Derecho y justicia social en la educación.

Cuando hablamos de educación inclusiva ¿realmente sabemos lo que es y lo que supone?¿Somos conscientes de que es un derecho? ¿Somos conscientes de que como docentes es nuestra obligación garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado? Cuando hablamos de educación inclusiva, ¿sabemos que hablamos de justicia social, de derechos humanos, de ética?

El principio de inclusión aparece por primera vez en España en mayo del año 2006, cuando se aprueba la Ley Orgánica de Educación (LOE). Ese mismo año, en el mes de diciembre, las Naciones Unidas aprueban también la Convención sobre los derechos de las personas con Discapacidad, que en su artículo 24 habla del DERECHO a una educación inclusiva. España firma y ratifica esa Convención en mayo del año 2008, y desde entonces entra a formar parte del ordenamiento jurídico español.

La educación inclusiva es un derecho que tiene todo nuestro alumnado y para nosotros, los docentes, es una obligación ofrecer y garantizar los apoyos y ajustes necesarios para conseguirla. 

 

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Hablar de justicia social es hablar de educación inclusiva; es hablar de asegurar que todos los niños y niñas tengan derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad; es hablar de filosofía, de ética y de humanismo; es hablar de personas. En la actualidad, cada vez hay más familias que para conseguir este derecho a la educación deben acudir a los tribunales, con el consiguiente sufrimiento, desasosiego e incertidumbre que ello acarrea. Esto no es hablar de justicia social, no es hablar de educación inclusiva.

La justicia social en educación debe alejarse del concepto tradicional de justicia legal y debe acercarse a la justicia como presencia y participación de todo el alumnado en el aula y sobre todo a la justicia como educación de calidad y éxito para todos.

Para ello, los docentes y los centros educativos debemos cambiar nuestras culturas, nuestra mirada, debemos ver la capacidad y no la discapacidad, ver el talento y no el déficit, debemos estar informados y formados, debemos transformar nuestras prácticas y debemos liderar este cambio.

La justicia social se basa en aceptar las diferencias, en diluir los límites entre lo que yo, como docente, entiendo por normalidad y anormalidad, en ofrecer una educación de calidad a todo el alumnado, en un cambio de mirada mío y en un cambio de cultura del centro educativo. Cuando no somos justos, somos injustos, y entonces hablamos de opresores y oprimidos, y yo soy opresora cuando soy culpable del sufrimiento ajeno, cuando cometo injusticias, cuando le digo a una familia que su hijo o su hija no puede estar en este centro, cuando no ofrezco apoyos y ajustes suficientes a todo el alumnado, cuando etiqueto, cuando pongo barreras, cuando no las elimino, cuando no permito que todos los niños participen, cuando segrego, cuando invisibilizo, cuando tengo prejuicios, cuando me molestan dentro del aula; pero, sobre todo, cuando acepto la injusticia como algo normal y lo habitual se vuelve opresivamente cotidiano.

Reflexionemos sobre nuestras prácticas, reflexionemos sobre cómo transformarlas, reflexionemos sobre nuestra mirada, reflexionemos sobre qué es lo que quiero, sobre las barreras que pongo y quiero eliminar, sobre los apoyos que necesito para conseguir eliminarlas, sobre lo que puedo y no puedo hacer sola, sobre quién me va a ayudar. Reflexionemos sobre la justicia y la injusticia y entonces, solo entonces, esta reflexión me servirá para caminar, para conseguir una educación justa, equitativa y de calidad para todo el alumnado, para hablar de educación con mayúsculas, porque no tendríamos que hablar de educación inclusiva, tendríamos que hablar solo de educación, de educación con mayúsculas, porque cuando añado el adjetivo “inclusiva” al sustantivo “educación”, quiere decir que previamente he segregado y que por eso ahora tengo que incluir. Seamos capaces de hacer brillar siempre a todo nuestro alumnado, de iluminarlos y permitir que nos iluminen.

Educar es lo mismoque poner un motor a una barca…Hay que medir, pensar, equilibrar…y poner todo en marcha.Pero para eso,uno tiene que llevar en el almaun poco de marino…un poco de

 

 

 

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La normalidad

Desde el mes de enero formo parte del Consejo Asesor de la Revista “Aula de Innovación Educativa” de la Editorial Graó y participo junto a mis amigos y compañeros inclusivos Antonio Márquez y José Blas García en la sección “En Voz Alta” donde reflexionamos con nuestros artículos sobre educación.

Este mes de abril he escrito sobre la normalidad, sobre las reflexiones que me cuestiono y hago de los límites y barreras que los docentes y la sociedad en general ponemos a la normalidad. Captura de pantalla 2018-04-22 a las 12.19.39

En voz alta, montaje visual del texto:


Puede leerse toda la revista en este enlace:

http://www.grao.com/es/producto/revista-aula-271-abril-18-la-cultura-matematica-de-las-personas-au271

Los nadies, los ningunos, los ninguneados.

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Eduardo Galeano escribió en 1940 un poema sobre Los nadies, y se refiere a ellos como “aquéllos que no son aunque sean, que no hablan idiomas, sino dialectos”. Podría reescribirse el texto con otros versos similares: que no hacen música, sino musicoterapia, que no hacen arte, sino arteterapia…. Y retomando los versos de Galeano, “que no tienen nombre, sino número”.

¿Qué nos hace pensar esto?

Los nadies en la escuela son todos los niños y las niñas que suponen un número, un número asociado a recursos; pero también son los invisibles, los apáticos, los inconformistas, los inseguros, los vergonzosos, los movidos, los rápidos, los lentos. Todos los que se salen de la norma. 

Yo veo dos normas que tal vez coexistan con otras:

  • La norma establecida como promedio y que se basa en el modelo psicopedagógico que nace en la década de los 90, que dicta la normalidad como una curva y que dirime que lo que se desvía de esta curva no es normal. 
  • Y la norma establecida por la sociedad que pone barreras visibles o invisibles que determinan lo que es o no es normal, barreras que excluyen a parte de la sociedad por ser diferentes, por no ser normales. 

Lo que no es normal, es anormal. La relatividad de ambos conceptos no puede determinar que existan los nadies, ni condicionar su futuro. Son conceptos frágiles que están supeditados a la mirada de la sociedad, por lo que cada vez es más necesario repensar la educación para avanzar. 

La primera norma se refiere al modelo psicopedagógico que sigue vigente en la actualidad. Un modelo basado en el déficit, en la etiqueta, en informes psicopedagógicos cuantitativos que solo se hacen a los nadies, a los diferentes, a los que no siguen la norma, a los que se salen de ella, donde se etiqueta y se aportan orientaciones individuales para que consigan “ser normales”. El modelo psicopedagógico excluye y etiqueta, permitiendo que se les ningunee de forma continuada. La inclusión es entonces un premio, no un derecho.

La respuesta educativa en este modelo es una respuesta individualizada, centrada en las necesidades educativas, porque el problema está en la persona, en lo que ella no es capaz de hacer. Este modelo no garantiza una educación inclusiva, equitativa y de calidad, al excluir y segregar al alumnado. 

