La ética en la inclusión

Hablamos de inclusión bajo la mirada de responsabilidad jurídica, cuando es necesario comenzar a hacerlo desde la ética

La diversidad en el aula increpa, asusta, molesta. La diversidad en el aula es una realidad que no podemos obviar. Responder a esta diversidad es una obligación regulada normativamente; ofrecer los apoyos y los ajustes necesarios en función de las necesidades individuales, también. Hablamos de inclusión bajo la mirada de responsabilidad jurídica, cuando es necesario comenzar a hacerlo desde la ética, desde la filosofía, desde los cuestionamientos personales que responden a las preguntas ¿Cómo veo la diversidad? ¿Cómo la siento? ¿Cómo la vivo? ¿Cómo la nombro? Estas respuestas concretarán las propias barreras personales y la lucha para eliminarlas será un triunfo para la inclusión.

La ética pretende definir los comportamientos correctos, no los que son aceptados por la sociedad, porque estos pueden ser injustos y la ética nos hace reflexionar sobre ello. La ética implica reflexión individual para poner en duda la normalidad, para ser disruptivos con la norma que nos constriñe. En este momento actual, donde todas las Comunidades Autónomas están elaborando normativas sobre inclusión, el debate que falta es un debate ético. Centramos la mirada en la diferencia, en el otro y nos fijamos en su déficit para categorizarlo, para normalizarlo. Nos fijamos en lo que tiene o no tiene, que lo distingue de los demás; nos fijamos en sus necesidades educativas para hacer adaptaciones y que sea igual al resto; pero no nos cuestionamos qué sentimos nosotros, como personas, con la diferencia, con el otro. Lo que pasa, lo que está pasando, ya lo sabemos: segregación, acoso, injusticias… Pero lo que sentimos… seguramente no es lo mismo. Y la educación inclusiva es pensar con el corazón, es ver al otro como igual, es transformar.

Asociamos la diversidad a etiquetas, a números, a dictámenes, a informes, y pocas veces hablamos de humanidad, de personas, de vida. ¿Cuándo les preguntamos a los niños y niñas, a los adolescentes, a los jóvenes, cómo se sienten? ¿Cuándo les preguntamos qué sueños tienen? ¿Cuándo caminamos a su lado? Asusta la heterogeneidad, porque la sociedad nos habla de perfección uniforme, asusta lo diferente porque es distinto y desconocido. Por eso más que nunca, es necesario replantearse la educación desde una concepción humanista que sitúa en el centro a la persona, desarrollando las capacidades necesarias para que todas las personas tengan calidad de vida y ofreciendo alternativas al modelo dominante del conocimiento, que se dirige, casi exclusivamente, a la validación del mismo.

Frente al desarrollo moral de Kohlberg que se centra en determinar conductas adecuadas, que nos dice lo que está bien y lo que no lo está, me quedo con la ética del cuidado de Carol Gilligan, que aboga por la responsabilidad compartida y la solidaridad. Dos contraposiciones, la justicia y el cuidado; dos ideas, moral y ética.

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La ceguera en la educación: el error y la ilusión.

Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe afrontar el problema desde estos dos aspectos: error e ilusión. El mayor error sería subestimar el problema del error; la mayor ilusión sería subestimar el problema de la ilusión. El reconocimiento del error y de la ilusión es tan difícil que el error y la ilusión no se reconocen en absoluto.
Edgar Morin

El error (1)

En 1999, la UNESCO solicitó a Edgar Morin que expresara sus ideas en la esencia misma de la educación del futuro, en el contexto de su visión del “Pensamiento Complejo”. En este texto, publicado por la UNESCO bajo el título de “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, Edgar Morin presentó siete principios clave que él estimó necesarios para la educación del futuro. En él habla de las cegueras del conocimiento, del error y de la ilusión, de lo inesperado y de la incertidumbre. Yo hablo de la ceguera en la educación inclusiva, una educación que se rige por el principio de normalización y que en su uso ya conlleva a error, un grave error conceptual. Normalizamos las injusticias, y seguimos segregando de forma habitual, de forma que lo cotidiano se vuelve opresor.

