje de todas sus actuaciones?

Esta fábula de Miguel Ángel Santos, “El pato en la escuela o el valor de la diversidad” sirve para reflexionar sobre otro aspecto importante en nuestro cambio de mirada, la búsqueda de la homogeneidad como norma.

Tercera reflexión: ¿Hablo de capacidades o sigo hablando de discapacidades? ¿Veo primero la etiqueta y luego la persona o al revés? ¿Personalizo el aprendizaje del alumnado o lo individualizo?  Para saber más sobre este tema recomiendo las entradas de José Blas en INED 21

En una maravillosa entrada de su blog “Si es por el maestro nunca aprendo”, Antonio Márquez reflexiona sobre las Adaptaciones Curriculares. Un debate valiente y necesario, sobre el que hay mucho que hablar y legislar si de verdad queremos que sean una respuesta inclusiva y no segregadora, como viene siendo ahora.

En la actualidad, una adaptación curricular adapta el currículo, lo individualiza, no lo personaliza. Se centra en la enseñanza de los contenidos adaptados y se preocupa por los resultados, habitualmente en aulas separadas, con apoyos segregadores, no permitiendo que el alumnado con adaptación curricular participe e interaccione con el resto de la clase y ofreciendo, por lo tanto, una visión distorsionada de estos niños y niñas, puesto que ven primero su diversidad y luego su persona, porque durante toda la escolarización a ese niño lo sacan de clase porque no sabe…, porque no puede…, porque hay que ayudarle, porque…

Concluyo con la frase ya mencionada de Nacho Calderón: “Necesitamos constituir de otra forma nuestra humanidad. Solo así podríamos conseguir que los colectivos excluidos dejen de ser fagocitados”.  Empecemos cambiando nuestra mirada. Cambia tu mirada y mira al niño, a la niña, al adolescente, al adulto, a la persona que tienes ante ti y ve en ella todo lo que puede aportar, todo lo que te puede enseñar, mira a la persona, nunca a la etiqueta que la estigmatiza, camina a su lado siempre, hazle este camino accesible, pero nunca, nunca la saques del camino.

Otra educación es posible. Únete a la #RevoluciónInclusiva, ¡cada vez somos más!

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¿Te unes a la #RevoluciónInclusiva?

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Si queremos “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todo el alumnado”  es necesario cambiar estructuras organizativas y prácticas educativas en nuestros centros, es necesario empezar a actuar, pero es necesario sobre todo, concienciarse con ello.

Esta revolución supone no dejar a nadie atrás, supone que todos tenemos las mismas oportunidades, supone una educación de calidad inclusiva con resultados de aprendizaje equitativos y eficaces para todo el alumnado, supone que se promuevan metodologías activas que permitan aprender juntos a alumnos diferentes, supone por lo tanto que  se eliminen barreras al acceso, a la participación, a la continuidad, a la finalización…

Pero para lograr esta educación de calidad inclusiva y equitativa, es indispensable que las políticas educativas que lleves a cabo en tu centro tengan por finalidad TRANSFORMAR.

En este vídeo explico qué es la #RevoluciónInclusiva y te invito a participar en ella. ¿Te unes?

 

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Perfil del líder educativo. Promotor del cambio inclusivo.

Es indiscutible la importancia que el director o directora de un centro tiene en el devenir del mismo. Un tipo de liderazgo u otro condiciona el que las culturas, políticas y prácticas de un centro sean inclusivas o segregadoras.

Las competencias que debe desempeñar el director/directora vienen reguladas en el art. 132 de la LOE, y para llevarlas a cabo de forma inclusiva y eficazmente se necesita un liderazgo y un líder con unas características concretas. Esta reflexión forma parte de la Guía para elaborar un proyecto de dirección desde un enfoque inclusivo que estoy preparando y que próximamente verá la luz.

¿Qué perfil tiene un buen líder educativo?  Un director, una directora de un centro educativo se enfrenta diariamente a la incertidumbre, no hay dos días iguales, por lo que se precisan docentes proactivos que sepan gestionar el cambio; docentes eclécticos, conciliadores que actúen de mediadores ante la nueva sociedad global; docentes curiosos con ganas de aprender, de innovar, de transformar; pero sobre todo, docentes éticos firmes defensores de los valores inclusivos.

He preparado un decálogo con todas las características que considero debe tener un buen líder educativo que avala la educación inclusiva y también he relacionado estas características con los hábitos de la mente de  Arthur L. Costa y Bena Kallick, al considerar que el buen líder educativo es una persona que piensa con eficacia y que destaca por sus conductas inteligentes.