La segunda norma está relacionada con el cambio de mirada, con reconocer y reflexionar sobre las barreras para la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el alumnado, para  eliminarlas y transformarlas en facilitadoras, como me comentaba el otro día mi amigo Víctor Rodríguez (@Victorod1).

Esta segunda norma pone el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellas. Esta mirada excluyente supone una barrera importante para lograr la inclusión plena de todas las personas en la sociedad. 

Es evidente entonces que este cambio es revolucionario, que exige cambiar estructuras organizativas en los centros educativos y prácticas educativas en las aulas; pero es una necesidad urgente y toda la sociedad debe apoyarlo. 

PROPUESTAS para el cambio y la transformación. 

  • Un liderazgo de la Administración con propuestas, leyes, normativas realmente inclusivas que apuesten por un modelo social no excluyente, donde el adjetivo inclusivo no sea solo eso, un adjetivo. 
  • Aclarar conceptos. Es necesario dar el significado que tiene a la inclusión, qué es y qué significa, qué es y qué supone hablar de ajustes razonables, de educación inclusiva, de integración, de diseño universal para el aprendizaje, de apoyos… Hablar todas las personas el mismo idioma evita agotar discursos. 
  • Hablar de ética de la inclusión nos permite sensibilizarnos con el tema, cambiar la mirada y eliminar barreras. Muy interesante para trabajar en esta línea, la guía REINE “Reflexión Ética sobre la Inclusión en la Escuela” editada en el 2009 por FEAPS. 
  • Equipos directivos inclusivos que lideren el cambio educativo. En una entrada sobre este tema hablaba de que es indiscutible la importancia que el director o directora de un centro tiene en el devenir del mismo. Un tipo de liderazgo u otro condiciona el que las culturas, políticas y prácticas de un centro sean inclusivas o segregadoras. Decálogo del líder educativo inclusivo
  • Equipos directivos y equipos de orientación deben ir de la mano liderando los cambios organizativos, con el objetivo de que la inclusión llegue al corazón de los centros educativos. El papel de la orientación debe cambiar y ayudar a la transformación, los equipos de orientación son palancas de cambio en este proceso transformador, deben cambiar el modelo psicopedagógico anclado en los años 90 y abrirlo al modelo social que se centra en cómo modificar el contexto discapacitante que impide participar y obtener logros a todo el alumnado. Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez) explica en su entrada  “WorkShopOrienta: el estallido de los silenciados”, los cuatro enfoques necesarios para una evaluación psicopedagógica centrada en el contexto.
  • Trabajar juntos para crear redes. Cuando hablamos de educación inclusiva hablamos de participación real de toda la comunidad educativa. Es necesario crear redes de apoyo en los centros educativos, de forma que nuestros centros se constituyan en una verdadera comunidad de apoyo.
  • En su blog Accesibilidad e Inclusión, José Alfredo Espinosa (@jespin5) reflexiona sobre “La importancia de trabajar juntos“, más allá de la propia comunidad educativa, destacando la necesidad de crear espacios que permitan dar voz y visibilidad a todas las acciones inclusivas. Espacios de conocimiento e inquietudes compartidas, de buenas prácticas e ilusión. 
  • Caminar juntos universidad y centros educativos, con la idea de evidenciar que las metodologías para la inclusión son una realidad, que la forma de enseñar puede ser una barrera salvable y que las prácticas inclusivas permiten que todo el alumnado esté presente participando y obteniendo logros en el aula. 
  • Crear un Observatorio para la Inclusión en los propios centros educativos, donde se pongan en valor las buenas actuaciones que allí se hacen y permiten que sea un centro acogedor y seguro para todo el alumnado, un centro que abre las puertas al entorno y la participación. Un Observatorio formado por miembros de toda la comunidad educativa, que no se centra en lo punitivo, en lo que haces mal, sino que evidencia las buenas prácticas, que las comparte y divulga e incluso crea materiales.
  • Visibilizar las buenas prácticas inclusivas nos hace ver que la educación inclusiva “ES POSIBLE”. Rodrigo J. García en Escuelas en Red, visibiliza la innovación educativa sin olvidar nunca la inclusión. El Proyecto Colaborativo “Pedagogía Inclusiva. Escuelas inclusivas” hace resúmenes mensuales sobre inclusión, escuelas inclusivas y pedagogías inclusivas, y cartografía los centros inclusivos; en twitter está como Escuelas Inclusivas (@Escu_Inclusivas) Son algunos de los ejemplos. 

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Vídeo sobre el texto:

Portafolio de talento y DUA para un cambio de mirada.

Una educación inclusiva, equitativa y de calidad es un DERECHO, pero también lo es que se hagan ajustes razonables y que se presten los apoyos necesarios a las personas con discapaci

La educación inclusiva es un DERECHO, tal y como se contempla en el artículo 24 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (1), pero en ese mismo artículo, en el párrafo 1, se habla también de “Desarrollar al máximo la personalidad, los talentos y la creatividad de las personas con discapacidad, así como sus aptitudes mentales y físicas“, siendo por lo tanto este desarrollo también un derecho.

Y yo pregunto:

¿Ves en tu alumnado siempre la capacidad frente a la discapacidad? ¿Ves sus talentos? ¿Los desarrollas en el aula? ¿Te centras en sus fortalezas, las conoces? ¿Haces brillar siempre a todo el alumnado? ¿Ves a la persona? ¿Ves lo que puede hacer? ¿Te basas en la cultura del cuidado y del apoyo o en la cultura de la compasión y la pena? 

Con respecto a este aspecto, al desarrollo de las capacidades de todo el alumnado, en el punto 16 de la Observación general número 4 (2016) sobre el derecho a la educación inclusiva (2) se habla de que “La educación de las personas con discapacidad se centra con demasiada frecuencia en una perspectiva de déficit, en su deficiencia real o percibida y en la limitación de sus oportunidades a supuestos predefinidos y negativos de su potencial. Los Estados partes deben apoyar la creación de oportunidades para aprovechar los puntos fuertes y el talento únicos de todas las personas con discapacidad”. 

12La cuestión es cómo hacerlo. ¿Cómo puedo apoyar en el aula la creación de oportunidades para aprovechar los puntos fuertes y el talento de todo el alumnado? Los docentes habitualmente nos planteamos ¿qué puedo hacer yo en el aula para garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad que promueva y desarrolle los talentos de todo el alumnado, una educación que no se base en el déficit y que me permita crear situaciones de aprendizaje ricas para todos los alumnos? Voy a hablar de dos propuestas que están relacionadas y se complementan.

La propuesta primera es conocer al alumnado, conocer sus intereses, sus fortalezas, sus capacidades, su estilo de aprendizaje, lo que cada uno quiere y sueña, lo que necesita y desea.  Esto nos servirá y ayudará, en segundo lugar, a realizar los ajustes necesarios para eliminar las barreras que les impiden ser, estar y brillar en el día a día, con sus amigos y amigas. Estos ajustes se contemplan en el Diseño Universal para el Aprendizaje, que expliqué ya en otra entrada.

3El Portafolio de talento es una propuesta que  Joseph Renzulli y Sally Reis (3) desarrollan en el modelo de enriquecimiento para toda la escuela y que nos va a ayudar a conocer al alumnado y ofrecerle los ajustes razonables.