La LOE, en el título II sobre la Equidad en la Educación, habla del principio de normalización en dos ocasiones, en la atención integral al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo y en la escolarización; al no especificar y concretar qué es la normalización, este principio se ve amenazado por el error. Una concepción que conlleva entender este principio como: “tiene que ser normal”, “debe ir a un colegio ordinario”, “debe hacer las mismas cosas que los demás”. La normalidad entendida así está amenazada por el error y por la ilusión de que se hacen las cosas bien, de forma que la ceguera es todavía mayor.

El error es considerar que este principio de normalidad, que rige la equidad y la igualdad de oportunidades, signifique parecerse y ser como los demás, “ser normal”, y entonces se ponga el foco en lo que la persona no sabe hacer, en el déficit, en las dificultades que tiene para ser normal. En estos momentos, ser normal en educación significa seguir el currículo establecido, significa seguir el libro de texto, significa escribir, memorizar, validar conocimientos adquiridos, reproducir contenidos… y no eres normal cuando no eres capaz de hacer todo eso. Dentro de esta normalidad, y reguladas normativamente, se realizan adaptaciones curriculares para que este alumnado pueda estar en clase como el resto de sus compañeros y compañeras, siendo normal.

Es decir, que el niño, la niña, el joven, la persona con necesidad específica de apoyo educativo bajo este principio de normalización, debe ser normal y llevar una vida normal. Le pedimos entonces que haga lo que hacen los demás para poder ser normal, le pedimos que se comporte normalmente, que reproduzca los contenidos de la misma forma, que cuando esté en el aula esté en silencio, muchas veces sin participar, y en ocasiones, incluso, realizando actividades descontextualizadas diferentes al resto. Cada vez que hacemos esto, somos opresores, cometemos injusticias, y nos basamos en el error de poner el énfasis en la persona, en lo que no sabe hacer, marcando aún más las diferencias entre lo normal y lo anormal. Es necesario quitarse la venda que me produce la ceguera a la inclusión y ser capaz de modificar el contexto,  un contexto que constriñe, un contexto que oprime, un contexto discapacitante que pone límites rígidos a la normalidad. Hay que permitir a estos niños, niñas, jóvenes, que con los apoyos y ajustes necesarios, puedan pertenecer, ser ellos mismos y estar en el aula con todo el mundo, que ese es su lugar, porque la educación inclusiva no es un premio, es un derecho.

Este error conceptual produce ceguera, una ceguera que impide ver a la persona, puesto que solo se ven las etiquetas, las barreras, las dificultades, los inconvenientes, las molestias y se escuchan enojos. Este error conceptual molesta, porque el ritmo de trabajo no es homogéneo, porque la incertidumbre se apodera del día a día, porque no se concibe que en el aula no avancen todas las personas al mismo ritmo, porque… y muchas veces me asusto porque no sé.

Es necesario, urgente, reconocer el error de la normalidad, reconocer la ilusión de considerar que eso es así, porque conlleva sufrimiento y desasosiego en muchos niños y niñas, en muchas familias.

¡Quitémonos la venda, abramos los ojos, reflexionemos sobre la normalidad!

Hacia la utopía. Taller sobre inclusión.

Para una formación en la Universidad con futuros docentes, he preparado este taller con la idea de ayudar a reflexionar, pensar y repensar. Utilizando la metacognición quiero que reflexionen sobre qué es normal, qué es la educación inclusiva, en qué paradigma nos movemos. El objetivo es caminar hacia el horizonte, hacia la utopía de la inclusión real en la educación.

Comparto aquí la imagen que he preparado por si os puede ayudar.

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En voz alta. Efecto mariposa

Desde el mes de enero de 2018, formo parte del Consejo Asesor de la revista Graó y colaboro periódicamente con mis reflexiones En voz alta sobre la educación en la revista Aula de Innovación Educativa, junto con mis compañeros José Blas García y Antonio Márquez, con quienes me une amistad y compromiso educativo.