DECÁLOGO DEL LÍDER EDUCATIVO INCLUSIVO

Un líder educativo inclusivo: Es capaz de ilusionar, contagiar. Sabe crear equipos, confía en las personas y las motiva. Tiene siempre una actitud proactiva que le va a ayudar a anticiparse, a no decaer. Es persuasivo, empático, escucha y no impone. Es carismático.

decalogo-liderar-centroPlanifica y marca un rumbo, una hoja de ruta conocida por toda la comunidad educativa. Esta planificación aparecerá en su proyecto de dirección y estará acorde con el Proyecto Educativo de Centro.

Promueve siempre un clima de respeto favoreciendo las relaciones de toda la comunidad educativa. Es partidario de una escuela abierta y participativa, una escuela democrática impulsando la participación de las familias y la sociedad en el centro educativo. Es capaz de fomentar la participación de familias y profesorado en el centro, creando redes de colaboración.

Gestiona la presión no permitiendo que situaciones adversas le superen. Es capaz de guiar en momentos de crisis. Elabora planes alternativos y utiliza la proactividad para ello. Es capaz de adaptarse a nuevos entornos, nuevas situaciones o problemas.

Sabe organizar el tiempo, gestionando reuniones eficaces. Es claro y asertivo en el mensaje. Expresando las ideas de forma clara y concreta, evitando las ambigüedades.

Actúa como mediador favoreciendo la convivencia en el centro, garantizando la mediación en la resolución de los conflictos. Posee habilidades comunicativas de escucha activa, conoce y gestiona la diversidad del centro y es una persona ética.

Es promotor de ideas innovadoras, actúa como líder pedagógico. Es curioso y se interesa por conocer nuevas estrategias, recursos, tecnologías…

Hábitos de la mente en el líder educativo

Ya he comentado que un buen líder es una persona que piensa con eficacia, es una persona que destaca por conductas inteligentes y por unos hábitos muy concretos, me refiero a los hábitos de la mente de Arthur L. Costa y Bena Kallick. Podríamos decir por lo tanto que un líder sobresale en cada uno de esos hábitos. Destaca por:

  • Ser persistente. No se da por vencido, el buen líder sigue actuando, es proactivo, gestiona bien la presión.
  • Maneja la impulsividad. Piensa antes de actuar, promueve climas de respeto y actúa de mediador. Un buen líder considera las posibilidades antes de actuar, elabora un plan, anticipa los problemas.
  • Escucha a los demás con empatía y comprensión puesto que posee habilidades de escucha activa.
  • Piensa flexiblemente. Son capaces de cambiar y ofrecer nuevas alternativas cuando aparece nueva información. Ven y comprenden otras relaciones, consideran puntos de vista alternativos.
  • Piensa sobre el pensamiento. El buen líder reflexiona y evalúa sus propias destrezas y estrategias del pensamiento. Es consciente de sus acciones, del efecto sobre los demás, sobre toda la comunidad educativa. Pero también es capaz de autoevaluarse, de evaluar su hoja de ruta para corregir y modificar el plan si es necesario. Reflexiona sobre educación, sobre qué estrategias, planifica, organiza, reflexiona y evalúa.
  • Se esfuerza por lograr la precisión. Es cuidadoso, se esfuerza por trabajar con precisión, aprende del error y revisa las reglas para mejorar. El buen líder conoce los criterios de calidad y se esfuerza por lograrlos.
  • Cuestionamiento y planteamiento de problemas. Einstein decía que “la formulación de un problema importa más que su solución” un buen líder es capaz de resolver con eficacia los problemas, de plantearse preguntas y posibilidades nuevas a problemas conocidos.
  • Aplicación de conocimiento anterior a situaciones nuevas. El buen líder aprende de la experiencia, aprende de los errores, es capaz de transferir significado de una experiencia y llevarla a otra. Actúa para crear oportunidades.
  • Pensar y comunicarse con claridad y precisión. Posee habilidades comunicativas, expresa de forma clara y asertiva sus ideas.
  • Conseguir datos con todos los sentidos. Tienen en cuenta el contexto, el entorno y son capaces de crear entornos acogedores que creen sentimientos de pertenencia a toda la comunidad educativa.
  • Creación, imaginación e innovación. El buen líder es creativo, curioso, lidera la innovación.
  • Responder con asombro y admiración. Disfrutan aprendiendo, compartiendo con los demás. Les gusta resolver cosas y siguen aprendiendo durante toda su vida.
  • Aceptación de riesgos responsables. Toleran la confusión y la incertidumbre. Asumen riesgos que les llevan a generar nuevas ideas.
  • El humor es una herramienta útil en las relaciones humanas, suavizan situaciones tensas y hacen más amenas las intervenciones.
  • Pensamiento interdependiente. Es capaz de trabajar con otros, de crear equipos, de fomentar la participación del profesorado y de las familias en la vida escolar, de crear redes de colaboración.
  • Apertura al aprendizaje continuo. El buen líder es curioso, con ganas de aprender, creativo. Aprende de las experiencias.