Para Renzulli y Reis (2016) “cada niño tiene sus puntos fuertes o fortalezas potenciales, y nuestro trabajo en el modelo de enriquecimiento para toda la escuela (SEM) aprovecha estas fortalezas ayudando a cada estudiante a desarrollar un portafolio de puntos fuertes en tres áreas: aptitudes, intereses y estilos de aprendizaje”, de forma que “los portafolios de talentos son utilizados para documentar fortalezas, intereses y talentos” (página 95)

La propuesta de trabajo es construir el portafolio de talento a principio de curso, un portafolio que puede formar parte de su expediente académico y que todos los años se vaya modificando. Habitualmente en este expediente solo constan las calificaciones y los documentos oficiales de evaluación. Toda esta información está referida siempre a los defectos, a las faltas cometidas, detecta los errores y los sanciona, se centra en lo que el alumnado no sabe hacer, en sus lagunas; esta información está basada en un modelo centrado en el déficit. De forma que con estos documentos no conocemos nunca las fortalezas de nuestros alumnos, ni sus capacidades, intereses, motivaciones, hábitos de estudio, estrategias de aprendizaje, preferencias de agrupamiento…, aspectos todos ellos que nos van a ayudar a garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y a realizar los ajustes razonables adecuados para que todo el alumnado pueda desarrollar siempre todo su potencial, tal y como se contempla en el artículo 24 de la Convención.

Los ajustes están referidos a la persona y difícilmente podemos realizarlos de forma adecuada si no la conocemos. No debemos confundir ajustes con accesibilidad, aunque ambos son un derecho y los dos conceptos son dinámicos y requieren adaptaciones periódicas; los ajustes están referidos a la persona, como hemos dicho y la accesibilidad está dirigida a más usuarios.

4El objetivo de este Portafolio de talento es conocer los intereses y estilos de aprendizaje  de todo el alumnado para realizar los ajustes razonables basándonos en el DUA. De tal forma que al conocer sus intereses somos capaces de proporcionar múltiples formas de implicación y de motivación, como vimos en la entrada anterior que se hablaba del Diseño Universal para el Aprendizaje (4).

Toda la información que nos ofrecen los estilos de aprendizaje nos servirá para proporcionar múltiples formas de representación, porque no todas las personas percibimos y comprendemos la información igual, y múltiples formas de acción y expresión, de forma que se permito a cada estudiante interaccionar con la información y ser capaz de demostrar el aprendizaje de acuerdo con sus propias habilidades estratégicas que previamente conoce.

Esta propuesta es un paso hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad y permite, como nos dice el Código Deontológico (5) de la profesión docente (2010) “promover la formación integral del alumnado a través de una atención personalizada y una relación de confianza que contribuya a fomentar la autoestima, la voluntad de superación y el desarrollo de las capacidades personales”.

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(1) Artículo 24 de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con discapacidad, que España aprueba y ratifica, pasando a formar parte de su ordenamiento jurídico. España se compromete así a cumplirla, observarla y hacer que se cumpla.

(2) Observación general número 4 (2016) sobre el derecho a la educación inclusiva, elaborada y difundida por el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad el 25 de noviembre de 2016, que puede leerse entera en esta entrada del blog Accesibilidad e Inclusión, de José Alfredo Espinosa.

(3) Renzulli, J., & Reis, S. (2016). Enriqueciendo el currículo para todo el alumnado. Madrid: Ápeiron Ediciones.

En el Blog Gestión de Talento, Roberto Ranz explica en qué consiste el Portafolio del talento en dos entradas.

(4) Recomiendo esta entrada colaborativa del Grupo de Trabajo “OrINCLUSIVA” sobre el Diseño Universal para el Aprendizaje.

(5) Código deontológico de la profesión docente, aprobado por el Pleno del Consejo General de Colegios oficiales de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias, en su sesión del 6 de noviembre de 2010.

Diseño Universal para el Aprendizaje, una respuesta inclusiva.

La educación inclusiva se basa en el modelo social de la discapacidad, que aunque tiene sus orígenes en los años 60, no será hasta la década de los 80 cuando comience a tener auge. Este modelo no se centra en el déficit, ni en la discapacidad de la persona para “curarla”, sino que pone el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellas. Si este modelo lo llevamos a la educación, es en el contexto, en la eliminación de barreras, donde debemos poner la mirada para dar una respuesta inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado. Y ahora pregunto: ¿Qué hay más rígido que el currículo? ¿Qué prejuicio es más limitante que las bajas expectativas? ¿Qué es más excluyente que sacar al alumnado de las aulas?.

En una entrada anterior explicaba que la inclusión nunca tiene que ser un premio, la inclusión es un derecho, como también lo es asegurar los ajustes razonables y los apoyos adecuados para fomentar al máximo el desarrollo académico y social de todo el alumnado, tal y como aparece en el artículo 24 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Si ahora reflexionamos sobre todo lo escrito, si somos conscientes de que el currículo es una barrera al aprendizaje y por ende a la participación y que puede suponer un contexto muy discapacitante para algunos niños y niñas, si somos conscientes de que la cultura del apoyo y del cuidado deben formar parte del día a día del aula frente a la cultura de la compasión y la pena y si somos conscientes de que asegurar ajustes es un derecho y con los derechos no se negocia, entonces es el momento de pasar a la acción y de avanzar en la inclusión. Este paso, que nos permite caminar hacia el horizonte utópico de la educación inclusiva, supone propiciar actividades ricas, tareas contextualizadas, aprendizajes enriquecidos que propicien el pensamiento crítico y creativo y que tengan en cuenta a todo el alumnado siempre; supone no solo aprender, sino ser competente para desenvolverse eficazmente; supone estar presente y participar en las actividades del aula; en definitiva, supone caminar juntos.

No es la primera vez que comento que las metodologías inductivas son medidas metodológicas inclusivas que van a permitir que todo el alumnado participe. Estas metodologías (aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje basado en problemas, aprendizaje basado en retos…) insisten en que sea el propio alumnado el que construya el conocimiento partiendo de un reto, una pregunta o una situación problemática, fomentando así el trabajo en equipo y permitiendo la transferencia y aplicación de conocimientos en otras situaciones. Pero la propuesta hoy es otra: hagamos las programaciones de aula con la metodología inclusiva que consideremos más adecuada, teniendo en cuenta el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), para no dejarnos nunca a nadie atrás, para hacer siempre propuestas inclusivas y ajustadas a todo el alumnado, para no hacer adaptaciones curriculares posteriores, para caminar hacia la inclusión.

Serán programaciones inclusivas que tendrán en cuenta la enseñanza multinivel y cuyos estándares de aprendizaje estarán formulados desde la perspectiva del DUA, es decir, redactados de forma flexible y variada para que puedan ofrecer a todos los estudiantes la oportunidad de alcanzarlos. Serán programaciones inclusivas que no dan la espalda a las propuestas pedagógicas actuales, sino que se apoyan en ellas para eliminar la exclusión en la escuela y desde la escuela.