He comenzado el curso escolar cantando La albada de la inclusión, un canto alegre que invita a pasar a la acción, un canto guerrero para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad. En al número 275 de la revista Aula de Innovación Educativa reflexiono en voz alta sobre el movimiento, sobre el efecto mariposa. El artículo puede leerse en la misma revista o escuchar en este vídeo.

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Aulas DUA. Garantizar una educación inclusiva, es posible.

INCLUNOVACIÓN (3)La educación inclusiva se sitúa en el paradigma del modelo social de la discapacidad, un modelo que ve la discapacidad como la interacción entre las limitaciones de la persona y el entorno. Las aulas son los entornos donde debe desenvolverse nuestro alumnado y en muchas ocasiones son entornos con barreras que les impiden estar presentes, que les cierran la participación y que reducen sus logros. Minimizar este contexto discapacitante supone cambiar la metodología, la organización del aula y sobre todo la mirada. Sin esa mirada que ponga el foco en la persona, en el estudiante, sin esa mirada que vea capacidades y fortalezas, sin esa mirada que invita a una reflexión personal sobre los avances y los bloqueos es difícil empezar a caminar hacia la inclusión.

El reto actual al que nos enfrentamos los docentes es crear entornos de aprendizaje enriquecidos para ajustar una respuesta educativa inclusiva y de calidad a todo el alumnado. Nuestras aulas deben ser garantes de la inclusión, deben garantizar la igualdad de oportunidades, los ajustes razonables y los apoyos necesarios para “desarrollar plenamente el potencial humano, el sentido de la dignidad, la autoestima, reforzar el respeto por los derechos humanos, las libertades fundamentales, la diversidad humana y desarrollar al máximo la personalidad, los talentos y la creatividad de todas las personas, así como sus aptitudes mentales y físicas” (Art. 24.1 Convención de los derechos de las personas con discapacidad). Crear entonces entornos de aprendizaje accesibles y enriquecedores para todo el alumnado es una necesidad.

Hablaremos de aulas DUA como un espacio educativo flexible que permite las interacciones, que posibilita el aprendizaje activo, que promueve la autonomía y la autorregulación en todo el alumnado. Un espacio acogedor que invita al aprendizaje y un espacio seguro para todo el alumnado. Las aulas DUA proporcionan opciones para el interés, con propuestas diversas centradas en sus intereses personales; proporcionan múltiples formas para la representación, la acción y la expresión, con el diseño de ambientes de aprendizaje ajustados a las necesidades de todo el alumnado.

2El espacio físico del aula, las interacciones que se producen en dicho espacio con los compañeros y compañeras, el contacto con materiales y actividades diversas, condicionan el aprendizaje. Para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado, surge la necesidad de crear una nueva ecología del aprendizaje, investigando sobre nuevos escenarios que permitan y favorezcan la excelencia en la educación. Entendiendo excelencia como una educación de calidad para todo el alumnado. Una de las medidas organizativas del Plan de Atención a la Diversidad desde un enfoque inclusivo que nos ayuda a conseguirlo, son los ambientes de aprendizaje.

Hablar de ambientes de aprendizaje es hablar de aulas DUA, de espacios que educan, de verdaderos laboratorios de aprendizaje. Para diseñar estos ambientes, es necesario tener en cuenta dos aspectos que van de la mano, por una parte la necesidad de reorganizar físicamente el aula, con una distribución que propicie interacciones que permitan trabajar tanto individualmente como por parejas o en equipo, y, por otra parte, de la necesidad de llevar a cabo nuevas propuestas metodológicas, con métodos que tengan en cuenta los diferentes ritmos de aprendizaje del alumnado, la capacidad de aprender por sí mismos y que promuevan el trabajo colaborativo, aspectos que se contemplan en la normativa sobre currículo de Primaria, de Secundaria y Bachillerato.

El trabajo por rincones (1), con rincones de enriquecimiento y ampliación; las estaciones de aprendizaje (2), con propuestas elaboradas por el tutor o tutora, junto con el profesorado de Pedagogía Terapéutica y/o de Audición y Lenguaje si éste entra en el aula; o los centros de aprendizaje (3), con actividades metacognitivas sobre los contenidos trabajados en clase, sirven de ejemplo para evidenciar que ofrecer una respuesta educativa inclusiva en el aula a todo el alumnado es posible.