 

En uno de sus aforismos, Jorge Wagensberg dice: “La grandeza del concierto de violín en re de Beethoven está en el contraste que existe entre la evidente complejidad del sonido y la simplicidad aparente de la partitura“. Para mí un buen líder es aquél que es capaz de hacer simple lo que es complejo ¿Y para ti?

Movimiento maker en educación. Todos somos hacedores.

El creador del movimiento maker es Dale Dougherty. En 2005 creó las Maker Faires y la revista Make, una feria y una revista trimestral para dar visibilidad a los proyectos DIY (Do It Yourself, Hágalo usted mismo).  En la charla TED de 2011, Dale Dougherty dice que “todos somos hacedores. Nacimos hacedores, tenemos esa habilidad de hacer cosas, de agarrar las cosas con nuestras manos… creamos cosas.

¿Qué supone el movimiento maker en la educación? Supone despertar la curiosidad, fomentar la creatividad, el ingenio; supone explorar y crear. Pero supone, sobre todo, construir conocimiento, compartirlo, desarrollando de esta forma habilidades de pensamiento de orden superior en todo el alumnado, porque “todos somos hacedores, todos tenemos esa habilidad de hacer cosas”. 

Crear supone combinar elementos en un patrón nuevo, proponer soluciones alternativas. ¿Y qué es eso sino estimular las inteligencias, fomentar el pensamiento crítico y preparar al alumnado para un futuro incierto y cambiante? No olvidemos que uno de los fines de la educación es “la preparación para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento” (LOMCE; art. 2.k)

Existe actualmente una tendencia a nivel global de compartir y crear conocimientos. Habitualmente no solo contamos lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Esta es nuestra sociedad, esta es nuestra realidad. Entonces… ¿Por qué no lo hacemos también en las aulas, en los centros educativos? ¿Por qué no ayudamos a todo nuestro alumnado a construir conocimiento y no solo a consumirlo? ¿Por qué no estimulamos la expresión oral y escrita, pero también el lenguaje de la imagen, los medios y la tecnología con el objetivo de desarrollar el pensamiento crítico y potenciar prosumidores (1) frente a consumidores?Y para ello, ¿por qué no les ayudamos a transformar la información en conocimiento, a pensar con eficacia, a hacer preguntas, a entusiasmarse, a aprender de los errores, a conectarse? …

El movimiento maker debe entrar en la educación para quedarse. El movimiento maker permite tocar el mundo que nos rodea y pasar de conocer y recordar a CREAR y CONSTRUIR. Permite aprender haciendo.

¿Y cómo? ¿Qué puedo hacer en el aula, en el centro educativo, para unirme al movimiento maker en la educación, a un movimiento que supone una revolución, una #RevoluciónInclusiva?

EN EL AULA

  • Uso de metodologías activas que desarrollan habilidades de pensamiento de orden superior que requieren planificar, producir, comprobar, aprender de los errores…, no quedándome solo en la memorización de contenidos. Me refiero fundamentalmente al Aprendizaje Basado en Proyectos del que ya he hablado en entradas anteriores. Los productos que presentamos ante una audiencia son ya una creación.
  • Pasar de un aprendizaje basado en proporcionar respuestas a una instrucción basada en hacer preguntas. No es la primera vez que utilizo los aforismos de Wagensberg para ilustrar algún aspecto concreto; en este caso se apoya en la importancia de la pregunta frente a respuestas cerradas, diciendo: “Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución”.
  • Jeannette M. Wing, vicepresidenta de Microsoft, en su artículo Computational thinking (2006) sobre el pensamiento computacional, explica que este pensamiento “implica resolver problemas, diseñar sistemas y comprender el comportamiento humano, haciendo uso de los conceptos fundamentales de la informática” y destaca también que es una habilidad fundamental utilizada por todo el mundo. Pero ¿qué implica desarrollar este pensamiento en las aulas? Con el pensamiento computacional se estimula el pensamiento lógico, se trabaja por retos, se buscan soluciones eficaces a un problema, se desarrolla la tolerancia a la ambigüedad, la flexibilidad y la persistencia. ¿Cómo? por medio de la programación (Scratch, code.org), de la robótica (arduino, lego, mBot de MakeBlock, estímulos Scratch con Makey Makey), de videojuegos (minecraft) o del mobile learning.
  • El Pensamiento STEAM nace con la idea de potenciar las artes en el movimiento STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), añadiendo aspectos relacionados con la creatividad, el pensamiento divergente, la innovación y el diseño. El objetivo es trabajar las artes y las ciencias de una forma global, fomentando en el aula proyectos interdisciplinares que aúnen todas las disciplinas.