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El Diseño Universal para el Aprendizaje nos sirve de guía para conseguir esto y más, nos ayuda a hacernos conscientes de dónde estamos y dónde debemos llegar en nuestro camino hacia la inclusión, nos marca pautas para lograrlo y puntos de verificación que nos hacen reflexionar sobre posibles ajustes y que van a permitir que todo el alumnado obtenga aprendizajes exitosos de calidad.

Basado en fundamentos neurocientíficos, el Diseño Universal para el Aprendizaje relaciona las tres redes neuronales con tres principios y sus respectivas pautas y puntos de verificación que ayudan a reflexionar sobre los ajustes razonables que podemos hacer.

PRIMER PRINCIPIO. Proporcionar múltiples formas de implicación en la práctica docente.

8Se centra en la MOTIVACIÓN como elemento esencial en el aprendizaje, en el porqué del aprendizaje. Por ello, como docente debo hacerme algunas cuestiones: ¿Cómo voy a motivar a todo el alumnado? Y sobre todo, ¿cómo voy a mantener su atención? Este aspecto es muy importante, puesto que se refiere no solo a la motivación externa sino también a la motivación interna.

Este principio nos dice que en la misma programación de aula tengamos en cuenta estrategias para la autorregulación, el aprendizaje autónomo y la metacognición. Hablamos de conocer los errores y de aprender de ellos, de introducir la evaluación en el propio proceso de aprendizaje con propuestas de autoevaluación y coevaluación, de escribir diarios de aprendizaje o trabajar con portafolios, entre otras pautas docentes.

Pero este principio también tiene en cuenta el trabajo en equipo y de la gestión de las emociones, entendiendo la importancia no solo de las interacciones dialógicas en el aprendizaje de todo el alumnado, sino también de que el diálogo que se establezca esté basado en una relación de igualdad y no de poder, lo que enfatiza en la idea de inclusión y de reconocimiento de todas las personas.

¿Qué propuestas pedagógicas actuales pueden encajar dentro de este principio? Tanto la gamificación como el escape room nos van a  proporcionar múltiples formas de implicación. 

SEGUNDO PRINCIPIO. Proporcionar múltiples formas de representación, porque no todas las personas percibimos y comprendemos la información igual.

11Se centra en EL QUÉ DEL APRENDIZAJE, en que el aprendiz sea capaz de identificar los recursos adecuados, de reconocerlos, ofreciendo más opciones de acceso real al aprendizaje.

Este principio nos indica que como docentes debemos asegurarnos de que todo el alumnado nos entiende y comprende, de que todo el alumnado perciba la información.

Para ello, en el momento en que estemos diseñando la programación de aula, debemos tener en cuenta la presentación de la información, de forma que tal y como se contempla en los Hábitos de la Mente, de Arthur Costa, puedan “recabar los datos por todos los sentidos”; ayudar a la transferencia del conocimiento utilizando organizadores gráficos para activar conocimientos previos o agrupar la información; tener en cuenta también que es necesario utilizar distintos formatos de presentación de la información, no solo el texto escrito; y muy interesante en este principio, el tema de la lectura fácil para hacer más accesibles los textos y/o vídeos que se van a trabajar en el aula.

Propuestas pedagógicas actuales que encajan dentro de este segundo principio:  Modelo flipped classroom para activar conocimientos previos, Realidad Aumentada para proporcionar opciones para la percepción y Visual Thinking para maximizar la memoria, la transferencia y la generalización. 

TERCER PRINCIPIO. Proporcionar múltiples formas de Acción y Expresión. 

14El tercer principio se centra en CÓMO APRENDER, en el estudiante orientado a cumplir metas. Este principio permite que cada estudiante interaccione con la información y sea capaz de demostrar el aprendizaje de acuerdo con sus propias habilidades estratégicas.

Aquí nos debemos centrar en cómo los alumnos nos muestran la información, posibilitando que utilicen la tecnología, los dibujos, el cuerpo… Pero también nos centraremos en trabajar las funciones ejecutivas de todo el alumnado en el aula, de forma que en la propia programación proporcionemos opciones para trabajarlas, opciones para la presentación de la información utilizando múltiples medios de comunicación, o múltiples herramientas tecnológicas.

En este principio se proporcionan también todas las herramientas, productos y tecnologías de apoyo que el alumnado necesite, porque la educación inclusiva no es un premio, es un derecho.

Propuestas pedagógicas actuales que encajan dentro de este principio: Mobile learning que proporciona opciones para la interacción física, Aprendizaje basado en el pensamiento y el pensamiento computacional que apoyan la planificación y el desarrollo de estrategias.

Para saber más:

Alba, C. (2016). Diseño Universal para el Aprendizaje: Educación para todos y prácticas de enseñanza inclusivas. San Sebastián de los Reyes, Madrid: Morata.

Feliz Navidad “Caminando hacia la inclusión”

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En ocasiones cuando estoy dando formación alguna persona me dice que la educación inclusiva es una utopía. Pero, ¿cómo podemos entender la utopía?

Podemos entenderla como algo que es muy improbable que suceda o que incluso es irrealizable, si entiendo la educación inclusivo así, suelo hacer atribuciones externas que me justifican que no se pueda llevar a cabo encontrando siempre razones ajenas a uno mismo, como falta de apoyos, falta de recursos, no puedo con todo el alumnado más fulanito o fulanita…

Pero cuando la utopía se concibe y tiene su origen en la insatisfacción o en un desacuerdo con la realidad educativa y social existente, entonces hablaremos de la utopía como motor de cambio y transformación social, hablaremos de #RevoluciónInclusiva, de cambio, de marcar bien el horizonte y caminar todas las personas juntas hacia esa pedagogía humanista y liberadora de Freire.

Esta es mi utopía, este es mi sueño, un sueño posible, un sueño necesario y urgente, un sueño compartido. Me quedo con las palabras de Eduardo Galeano para comenzar el nuevo año.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

Un paso a la acción. Líneas de reflexión sobre la educación inclusiva.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (3)

El uso del adjetivo inclusivo/inclusiva está de moda. Se une indistintamente a educación, centro educativo, actividad, lenguaje, deporte, sociedad… de forma habitual, para dar énfasis en la aceptación de todos, en la no exclusión. Pero la realidad es bien distinta. Ni la educación, ni los centros educativos, ni las actividades, ni el lenguaje, ni el deporte, ni la sociedad serán verdaderamente inclusivos si no somos capaces de cambiar la mirada, de ver capacidades donde otros ven discapacidades; de ofrecer contextos flexibles que permitan que todas las personas puedan participar y obtener logros, contextos donde no existan barreras que les impida estar, participar, sentirse acogidos y poder desarrollar así, su pleno potencial.

Si en educación nos centramos en la discapacidad, si nos fijamos únicamente en lo que las personas no saben hacer, decir o realizar, si la respuesta sigue siendo segregadora y terapéutica, entonces tenemos un problema, un problema conceptual que es necesario aclarar y leer en el post aclarando conceptos, antes de pasar a la acción.