No se concibe hablar de respuesta educativa inclusiva y no hacerlo de Diseño Universal para el Aprendizaje, de personalización y de participación. Como ya comenté en otra entrada, el Diseño Universal para el Aprendizaje parte de la persona, no del grupo, y pone el foco en sus capacidades, en sus fortalezas, de forma que en el mismo momento de la programación, se hacen los ajustes necesarios para evitar adaptaciones posteriores.

En una estación de aprendizaje programada con el Diseño Universal para el Aprendizaje, podemos trabajar la comprensión lectora leyendo el texto elegido y dejando un diccionario como recurso o incluso grabando en audio el texto; podemos trabajar los problemas matemáticos y permitir el uso de una calculadora para comprobar resultados; podemos trabajar la conciencia fonológica escribiendo o hablando; o incluso podemos nivelar las actividades de las estaciones, de forma que una actividad de ordenar palabras alfabéticamente no sea la misma para todos, trabajando conjuntamente los mínimos, el nivel del curso y la ampliación. Con cualquiera de las propuestas, el ajuste se hace en el momento del diseño de la actividad, no a posteriori, y con cualquiera de las propuestas todo el alumnado está presente, participando y obteniendo logros.

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Hace tiempo que acompaño mis entradas de un vídeo, es un ejemplo DUA que ayuda a la comprensión y que ofrece la misma información en soportes y formatos distintos, proporcionando múltiples medios de representación.

 

(1) RINCONES. Se modifica el ambiente del aula para transformarlo en un ambiente de aprendizaje pero sin actividades guiadas. El objetivo del trabajo por rincones es desarrollar habilidades metacognitivas, desarrollar la autonomía del alumnado (autorregulación, planificación, organización…), trabajar con métodos heurísticos o por descubrimiento que permiten cambiar el rol del alumnado y por supuesto fomentar las interacciones dialógicas que construyen el conocimiento. El alumnado puede escoger el rincón o puede venir dado por el docente. En primaria y secundaria los rincones serán para enriquecer y profundizar en el aprendizaje. Al rincón se acude una vez que se ha terminado la tarea y previo visto bueno del docente.

(2) ESTACIONES. Se organiza la clase con 4 ó 5 tareas diferenciadas elaboradas por el docente,  el alumnado va rotando por todas ellas (en una sesión o en varias). Las tareas que preparan los docentes están multiniveladas, con el fin de  que todas los niños y niñas estén presentes, participando y obteniendo logros.  Las estaciones son una forma de organizar el aula que permite trabajar en pequeños grupos  el currículo escolar.

(3) CENTRO DE APRENDIZAJE. Cuando un rincón es de carácter obligatorio y se planifican y guían sus aprendizajes se convierte en un centro de aprendizaje. Por ese rincón pasa todo el alumnado, el orden lo establece el docente y se trabaja por parejas. El material puede ser diverso, en función del tema elegido: por ejemplo, libros, minerales, experimentos, esqueletos, mapas… que se acompañan de fichas de investigación y metacognición.

Para saber más de (1), (2) y (3) Tomlinson, C. (2001). El aula diversificada. Barcelona: Octaedro.

La albada de la inclusión

Las albadas de mi tierra
se entonan por la mañana
para animar a las gentes
a comenzar la jornada.

José Antonio Labordeta (Albada)

En Aragón, albada o alborada es un  canto de ronda que se entonaba tradicionalmente antes del amanecer, de ahí su nombre. Los motivos pueden ser muy diversos. existen albadas de carácter religioso, festivo, navideño, o amatorio, estos cantos también se interpretan en otros lugares de España. La albada que quiero entonar hoy es la Albada de la inclusión, un canto guerrero que lucha para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado.

una albada por la inclusión (1)

 

Comienza el curso escolar como un lienzo en blanco donde dibujar los paisajes de aprendizaje de todo el alumnado, paisajes personalizados, coloridos y enriquecidos, paisajes que ofrecen oportunidades para aprender, para ser, para estar, para hacer. Paisajes únicos que invitan a crear entornos flexibles capaces de responder a la diversidad y  que buscan el logro del bienestar personal de todo el alumnado contribuyendo de esa forma al desarrollo de sociedades más inclusivas.