EN EL CENTRO EDUCATIVO

  • Transformemos nuestros centros en verdaderos laboratorios de innovación e investigación educativa, propiciando que las metodologías activas sean una de las señas de identidad del mismo.
  • Transformemos los espacios y creemos verdaderos makerspaces que permitan agrupar al alumnado más allá de su edad cronológica para compartir recursos y conocimientos, trabajar en proyectos, en equipo, intercambiar experiencias y construir cosas. De momento tal vez como actividad extraescolar, pero luego… ahí lo dejo como un reto. En educación es importante pasar de proyectos DIY (Do It Yourself, Hágalo usted mismo) a proyectos DIT (Do It Together, Hágalos todos), fomentando de esta forma el trabajo en equipo, la solidaridad, la colaboración, el respeto, la aceptación.
  • Compartamos en las redes sociales el conocimiento creado en el centro dando visibilidad a los productos de todo el alumnado.
  • Potenciemos el talento personal del todo nuestro alumnado y creemos una web donde puedan mostrar sus propias creaciones maker, a modo de la web instructables u otras parecidas.
  • Generemos cultura de trabajo y aprendizaje colaborativo y en red con otros centros educativos, a la vez que en el propio centro.

A MODO DE CONCLUSIÓN, ¿qué supone el movimiento maker en educación?

Básicamente, el movimiento maker supone preparar a todo el alumnado para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento, que es uno de los fines de la educación, tal y como he indicado al inicio de este artículo.

Supone desarrollar hábitos de la mente o conductas intelectuales que van a permitir a todo nuestro alumnado ser capaz de enfrentarse a la vida, a tomar decisiones adecuadas, a enfrentarse a las incertidumbres de la sociedad de conocimientos múltiples, pues como dice Edgar Morin  (2) “aprender hoy es dialogar con la incertidumbre“.

Hemos visto que por medio del movimiento maker nuestro alumnado crea, inventa, toca el mundo, prosume, sueña, piensa, explora… y con ello desarrollamos hábitos como la persistencia, el manejo de la impulsividad, la habilidad para escuchar con empatía y entendimiento, el pensamiento flexible, la reflexión sobre el propio pensamiento o metacognición, la búsqueda de la precisión, el cuestionamiento y planteamiento de problemas, la aplicación del conocimiento del pasado a situaciones nuevas, el pensamiento y comunicación con claridad y precisión, la recogida de datos con todos los sentidos, la creación, imaginación, innovación, la reacción con asombro y admiración, la aceptación responsable de riesgos, la capacidad para desarrollar el sentido del humor, el pensamiento interdependiente, así como la apertura al aprendizaje continuo, a un aprendizaje a lo largo de vida.

Como docentes comprometidos con la educación, ésta sería nuestra aportación a la #RevoluciónInclusiva, porque en este cambio cuento con TODO el alumnado. Porque innovo para incluir. ¿Te unes?

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(1) Alvin Toffler habló por primera vez de prosumidores en 1980 en su libro La tercera ola. Define prosumidor a una persona que consume lo que él mismo produce y en lugar de venderlo es para su consumo o para darlo gratuitamente.

(2) MORIN, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Barcelona: (Paidós)

Redefinir nuestro papel docente para cambiar las prácticas en el aula. ABP.

En otras ocasiones ya he hablado de la necesidad de reflexionar sobre nuestras prácticas docentes, de la necesidad de redefinir nuestro papel docente para cambiar las prácticas en el aula, de tener una visión más holística de la educación así como de la necesidad de “desfragmentar el saber”, de apostar por un conocimiento integrado que permita contextualizar los saberes, desarrollar competencias, fomentar el trabajo en equipo, personalizar el aprendizaje, eliminar barreras; en definitiva, que permita incluir a todo el alumnado en el aula, de forma que todos y cada uno de nuestros alumnos estén presentes, participando y obteniendo logros, sin currículos paralelos y sin “sacarlos” del aula.