PRIMERA REFLEXIÓN.  El modelo social sobre el que se apoya la educación inclusiva se basa en un cambio de mirada de la discapacidad, poniendo el énfasis en el contexto, en las barreras, en los prejuicios, en las actitudes negativas y en la exclusión por parte de la sociedad de determinadas personas que son distintas a ellos. El modelo inclusivo no niega que haya diferencias individuales, puesto que todas las personas somos únicas y diferentes; este modelo se centra en que es la sociedad la que promueve la exclusión, en que la discapacidad es una construcción social, y que la inclusión no es un premio sino un derecho. De esta forma, la exclusión estaría por lo tanto en nosotros mismos, en nuestra mirada. Nacho Calderón lo explica de una forma muy poética cuando señala que “la discapacidad no está en un cuerpo, sino al menos, entre dos cuerpos”.

Las barreras que pone la sociedad a la discapacidad, las barreras que ponemos los docentes a una educación inclusiva de calidad para todo el alumnado, pueden ser barreras físicas o mentales, visibles o invisibles, conscientes o inconscientes, pero en cualquier caso son barreras que debemos eliminar y que deben constituir por lo tanto nuestra primera reflexión.

¿En mi aula, en mi centro, hay barreras a la participación, a la presencia? ¿Las pongo yo? ¿Todo el alumnado del aula, del centro, participa, está presente? ¿Tengo siempre altas expectativas para todo el alumnado? ¿Ofrezco posibilidades para que los estudiantes se ayuden mutuamente? ¿Fomento la colaboración en el aula? ¿Los estudiantes tienen la seguridad de que recibirán ayuda si tienen dificultades? ¿Fomento la cultura de la colaboración en el aula, en el centro? ¿Cómo es mi mirada, dónde veo las discapacidades? 

PROPUESTAS PEDAGÓGICAS. El cambio de mirada. 

Es importante trabajar en el aula el cambio de mirada con actividades que impliquen reflexionar y dialogar sobre ello, fomentando de esta forma el pensamiento crítico en todo el alumnado, unas actividades que buscan que el alumnado reflexione, comprenda, argumente y contraargumente, emitiendo juicios de valor.

SimplicityUn ejemplo de estas actividades sería el mapa inclusivo de la empatía a partir de libros, vídeos o situaciones que nosotros planteamos como hipotéticas y sobre las que podemos reflexionar; es interesante que en el mapa de la empatía los alumnos descubran las barreras que existen y sobre todo que hagan propuestas sobre cómo derribarlas o eliminarlas; o las siempre interesantes tertulias literarias dialógicas a partir de libros como La lección de August o la película Wonder. En el blog Wonderpeli, encontraréis propuestas de actividades para trabajar en el aula y en la familia después de la lectura del libro o del visionado de la película.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (1)

Que la educación inclusiva, equitativa y de calidad es un derecho, como también lo es asegurar los ajustes razonables y los apoyos adecuados para fomentar al máximo el desarrollo académico y social en todo el alumnado (1), es algo que ya a estas alturas del siglo XXI debería ser conocido por todos los docentes, y sin embargo la realidad te dice que eso no es cierto.

No solo se utiliza el adjetivo inclusión para asociarlo a prácticas segregadoras, sino que se cometen injusticias abanderadas por el calificativo inclusivo. Estas reflexiones son importantes para comenzar a cambiar, es necesario pararnos a pensar y a repensar para comenzar así a ser conscientes de que en ocasiones no estamos garantizando el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. Y no lo estamos haciendo cuando retiramos los apoyos, cuando no los ofrecemos o cuando no los gestionamos adecuadamente; cuando pensamos que un aula específica o un aula de educación especial en si mismas ya son una respuesta inclusiva; cuando no hay nada que ajustar porque se piensa que algunos alumnos ni saben, ni pueden ni quieren; cuando solo realizo adaptaciones significativas que condenan al alumnado a una vida de pobreza y miseria. Pero también cometo injusticias cuando asocio el apoyo única y exclusivamente con el profesorado especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje o compensatoria y luego en clase estos alumnos tienen currículos paralelos que condicionan su participación en las dinámicas que se hacen en las aulas; o puedo caer también en el error de considerar que apoyo es sinónimo de los recursos que deben ofrecernos las Administraciones y cuando no tenemos esos apoyos decimos que este niño o este joven, estaría mejor en otro centro con más recursos; o… cuando encontramos otras muchas razones para no asegurar ni los apoyos ni los ajustes que por ley les corresponden.

SEGUNDA REFLEXIÓN. La relatora de las Naciones Unidas (2) define el apoyo como “el acto de prestar ayuda o asistencia a otra persona para que pueda realizar actividades y pueda participar en el aula”. La educación inclusiva se basa en una concepción humanista de la educación que se centra en la perspectiva de los Derechos Humanos y de la justicia social. El modelo social en el que se mueve la educación inclusiva habla de eliminar barreras para crear contextos acogedores y seguros para todo el alumnado. Tendremos alumnos y alumnas en nuestros centros  educativos que necesiten siempre un apoyo, una ayuda, para participar significativa y plenamente en el aula, otros que necesiten el apoyo puntualmente, otros que no lo necesiten, pero siempre nos basamos en la ayuda, en la colaboración. El apoyo en la educación inclusiva es por lo tanto ayudar, colaborar, construir juntos partiendo de la capacidad. Ofrecer un apoyo de calidad es un derecho y en ocasiones es imprescindible para que todo el alumnado pueda participar activamente en el aula. La falta de apoyos adecuados supone por lo tanto segregar, cometer injusticias y poner barreras a la presencia, participación o aprendizaje, de una forma consciente.

¿Entiendo entonces que apoyo son todas las actuaciones y actividades que el docente pueda realizar para dar una respuesta inclusiva a todo el alumnado y que le permitan entonces participar en el aula? ¿El apoyo es además colaborar, ajustar el contexto, trabajar entre iguales, eliminar barreras o el apoyo es solo estar en el aula junto a un alumnado concreto? ¿El apoyo son solo recursos materiales y personales? ¿Los apoyos ayudan a eliminar barreras?

HACIA UNAPROPUESTAS PEDAGÓGICAS. Apoyos para incluir a todo el alumnado.

Debemos hacer que nuestros centros educativos se constituyan en una verdadera comunidad de apoyo. Que formen una red que se presta ayuda para que todo el mundo pueda participar. De esta forma el apoyo no se centra únicamente en un profesorado concreto, sino que alumnado, profesorado, familias, comunidad educativa en general, colaboran para ayudar con propuestas claras. La cultura de la colaboración impregna de esta forma todas las actuaciones que allí se desarrollan.

La autonomía pedagógica, de gestión y de organización de los centros implica la elaboración de unos documentos institucionales que deberán basarse en el enfoque inclusivo. Estos documentos, como el Proyecto Educativo de Centro desde un enfoque inclusivo, Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo o el Proyecto de Dirección desde un enfoque inclusivo, son documentos que determinan las señas de identidad de un centro y que van a condicionar todas las actuaciones que allí se hagan.