Amanece el curso escolar y canto para animar a todo el profesorado, a todas las familias, a la Administración, a caminar juntos hacia el horizonte de la inclusión, porque la educación inclusiva es un tema que concierne a toda la sociedad en su conjunto. Hablar de educación inclusiva es reafirmar la visión humanista de la educación, una educación que no excluye ni margina a ninguna persona, una educación global, que valora la calidad de vida de todo el alumnado y que aúna los aspectos cognitivos, emocionales y éticos, porque hablar de ética es ahora una prioridad.

Es un canto alegre, optimista, que buscar transformar la educación. Un canto guerrero que necesita compromiso, formación y ganas. Un canto que implica movimiento y acción, utopía y sueños, y que cuando se escucha  vibra el corazón y brillan los ojos.

Arriba con ilusión, para comenzar a caminar,

arriba con alegría,  para empezar a transformar. 

Educación inclusiva, una educación transformadora.

El derecho de todos los estudiantes a una educación inclusiva no es un tema nuevo, es un tema no resuelto desde hace casi treinta años. Se habló ya de derecho a la educación inclusiva en la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU, 1989); también en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006); y más recientemente, en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ONU, 2015), donde se exige a los países “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos” (Objetivo 4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible), impulsando de esta forma, en la Declaración de Incheon, una nueva visión de la educación que debe permitir “transformar las vidas mediante la educación, reconociendo el importante papel que desempeña la educación como motor principal del desarrollo y para la consecución de los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos” (UNESCO, 2015) (1).

Esta nueva visión de la educación solo la garantiza una educación inclusiva de calidad para todos, con participación plena y logros de bienestar personal en todo el alumnado; una educación inclusiva equitativa, que sea compensadora de desigualdades más allá del acceso a la educación, más allá de una educación compensatoria segregadora; una educación inclusiva cuidada y valorada por toda la sociedad, porque la educación es un bien común de la sociedad y requiere debates sosegados de reflexión conjunta; una educación inclusiva que ofrezca oportunidades para aprender, para educar, para convivir, para salir de la pobreza, porque tal y como está concebido el sistema educativo actual, muchos jóvenes no obtienen títulos y les condenamos a esa vida de pobreza. En definitiva, la educación inclusiva contribuye al desarrollo de una sociedad más justa, más inclusiva, una sociedad que transforma personas.

Y aquí es donde debemos poner el foco, en cómo vamos a garantizar una educación inclusiva, equitativa y calidad para todos. Es momento de pasar a la acción, es momento de políticas transformadoras tanto a nivel global como local para lograr realmente el objetivo de transformar las vidas desde la educación.

Considerando entonces la educación inclusiva como palanca de transformación social, nos planteamos pasar a la acción con propuestas que puedan garantizar y garanticen, que la educación inclusiva sea una realidad.

Sensibilización, cambio de mirada, reflexión. Considero que este primer paso es fundamental: no podemos avanzar si no tenemos una visión compartida de lo que es o no es inclusión, de lo que significa y supone la educación inclusiva y de lo que debo hacer para que mi aula, mi centro educativo, la sociedad en general, sean inclusivos.

La escolarización en un centro no es garantía de recibir una educación inclusiva si la mirada y las prácticas de ese centro continúan siendo segregadoras. Hay mucho sufrimiento y marginación en los nadies, los ningunos, los ninguneados, que se normaliza con tanta cotidianidad que el dolor apenas se percibe.  La educación debe ser un logro del bienestar personal de todo el alumnado y en el centro de la misma debe estar la persona y el aprendizaje no solo de contenidos, sino también de autonomía, de autorregulación, de independencia; buscamos un aprendizaje para la vida que le permita a la persona, escribir su propio final.