Aunque asociemos el ABP a la innovación, la escuela de Alejandría ya unificaba en sus enseñanzas los saberes de la aritmética, la gramática, la medicina, la geografía, la música y la astronomía.  A principios del siglo XX, John Dewey y sus ideas sobre la necesidad de experimentar -suya es la frase “Aprender haciendo”- influyeron en el método de proyectos de Kilpatrick, que es el origen del ABP.  Así pues, y parafraseando a Fernando Trujillo, “El Aprendizaje Basado en Proyectos NO es una innovación en el sistema educativo, aunque pueda serlo para un centro o para un docente en particular: el ABP es una estrategia metodológica con más de un siglo de historia, cuyas fortalezas y debilidades son bien conocidas y que ha sido utilizado –de diversas maneras, pues es una estrategia abierta– por un sin número de docentes en las más variadas situaciones” y que yo invito a conocer.

Trujillo (2015) nos habla de los elementos esenciales para el ABP donde se observan los ocho elementos esenciales para ABP:

  1. Contenido significativo, real y cercano.  El ABP contextualiza el aprendizaje.
  2. Necesidad de saber. La neurociencia nos explica que “aprender empieza por una curiosidad, por querer saber, por acercarse a lo desconocido (…)  La forma más directa de captar la atención es a través de la novedad” (Forés, y otros, 2015, pág. 50) Por medio del ABP provocamos esa necesidad de saber con un título sugerente, con un espacio decorado, con un vídeo, una pregunta…, que sorprenda y asombre a nuestros alumnos.  José Ortega y Gasset decía: “sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender”.
  3. Una pregunta que dirija el proyecto y que provoque esa necesidad de saber.  “Para aprender se requiere ese estímulo inicial que resulte interesante y nuevo” (Mora, 2013, pág. 74).
  4. Voz y voto para todo el alumnado. El ABP es una metodología inclusiva y, como tal, permite que todos y cada uno de los alumnos tengan algo que aportar.  Fomenta además el trabajo en equipo, así como la autonomía del alumno, que puede decidir el itinerario dentro del proceso.
  5. Competencias clave, competencias del siglo XXI. El ABP trabaja tareas competenciales con un producto final; cada una de estas tareas persigue el desarrollo de una serie de competencias, con actividades encaminadas a un pensamiento profundo y eficaz al trabajar procesos cognitivos de orden superior.
  6. Investigación. Si, como hemos comentando al empezar, lo que buscamos es un cambio de rol y pretendemos que el alumno asuma un papel activo en su propio aprendizaje, el profesor debe dejar de ser un mero transmisor de conocimientos y propiciar actividades en las que los alumnos deban investigar en profundidad, desarrollando de esta forma un pensamiento científico que les permita hacer hipótesis y experimentar.
  7. Revisión y reflexión. Interesante aspecto para desarrollar el pensamiento crítico en nuestros alumnos.  Desarrollar y estimular la metacognición, impregnar el currículo de cultura del pensamiento, son aspectos indispensables para conseguir un pensamiento profundo y eficaz y alcanzar las competencias del siglo XXI.
  8. Presentar el producto final ante la audiencia, una audiencia que puede ser los propios compañeros, o incluso otras clases, familias, internet…

 

Si tuviésemos que decir tres aspectos importantes, tres aspectos clave del ABP para animar a otros docentes a modificar sus prácticas docentes ¿qué diríamos?

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Yo me quedo con estos tres:

  • Estimula el pensamiento crítico y creativo en todo el alumnado.  En la taxonomía de Bloom estaríamos, por lo tanto, en procesos cognitivos de orden superior: evaluar, juzgar, defender, criticar, concluir, crear, diseñar, planificar… favoreciendo además la metacognición.

 

  • Fomenta el trabajo en equipo, el trabajo colaborativo.  Permite trabajar de forma conjunta a todos los alumnos de la clase.  Este aspecto es fundamental para crear ciudadanos del siglo XXI.

 

  • Desarrolla el lenguaje oral de todo el alumnado al tener que presentar sus productos ante una audiencia.

¿Cuáles son tus aportaciones? 

 

Para concluir y a modo de reflexión: si queremos trabajar con proyectos es necesario redefinir nuestro papel de docente y reflexionar sobre estas cuestiones.

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Para saber más:

 

 

 

Symbaloo con ejemplos, vídeos, cursos on line en abierto, recomendaciones de libros y proyectos colaborativos.

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TRABAJOS CITADOS:

Forés, A., Gamo, J., Guilén, J., Hernández, T., Ligioiz, M., Pardo, F., y otros. (2015). Neuromitos de educación. El aprendizaje desde la neurociencia. . Barcelona: Plataforma actual.