 

Apoyo es el acto de prestar ayuda o asistencia a una persona que la requiere para realizar las actividades cotidianas y participar en la sociedad (2)

En la normativa actual todavía se habla de adaptaciones curriculares y no de diseño universal, se sigue centrando el foco en la discapacidad (cuestionando incluso en ocasiones las capacidades de determinado alumnado), en las necesidades educativas que en ocasiones son “especiales”, en las carencias y deficiencias, para que luego el profesorado, teniendo en cuenta las características individuales del alumnado y su contexto, haga una adaptación al currículo, una adaptación que el niño o niña pocas veces compartirá con el resto del alumnado, tendiendo de esta forma a dar una respuesta individualizada, segregadora y rígida, que ni cambia ni modifica el contexto ni elimina las posibles barreras a la presencia, a la participación y al aprendizaje, ni mucho menos permite la participación activa y significativa en el aula, ni la socialización de este alumnado.

Se observa entonces un baile entre el modelo social por el que aboga la educación inclusiva y el modelo psicopedagógico de la normativa actual. Un modelo este último que nace en la década de los 90 y que prácticamente no ha cambiado nada desde entonces. Un modelo que se basa en las necesidades educativas, que adapta el currículo, que lleva asociado unos recursos personales y cuya intervención, en muchos casos, continúa siendo segregadora. Un modelo que sigue asociando la atención a la diversidad con un profesorado concreto, como si la respuesta educativa solo dependiese de esos profesores, y que lleva la coletilla de “terapéutica” como si de un modelo rehabilitador se tratase.

TERCERA REFLEXIÓN. Desde que en 1985 comenzase de forma experimental el programa de integración, basado en el principio de normalización e integración, hasta ahora, poco o muy poco han cambiado las prácticas y los centros educativos y ¡han pasado más de treinta años!.

Sigue existiendo un profesorado especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje para atender a un alumnado con unas necesidades educativas “especiales”. Estas intervenciones suelen realizarse habitualmente fuera del aula, enfatizando así en el término “especiales”. Son apoyos puntuales, con un número de sesiones concretas a la semana. En otros centros existe también la figura de profesorado de compensatoria, que trabaja con el alumnado en situación de desventaja social, pero con la misma dinámica y apoyos que la descrita anteriormente.

Y en el resto de las sesiones… ¿Qué hace este alumnado? ¿Participa de las actividades que se realizan en el aula, hace otras tareas o lleva otro currículo paralelo? ¿Participa en actividades grupales y colaborativas en el aula? ¿Comparte sus conocimientos y habilidades? ¿Se ofrece ayuda a los demás de forma habitual?

Y el profesorado… ¿Cómo atiende la diversidad cuando está en el aula? ¿Asegura los ajustes razonables a todo el alumnado? ¿Qué apoyos les ofrece? ¿Tiene en cuenta un diseño universal para el aprendizaje?

Y el centro… ¿Cómo organiza los apoyos? ¿Sus documentos institucionales son inclusivos? ¿Gestiona la autonomía pedagógica, de gestión y de organización de una forma inclusiva? ¿Existe una verdadera comunidad de apoyo o se centra el apoyo solo en un profesorado concreto?

4PROPUESTAS PEDAGÓGICAS. Diseño Universal para el Aprendizaje.

Desde el modelo social sobre el que se sustenta la educación inclusiva, la rigidez del currículo y el dominio o no de metodologías inclusivas por parte del profesorado suponen una barrera para la participación y el aprendizaje de todo el alumnado.

Por lo que para facilitar una respuesta inclusiva es necesario que  todo el profesorado conozca y domine medidas curriculares y metodológicas que faciliten el mayor grado de participación y aprendizaje de todos en el aula. Estas medidas para dar respuesta al derecho a la inclusión deben formar parte de los itinerarios formativos y de los documentos institucionales de los propios centros educativos.

Una propuesta sustentada en el Diseño Universal de Aprendizaje se basa en la necesidad de tener en cuenta a todo el alumnado desde el mismo momento de la programación, para poder así hacer los ajustes necesarios que eviten posteriores adaptaciones.

Un paso a la acción es un compromiso de todos, no únicamente de la Administración con sus normativas, ¡que, por supuesto, son importantes! sino también del propio profesorado. No olvidemos que la respuesta educativa inclusiva es un tema que atañe a todo el profesorado y que “atender la diversidad”, es atender a todo el alumnado, no solo al que tiene necesidades educativas.

Un cambio de mirada que ponga el énfasis en el contexto discapacitante y no en la persona con discapacidad y un cambio en la concepción del apoyo son dos aspectos necesarios e imprescindibles para esta #RevoluciónInclusiva que ya está en marcha. Esta respuesta educativa inclusiva debe poner el punto de vista en la colaboración, en la ayuda mutua, debe tejer redes naturales de ayuda que se apoyen en el vínculo y el cuidado, en el aprendizaje dialógico, en el respeto, en los derechos humanos y en la justicia social.

La #RevoluciónInclusiva supone una concepción holística y humanística de la educación, donde todo el mundo es acogido y siente que pertenece al grupo, donde todas las personas pueden ser y estar sin necesidad de tener que incluirse, porque ya son personas y ya están participando, donde todo el mundo aporta, participa y brilla, donde se valora y se aprende de la diferencia. Una educación para todos y con todos. 

 

 

 

(1) Artículo 24 de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con discapacidad, que España aprueba y ratifica pasando a formar parte de su ordenamiento jurídico. España se compromete así a cumplirla, observarla y hacer que se cumpla.

(2) Naciones Unidas (2016). Informe de la Relatora Especial sobre los derecho de las personas con discapacidad. Número de publicación A/HRC/34/58. Recuperado de https://www.dropbox.com/s/qa7cjpn9cvcyhq2/INFORME%20RELATORA%20APOYOS.pdf?dl=0

Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo

Con la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, Ley 1/90 de 3 de octubre (LOGSE), se contempló por primera vez la autonomía pedagógica, de organización y de gestión de los centros educativos, que desde ese momento debían desarrollar y concretar el currículo en el marco de su programación. Estas concreciones pedagógicas, organizativas y gestoras se recogen en documentos institucionales contemplados también normativamente y cuya concreción se explicita todos los años en la Programación General Anual.

El Plan de Atención a la Diversidad es uno de esos documentos, junto con el Proyecto Educativo de Centro, que se contempla en el artículo 121 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación y en la posterior redacción dada en la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa. Se especifica que se recogerá la forma de atención a la diversidad del alumnado… respetando el principio de no discriminación y de inclusión educativa como valores fundamentales.

¿Pero realmente en la elaboración y posterior aplicación del Plan de Atención a la Diversidad se tiene en cuenta el principio de no discriminación y de inclusión educativa? ¿Lo hacemos cuando nuestra práctica habitual es la segregación? ¿Lo hacemos cuando los apoyos son fuera del aula con adaptaciones curriculares significativas? ¿Lo hacemos cuando nuestro alumnado está en aulas preferentes sin apenas interacción con su grupo de referencia? ¿Lo hacemos cuando tenemos bajas expectativas para un alumnado concreto? ¿Lo hacemos cuando no implementamos habitualmente en las aulas, en los centros educativos, medidas organizativas, curriculares y metodológicas inclusivas? Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez) tiene en su blog “Si es por el maestro nunca aprendo” interesantes reflexiones al respecto que os invito a leer.