INCLUNOVACIÓN (1)La educación inclusiva no es solo entrar, es pertenecer, es crear un clima de centro y de aula acogedor, es tener en cuenta las emociones. Para que este sentimiento de pertenencia sea una realidad deben trabajarse  aspectos como la educación socioemocional, la empatía,  la autodeterminación… desde las culturas, las políticas y las prácticas de los centros educativos, con propuestas concretas en los Planes de Acción Tutorial, en los Planes de Convivencia y en el Proyecto Educativo de Centro.

La educación inclusiva es un proceso que implica una transformación en las políticas y en las prácticas tanto de la Administración como de los propios centros.

Los centros educativos deben garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad porque es un derecho, y por lo tanto, una obligación. La cuestión es cómo. Un centro garante de la inclusión es capaz de identificar sus avances, sus bloqueos y hacer propuestas de valor, es capaz de crear redes de apoyo desde una perspectiva comunitaria con un objetivo común que permita minimizar las barreras que existan. Es un centro abierto, flexible, acogedor y seguro. Es un centro que sabe que el reto es crear entornos de aprendizajes (formales e informales) capaces de responder a la diversidad y que la transformación debe ser profunda.

4Esta transformación supone cambios estructurales, puesto que no es solo una innovación metodológica, que es donde se pone muchas veces el foco, sino que conlleva cambios en la organización del centro que  deben permitir la docencia compartida, el trabajo por ámbitos o por talleres internivelares; en el currículo, donde el diseño de las programaciones de aula se hace desde el marco inclusivo que nos ofrece el Diseño Universal para el Aprendizaje; en la evaluación, diferenciándola de la mera calificación y promoviendo una evaluación auténtica y verdaderamente formadora en todo el alumnado; en las metodologías, puesto que se aboga por metodologías que posibilitan la participación de todo el alumnado… y en las relaciones con la comunidad, que permiten educar en estilos de vida sostenibles. Todas estas transformaciones deben partir de una reflexión conjunta ante el reto que supone garantizar una educación inclusiva de calidad; no debemos olvidar que la educación inclusiva debe impregnar todas las actuaciones que se lleven a cabo en los centros educativos.

A modo de epílogo.

La educación inclusiva se centra en la persona, en sus capacidades, en sus fortalezas, huye del diagnóstico homogeneizador y excluyente que solo sirve para etiquetar, se centra en propuestas de eliminación de barreras, de igualdad de oportunidades, de diseño universal, de personalización del aprendizaje, con ajustes razonables y apoyos necesarios en entornos y escuelas accesibles.

La educación inclusiva es un derecho, un derecho a recibir una educación de calidad en entornos no excluyentes, pero también es un proceso, un proceso que supone caminar, que implica acción, que te obliga a transformar, a pensar y a repensar sobre la educación.

La educación inclusiva es posible, es necesaria y es urgente. Estamos hablando de derechos humanos, de una educación transformadora que va a mejorar la calidad de vida de muchas personas, una educación que va más allá de la mera socialización; estamos hablando de sociedades inclusivas, justas, que educan para estilos de vida sostenibles para todos; estamos hablando de ética y sobre estos valores, la educación inclusiva transforma a las personas.

La educación inclusiva no es un regalo, no es un premio, es un derecho. Pasemos a la acción. 

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(1) Educación 2030. Declaración de Incheon. Hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad y un aprendizaje a lo largo de la vida para todos (2015). UNESCO. http://unesdoc.unesco.org/images/0024/002456/245656s.pdf

 

El papel de la orientación en la inclusión.

El pasado sábado 19 de mayo participé en una mesa redonda en el IX Encuentro Nacional de Orientadores. El comité organizador confió en mí para hablar de los “Cambios en la orientación para responder a las exigencias del siglo XXI”, y como suele pasar en estos casos llevas en tu cabeza muchos más pensamientos que los que allí expones; y con la idea de compartirlos los escribo aquí.

No tendríamos que hablar de inclusión si antes no hubiésemos segregado. No pensaríamos que la inclusión es una utopía si todas las personas asumiéramos nuestras responsabilidades: responsabilidad educativa, administrativa, legislativa. No utilizaríamos el adjetivo inclusión con tanta ligereza si supiéramos las obligaciones que conlleva. Y no permitiríamos que se cometiesen tantas injusticias, si la injusticia no estuviese tan normalizada en nuestra cultura educativa, tan normalizada que muchas veces ni siquiera la vemos, porque lo habitual es la segregación, lo habitual es que la injusticia se vuelva opresivamente cotidiana.