INTEF. (10 de Abril de 2015). No todo vale en ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos). Recuperado el 10 de Enero de 2016, de intefblog: http://blog.educalab.es/intef/2015/04/10/no-todo-vale-en-abp-aprendizaje-basado-en-proyectos/

L’Ecuyer, C. (2012). Educar en el asombro. Madrid: Plataforma editorial.

Mora, F. (2013). Neuroeducación. Sólo se puede aprender aquello que se ama. Madrid: Alianza editorial.

Trujillo, F. (2015). ABP. Infantil, Primaria y Secundaria. (S. G. Técnica, Ed.) Madrid: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Instituo Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF).

Trujillo, F. (30 de Noviembre de 2015). Fernando Trujillo Web&Blog. Recuperado el 10 de Enero de 2016, de Sitio web de Fernando Trujillo: http://www.fernandotrujillo.es

Vergara, J. (2015). Aprendo porque quiero. El ABP paso a paso. Madrid: sm.

Innovación e inclusión van de la mano

Si soy una persona enamorada de la educación, si soy una persona activista de la educación inclusiva y considero además que cuando implementamos prácticas inclusivas en la educación estamos innovando ¿puedo considerarme también una persona innovadora?

Comencemos por la definición.

¿Qué es innovación? La RAE define Innovar como Mudar o alterar algo, introduciendo novedades. Aunque las novedades para un centro pueden no serlo para otro, sí que es cierto que para innovar hay que dejar de hacer siempre lo mismo, hay que cambiar y transformar, y partir de una reflexión previa.

Pero voy a buscar una definición más personal, más relacionada con la educación inclusiva que defiendo y que recoja en tres ideas fundamentales qué entiendo por innovación educativa.

Innovar es cambiar, pero es cambiar con evidencias. Será por lo tanto un cambio basado en el conocimiento, un cambio con fundamento teórico, con raíces en la educación inclusiva (metáfora del árbol), pero sobre todo un cambio que sea capaz de transformar personas, de aportar valores humanos desde la perspectiva humanista de la educación que defiendo.

Ahora que ya tenemos más o menos claro que si queremos hablar de innovación educativa tenemos que hablar de un cambio basado en el conocimiento que aporte valor a lo que ya hacemos, ahora que ya tenemos claro que nuestro marco conceptual es la educación inclusiva con todo el alumnado presente en las aulas participando y progresando con todo lo que allí se hace, ahora que ya tenemos claro que queremos innovar….

 Sigamos por la transformación.

Ya he comentado que primero tenemos que desear el cambio, tenemos que imaginarlo y soñarlo, que además debemos conocer nuestra realidad para saber por dónde empezar a construir y a dónde queremos llegar, pero sobre todo, que tenemos que tener voluntad de actuar.

Ahora que ya lo tenemos claro, sigamos estos tres sencillos pasos:

1. Desear el cambio. 

Este primer paso es fundamental, si no deseamos el cambio difícilmente vamos a transformar, a innovar.

Si queremos que la escuela sea el centro del aprendizaje, que todo el mundo participe en el mismo, que sea además el corazón del barrio, de la sociedad, debemos pensar en cambios inclusivos que abarquen a toda la comunidad educativa dando voz, voto y participación a todos y cada uno de sus miembros.

Es importante por lo tanto encontrar momentos, espacios y tiempos para la reflexión. Espacios, momentos y tiempos que nos ayuden a redefinir objetivos claros hacia los que debemos caminar y esa será nuestra innovación. Partiremos de lo que ya hacemos para hacer cosas mejores con las que conseguir estos nuevos objetivos.

Y esta reflexión será conjunta, porque si queremos crear centros inclusivos, centros acogedores y seguros, debemos reconocernos todos como miembros de este proceso de transformación.

2. Voluntad de actuar.

Ya tenemos claros los objetivos que queremos conseguir, es hora de trabajar en equipo,  de trabajar como un solo cerebro. Me refiero al trabajo colaborativo, al liderazgo compartido, a equipos docentes autoorganizados, a la participación del alumnado, de la comunidad educativa, me refiero a construir entre todos culturas y políticas inclusivas.

3. Construir, crear.

Es el momento de la acción, de comenzar a implementar toda la innovación educativa que hemos acordado. Transformación en:

  • Las prácticas en el aula con actuaciones más inclusivas: metodologías activas, aprendizaje cooperativo y/o colaborativo, cultura de la evaluación, enriquecimiento para todo el alumnado…
  • En el rol profesorado/alumnado, otorgando un papel más activo al alumnado pasando a ser protagonista de su propio aprendizaje.
  • Las culturas del centro, creando no sólo ciudadanos del siglo XXI, sino ciudadanos mejores. Hablo de una alfabetización ética fundamentalmente.
  • Las políticas del centro, reorganizando los apoyos, no condicionándolos sólo al número de acnnee que hay en el mismo, sino como señala Antonio Márquez en su blog, redefiniendo el papel del profesorado de Pedagogía Terapéutica.
  • Los espacios, conquistando no sólo el espacio, sino también el tiempo con flexibilidad horaria y sesiones de 90 minutos, con un uso pedagógico de los recreos, con colegios ECOeducativos o ECOsociales donde se empodera al alumnado para resolver problemas sociales…

 

Y ahora, ¿tú también crees que la innovación y la inclusión van de la mano?