Estos documentos institucionales que en muchas ocasiones son solo “papel mojado” representan la cultura del centro. Las señas de identidad inclusivas, con unos valores que vertebren y lleven la inclusión al corazón, producen cambios organizativos y metodológicos en otras dimensiones del centro, que se mantienen aun cuando cambien los docentes o el alumnado. Por eso hay que insistir en la importancia de que sea el centro el garante de una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado.

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¿Qué supone reflexionar y elaborar un Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo?

Supone en primer lugar un cambio de mirada, un cambio de foco de atención; dejamos de hablar de personas con discapacidad y hablamos de contextos discapacitantes, poniendo el énfasis en el contexto, no en el individuo, en cómo eliminar las barreras al aprendizaje, a la participación y a la presencia, en lugar de fijarnos en lo que no saben hacer, que viene de un modelo clínico basado en el déficit y que en la actualidad todavía no hemos superarado.

Aun sin proponérnoslo, cometemos injusticias diariamente cuando no garantizamos el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todos los alumnos, cuando la queja es la única solución que encontramos a la diversidad del aula, cuando perpetuamos prácticas segregadoras, puesto que no cambiamos y seguimos haciendo lo mismo. Es  necesario entonces, más que nunca,  hablar de ética, de alfabetización ética, e incluso de la ética del cuidado (1). El daño que hacemos a los niños y niñas en los centros educativos, en las aulas, cuando los discriminamos, cuando les ponemos barreras, cuando tenemos pocas expectativas, cuando los sacamos fuera del aula y les damos el apoyo fuera de ella, cuando los invisibilizamos y no les permitimos participar; ese daño es irreparable. La ética del cuidado nos invita a reflexionar sobre estas interacciones; se trata de pensar, sentir y actuar cuidadosamente, basándose en la consideración del afecto como una necesidad básica para el ser humano.

2En segundo lugar, y relacionado con el discurso anterior, reflexionar y elaborar un Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo supone hablar de justicia social, de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos, con propuestas metodológicas, organizativas y curriculares que eliminan las barreras reales, físicas o mentales, conscientes e inconscientes, que ponemos al alumnado más vulnerable.

Pero supone también hablar de una educación de calidad. Una calidad que no se garantiza redistribuyendo al alumnado, ni con más apoyos y recursos, que, por supuesto, son bienvenidos, sino que se garantiza transformando los centros en centros inclunovadores donde no se haga siempre lo mismo, centros en movimiento, centros transformadores que haenn cosas mejores. Centros con compromisos unánimes de colaboración entre todos los miembros de la comunidad educativa, con reflexiones propias y compartidas, con actuaciones éticas sobre la inclusión donde se cuestionan y se consideran distintos puntos de vista y se actúa para conseguir, como nos dice el Objetivo de Desarrollo numero 4 de la Agenda 2030, una educación  inclusiva, equitativa y calidad para TODO el alumnado.

En esta imagen interactiva podemos encontrar todas las medidas organizativas, curriculares, metodológicas y sociales que van a formar parte del Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo.

El documento completo puede descargarse AQUÍ

Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo. Coral Elizondo

 

 

(1) Concepto introducido por Carol Gilligan, catedrática de Humanidades y Psicología Aplicada en la Universidad de Nueva York en contraposición a la ética de  la justicia sobre la cual se basa, por ejemplo, la propuesta de desarrollo del pensamiento moral de Kolhberg.

Medidas para dar respuesta al derecho a la inclusión. La #RevoluciónInclusiva está en marcha.

Todavía hablamos habitualmente del principio de inclusión, cuando deberíamos hablar ya siempre del derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. La diferencia es grande, puesto que si yo leo principio, lo entiendo como una norma o una regla que orienta la educación, pero que no me compromete; es un aspecto ético, moral, que no me obliga.  Sin embargo, si veo que es un derecho, hay ya una obligación, un deber de cumplimiento y un compromiso jurídico.

Partiendo del derecho a la educación inclusiva, a una educación inclusiva equitativa y de calidad, porque no podemos separar estos tres principios (derechos), la cuestión es: ¿Qué podemos hacer en el centro educativo, en el aula, para Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnadoPara facilitar la reflexión, voy a hablar de medidas curriculares, medidas metodológicas, medidas organizativas y medidas sociales, si bien todas ellas forman parte de un todo, que es nuestro centro educativo. Un lugar acogedor y seguro para todo el alumnado, para toda la comunidad educativa; un lugar donde todo el mundo participa plenamente, obtiene logros y está presente; un lugar en movimiento, donde se innova para incluir a todo el alumnado, no solo para mejorar procesos de enseñanza-aprendizaje, que también, por supuesto; un lugar que se basa en una concepción humanista de la educación y cuyos valores impregnan todos y cada uno de los programas, proyectos, planes… que se llevan a cabo; un lugar vivo, un lugar…. en movimiento.

MEDIDAS CURRICULARES. Objetivo inclusivo: que todo el alumnado obtenga logros. Las medidas curriculares que llevemos a cabo tienen que ir encaminadas a la personalización del aprendizaje para que todo el alumnado progrese y tenga la educación de calidad a la que tiene derecho.

Están relacionadas con el Diseño Universal de Aprendizaje, la enseñanza multinivel, los paisajes de aprendizaje, de lo que ya he hablado en otras entradas. De esta forma nos garantizamos que todo el alumnado adquiera conocimientos, habilidades y motivación para aprender.

MEDIDAS METODOLÓGICAS. Objetivo inclusivo: que todo el alumnado participe en las actividades del aula. Buscaremos metodologías didácticas que permitan la personalización del aprendizaje, como se ha comentado anteriormente; metodologías que den una respuesta inclusiva a la diversidad y que logren rendimientos, logros, y progresos auténticos en todo el alumnado; pero sobre todo, metodologías motivadoras.

Estas metodologías son variadas y no necesariamente hay que ceñirse a una de ellas; la actividad, el alumnado, la tarea… me determinarán el uso de una u otra, o de varias, pero todas ellas deben favorecer el desarrollo competencial de todo el alumnado y el objetivo que perseguimos, la participación de todo el alumnado en el aula.

Metodologías, modelos pedagógicos, técnicas o estrategias: Aprendizaje Basado en Proyectos, Aprendizaje Basado en Retos,  Aprendizaje Basado en Problemas, Aprendizaje Servicio, Tareas competenciales, Trabajo por ambientes o rincones, Aprendizaje cooperativo, Simulación, Flipped classroom, Cultura del Pensamiento, Pensamiento computacional, Realidad Aumentada…

MEDIDAS ORGANIZATIVAS. Objetivo inclusivo: que todo el alumnado esté presente en el aula. Para conseguir este objetivo los apoyos deben realizarse dentro del aula. Tendremos en ese caso dos docentes para atender a todo el alumnado; no es un apoyo individualizado a un niño o niña, tampoco es un apoyo al profesorado, sino que son dos docentes los que apoyan a todo el alumnado, a toda el aula; es docencia compartida. Esta docencia compartida puede ser realizada por el profesorado de apoyo especializado (Pedagogía Terapéutica, Audición y Lenguaje…) o no, porque también se pueden planificar los apoyos con restos horarios de otros profesores o con otros colaboradores o voluntarios. El equipo directivo debe, inicialmente, proponer y planificar estos tiempos de docencia.

MEDIDAS  SOCIALES. Objetivo inclusivo: empoderar a todo el alumnado. Entre las medidas sociales que adoptemos, debemos tener en cuenta todas las relacionadas con la creación de entornos acogedores y seguros (planes de convivencia proactivos; valores inclusivos compartidos, conocidos y visibles; actuaciones educativas de éxito que favorecen un buen clima de convivencia; mayor participación de todo el alumnado, de toda la comunidad en la vida del centro; eliminar barreras visibles e invisibles; altas expectativas para todo el alumnado; educación emocional…) y con la escuela abierta y participativa (aprendizaje servicio, que permite unir aprendizaje y compromiso social; compromisos y responsabilidades en el aula, en el centro: alumnos ayudantes, mediadores, hermanamientos…; makerspaces, que permiten agrupar al alumnado más allá de su edad cronológica para compartir recursos y conocimientos, trabajar en proyectos, en equipo, intercambiar experiencias y construir cosas, pasar de proyectos DIY (Do It Yourself, Hágalo usted mismo) a proyectos DIT (Do It Together, Hágalos todos), fomentando de esta forma el trabajo en equipo, la solidaridad, la colaboración, el respeto y la aceptación… son algunas de las propuestas).

Por último, y para concluir, ¿qué formación necesitamos en el centro para conseguir que esas medidas que queremos abordar sean una realidad? Es necesario trazar itinerarios formativos que persigan objetivos claros, concretos y ambiciosos.

 

 

Transformar la educación, llevar a cabo actuaciones inclusivas que lleven la inclusión al corazón, tomar medidas inclusivas, está en tus manos, está en nuestras manos. No es un principio orientativo o algo que se recomiende, es hacerlo, es un derecho (1), y con los derechos no se negocia.

Aclarando conceptos (4)

 

 

(1) Derecho a una educación inclusiva, no discriminatoria y de calidad para todo el alumnado, artículo 24 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. España firmó y ratificó esta Convención en el año 2008 y desde entonces, este cuerpo normativo internacional forma parte del ordenamiento jurídico español.

Empatía e inclusión. Un tándem necesario.

Había dos August, el que yo veía ciegamente y el que veían los demás”

La lección de August, de R. J. Palacio

 

Si el cambio de mirada era el primer paso para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad en todo el alumnado, la empatía, esa capacidad innata que tenemos las personas para ponernos en el lugar del otro, debe ir necesariamente asociada a ese cambio de mirada. Un cambio de mirada y una empatía que deben trabajarse en el aula y en el hogar, que deben trabajar los docentes y las familias, que debe trabajarse con el alumnado y con los adultos.

En 1993, la OMS incluye la empatía entre las diez habilidades necesarias para la vida, junto con el autoconocimiento, la comunicación asertiva, las relaciones interpersonales, la toma de decisiones, la solución de problemas y conflictos, el pensamiento creativo, el pensamiento crítico, el manejo de emociones y sentimientos y el manejo de tensiones y estrés. Indispensables todas ellas para conseguir estilos de vida saludables.

Y yo me pregunto: ¿No favorecen estas habilidades una convivencia pacífica? ¿No son estas habilidades fundamentales para poner en acción valores como el respeto, la igualdad, la justicia social? ¿No son estas habilidades necesarias para desarrollar una educación basada en la concepción humanista? ¿No lleva el desarrollo de estas habilidades a la eliminación de barreras, a un diálogo igualitario, a una responsabilidad compartida? ¿No permiten estas habilidades hablar de cambio de mirada y educación inclusiva?

Poner estos valores en acción es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Nuestros centros educativos deben ser centros acogedores y seguros para todo el alumnado, sin excepciones, dicho de forma tajante y precisa. Deben ser centros abiertos al entorno, a la participación, centros que inviten al diálogo, centros donde todos los alumnos se sientan valorados por igual y donde se respeten siempre los derechos de todo el alumnado.

¿Nuestros documentos de centro plasman esta idea? ¿Cuáles son las señas de identidad de nuestro centro?

 

MAPA INCLUSIVO DE LA EMPATÍA

En el mundo del marketing, la empresa XPLANE, diseñó una herramienta que ayudaba a personalizar el producto o servicio. Esta herramienta, llamada Mapa de la empatía, permite contemplar el punto de vista del cliente en el propio proyecto al tenerlo en cuenta en el diseño del producto.

Considerando el potencial de esta herramienta para ayudar a ponerse en el lugar de los demás, he adaptado este organizador gráfico al mundo de la educación, convirtiéndola en el Mapa inclusivo de la empatía.

Simplicity

¿Cómo podemos utilizar este mapa de la empatía en el aula, en casa, en una formación?

Después de leer un libro, de ver una película, de trabajar una situación real o una situación ficticia, y siempre con la idea de propiciar y favorecer la reflexión y trabajar la empatía, se puede trabajar con este organizador.

¿Cómo? Si los niños son pequeños (etapa de Infantil), sus ideas sobre lo leído o visto pueden ponerse en común de forma oral en el grupo-clase.  En el caso de alumnos de más edad (Primaria y Secundaria), se reflexionará primero de forma individual, favoreciendo el desarrollo de la metacognición, y luego se pondrán en común por parejas y por grupos las reflexiones propias.

Se propone seguir el siguiente orden:

Simplicity (1)¿Qué oye? Nos ponemos en el lugar de… y vamos anotando de forma individual, qué es lo que oye esa persona. Oye comentarios despectivos, oye ataques, oye reproches, oye gritos, oye palabras de apoyo, de ánimo.

¿Qué ve? ¿Qué ve esa persona? Ve malas caras, ve desprecio, ve indiferencia.

¿Qué piensa y siente? ¿Qué emociones utiliza la persona para expresarse? Estas cuestiones ayudan a pensar cómo se siente, cómo es su lenguaje corporal, su tono de voz, a fijarse en el lenguaje no verbal.

¿Qué dice? ¿Cómo se comporta? Qué cosas dice y cómo lo dice es importante para ponernos en su lugar.

Estas preguntas tienen un gran potencial para empatizar con la persona, puesto que habla de emociones y sentimientos, propiciando un debate muy rico sobre el tema. Empatía no es solo ponerse en su lugar, es comprender cómo se siente.

La propuesta va más allá e invita a reflexionar sobre las barreras que tiene esa persona y que le impiden participar en actividades colectivas, que le impiden compartir momentos de aprendizaje o de diversión, que le impiden tener una vida plena y digna. El objetivo de esta casilla es comenzar a visibilizar todas estas barreras, barreras que existen y que ponemos nosotros, barreras visibles o invisibles, barreras conscientes o inconscientes, barreras físicas o mentales.

Las propuestas de valor se basan en un enfoque proactivo que favorece la participación activa en la búsqueda de soluciones, con la eliminación de las barreras que se hayan detectado.

Quiero terminar con las preciosas palabras de Belén Jurado, @DeAutismo, y su texto Imagina, que invita a empatizar, entender y visibilizar el autismo.