 

¿Qué podemos hacer en el centro para caminar hacia la educación inclusiva?

De nuevo una pregunta con respuesta, y como casi todo lo que explico, más sencilla de lo que pensamos y que está en nuestras manos poder implementarla en los centros educativos. Pero vayamos por pasos. Si en otra entrada hablaba de impregnar el centro de una cultura inclusiva, en esta me centraré en las políticas inclusivas, entendidas como las decisiones organizativas y de funcionamiento que van a condicionar que nuestro centro educativo sea innovador e inclusivo o no. ¿Por qué asocio innovación con inclusión?, porque considero que todas las actuaciones que llevemos a cabo a nivel de culturas, políticas o prácticas inclusivas que permitan la presencia, participación y logro de todos y cada uno de nuestros alumnos son actuaciones innovadoras (planes de convivencia abiertos, preventivos, participativos; alumnos ayudantes, mediadores; uso pedagógico de los espacios; apoyos inclusivos; liderazgo compartido; diálogo igualitario; desarrollo de capacidades, de talentos, enriquecimiento en todo el alumnado; trabajo colaborativo, cooperativo; metodologías activas…), si bien la innovación no necesariamente tiene que estar relacionada con la inclusión.

En la Facultad de Educación de Zaragoza soy profesora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y tengo el privilegio de impartir la asignatura de La escuela como espacio educativo donde se aprende cómo se organizan y funcionan los centros educativos, así que por supuesto hablamos de documentos, igual que voy a hacer en esta entrada. Porque lo que escribamos en ellos va a condicionar nuestras señas de identidad y nuestras actuaciones educativas.

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El término políticas inclusivas, referido a todos los cambios organizativos y de funcionamiento que un centro debe realizar para mejorar el aprendizaje y la participación de todo el alumnado, se debe a Tony Booth, Catedrático del Centro de Investigación Educativa de Canterbury y a Mel Ainscow, del Centro de Necesidades Educativas de la Universidad de Manchester, que lo emplearon por primera vez en el año 2000 en el Index for Inclusion, un conjunto de materiales diseñados para facilitar el desarrollo de una educación inclusiva en los centros escolares y que en la actualidad está por la tercera edición como “Guía para la educación inclusiva. Desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares”.

Si nuestro centro educativo ya está impregnado de esa cultura inclusiva que hace que cuando entre en él huela a concepción humanista que implica un planteamiento más abierto y flexible de la educación, es hora de plasmarlo en los documentos de centro. Revisemos pues estos documentos desde esta nueva mirada, sentémonos a reflexionar, a dialogar sobre lo que queremos que sean nuestras señas de identidad y que van a condicionar nuestras prácticas y nuestro quehacer diario.

En esta entrada hablo de tres aspectos sencillos que pueden ayudar a los centros a ser inclusivos.

En primer lugar me refiero a los apoyos.  La RAE define apoyo como:

Apoyo.  De apoyar.

1. m. Cosa que sirve para apoyar o apoyarse. 2. m. Protección, auxilio o favor. 3. m. Fundamento, confirmación o prueba de una opinión o doctrina.

En educación lo asociamos a ayuda; el apoyo será pues un sinónimo de ayuda, una ayuda que habla de relaciones naturales y de apoyo en las que las personas se ayudan y apoyan pero que también se refiere a las distintas fórmulas de cooperación dentro de la comunidad educativa, entre alumnos, profesores y familias, a las que me refería en la entrada anterior sobre culturas inclusivas, cuando hablaba de colaboración y de escuela abierta y participativa con la creación de redes de apoyo y aprendizaje compartido.

En el Decreto 135/2014, de 29 de julio, por el que se regulan las condiciones para el éxito escolar y la excelencia de todos los alumnos de la Comunidad Autónoma de Aragón desde un enfoque inclusivo se define apoyo educativo como  todas aquellas actuaciones, recursos, estrategias que aumentan la capacidad de los centros escolares para promover el desarrollo, el aprendizaje, los intereses y el bienestar de todo su alumnado; se habla, por lo tanto, de un apoyo inclusivo, de un apoyo dirigido a la totalidad del alumnado, al centro en general. Insiste además en que las actuaciones de apoyo especializados se proporcionen preferentemente en el aula ordinaria; de esta forma estaríamos hablando de eliminación de las barreras para el aprendizaje y la participación del alumnado.

Concretando este punto, debemos dejar de identificar el profesorado de apoyo sólo como profesorado del alumnado con necesidades educativas especiales, como ocurre en la actualidad, y tener una visión más amplia del concepto, ofreciendo apoyos a la totalidad del alumnado y promoviendo en el centro y en las aulas distintas fórmulas de cooperación.

El segundo aspecto que diferencia un centro innovador e inclusivo de uno tradicional, es el liderazgo. Se habla muy poco de ello en la carrera y existe también poca formación al respecto, además se asocia habitualmente con el Equipo Directivo, pero no necesariamente debe ser así. Un liderazgo autocrático y jerarquizado podemos hacerlo desde las aulas, así que de nuevo está en nuestras manos cambiar este liderazgo hacia un enfoque colaborativo, dialogante, en el que se marcan metan comunes, se escucha con empatía y comprensión, se piensa y se comunica con claridad y precisión… por medio de actuaciones que permitan dan voz y visibilidad a todo el alumnado.

Si hablamos de un liderazgo compartido en el centro, hablamos de permitir que todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa puedan asumir en un momento determinado un proyecto común. Peter Senge en 1999, acuña el término ‘ecología de liderazgo’ para referirse al trabajo en colaboración que persigue un objetivo común; habla también de comunidades de liderazgo, de colíderes. Si reflexionamos sobre ello, ¿a qué me estoy refiriendo cuando hablo de liderazgo compartido? Me refiero a COLABORAR, a trabajar en equipo, COLABORACIÓN con mayúsculas; no se trata de fomentar el trabajo individual, sino en equipo, aprendiendo de los demás y destacando los talentos con actuaciones que nos lleven a ello y sobre todo con la búsqueda de espacios y tiempos.

Y aquí enlazamos con el tercer recurso que puede ayudar a los centros para ser inclusivos, y es precisamente el uso pedagógico de espacios y tiempos, tema ya defendido por Giner de los Ríos en la Institución Libre de la Enseñanza, donde ya en 1876 hablaban de arquitectura escolar como una de las premisas clave para la educación; pero no es hasta la mitad del siglo XX, con Loris Magalozzi, cuando se retoma este aspecto: él se refiere al uso pedagógico del espacio como “El espacio, el tercer maestro”.

La arquitectura de los centros educativos en la actualidad nada tiene que ver con la que dominaba en las tres últimas décadas del siglo XX. Ahora se diseñan y se comienzan a construir centros diferentes, más amplios, con espacios diáfanos que permiten reorganizar aulas y reagrupar al alumnado, con grandes ventanales para que la luz entre a raudales, con mobiliario más colorido y atractivo…

Seguro que os preguntáis, eso está muy bien, pero yo ¿qué puedo hacer en mi centro educativo?  La cuestión es muy sencilla, podemos dar un USO PEDAGÓGICO a espacios que ahora no lo tienen, transformado en ocasiones el uso que se le venía dando. Si, por ejemplo, dinamizamos el recreo con una gestión diferente y dinámica, el uso ha cambiado, ahora tiene objetivos pedagógicos; muchos centros están trabajando en esta línea con muy buenos resultados en la mejora de la convivencia. Podemos también abrir las aulas al exterior, con aprendizaje fuera de las cuatro paredes; hay centros con huerto escolar que permite, entre otros aspectos, contextualizar muchos aprendizajes; podemos juntar clases con actividades que promuevan este agrupamiento por medio de la realización de talleres, proyectos… Si en el centro es posible, podemos cambiar también el uso habitual de otros espacios: una biblioteca que sirva para trabajar con proyectos, un amplio pasillo que sirva para trabajar en equipo o un aula de usos múltiples que sirva para realizar un debate o una obra de teatro.

Y, por supuesto, y para concluir, no olvidemos el tema de la accesibilidad, no sólo física, sino también la accesibilidad cognitiva en los centros educativos como un camino hacia la educación inclusiva, que es nuestro objetivo.  Un centro que elimina todo tipo de barreras, es un centro inclusivo, es un centro con una concepción humanista de la educación, abierto y participativo, que defiende el liderazgo compartido que implica colaborar y que todo él tiene un uso pedagógico.

Porque una educación inclusiva ES POSIBLE y está en nuestras manos.