La justicia social en educación debe alejarse del concepto tradicional de justicia legal y debe acercarse a la justicia como presencia y participación de todo el alumnado en el aula

Y yo me remuevo contra esa opresión que me genera el ser orientadora, ser juez y parte de esta normalización. Me remuevo y me sublevo contra estas injusticias, contra el etiquetado, contra los dictámenes, contra….. seguramente contra todo el modelo psicopedagógico actual ,que prácticamente no ha evolucionado desde los años 90. Un modelo que sigue centrado en el déficit, en las necesidades educativas y que a partir de ahí busca la normalización opresora, pero con la mirada puesta única y exclusivamente en el déficit, sin tener en cuenta que la inclusión es mucho más que la normalización, que la inclusión no es un premio, que la inclusión es un derecho, que normalizar no es incluir, que no se trata de entrar, sino de pertenecer.

El modelo social nos indica que las causas que originan la discapacidad son sociales; se habla entonces de contextos discapacitantes, de eliminar barreras, de justicia social. Y en este marco es donde debe estar la orientación, en este marco es donde me sitúo yo, eliminando barreras para garantizar que todas las personas tengan derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. La orientación es orientar, no oprimir. La orientación es transformar, no seguir haciendo lo mismo. La orientación es movimiento, camino, no inmovilidad, quietud o pasividad.

El rol de la orientación en la actualidad no puede seguir siendo el mismo. Hablamos continuamente de una escuela del siglo XXI, pero no reflexionamos sobre la orientación del siglo XXI; hablamos de transformación, de cambio, de innovación en las escuelas; pero  la mayoría de las veces nos olvidamos de que con esta innovación debemos incluir siempre a todo el alumnado, nos olvidamos de que tenemos un orientador, una orientadora, en nuestro centro que puede acompañarnos en este proceso.

Están de moda los decretos de inclusión; unos decretos de inclusión que son todo menos inclusivos; unos decretos de inclusión que permiten seguir segregando al alumnado más vulnerable, con etiquetas basadas en criterios diagnósticos clínicos; unos decretos de inclusión que no garantizan los apoyos ni los ajustes necesarios; unos decretos de inclusión que no conllevan itinerarios formativos obligatorios para todo el profesorado ¿A qué jugamos? Seguimos sin tener presentes a las personas más vulnerables, seguimos considerando que normalizar es homogeneizar, seguimos pensando que orientar es etiquetar para luego hacer recomendaciones individuales sobre el déficit; pocas veces se hacen recomendaciones para transformar el contexto y si se hacen caen en saco roto porque no se sabe o no se pueden hacer.

Para mí, orientar es:

  • Acompañamiento y apoyo para llevar a cabo las transformaciones necesarias en la organización, en las metodologías, en aspectos curriculares de los centros educativos, ofreciendo medidas inclusivas para conseguirlo. De esta forma, se daría mucho más valor al papel educativo y pedagógico de la orientación. Medidas que no deberían seguir llamándose de atención a la diversidad porque diversas somos todas las personas, sino medidas para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado, y que formarían parte del Proyecto Educativo de todos los centros, porque todos los centros deben ser garantes de la inclusión, no de la segregación.
  • Liderar la inclusión plena en los centros educativos. El orientador, la orientadora, debe ser el líder de la inclusión, un liderazgo compartido con equipos directivos comprometidos. La educación es un diálogo, pero en la actualidad se ha convertido en un monólogo; es necesario propiciar y organizar propuestas que inviten a la reflexión por medio de tertulias pedagógicas con el profesorado y con comisiones mixtas que hablen de ética, de la ética de la educación inclusiva.
  • Provocar la reflexión, tanto propia como colectiva. La orientación en estos momentos debe ser disruptiva, no podemos seguir haciendo lo mismo con pequeños cambios o modificaciones, sino hacer cosas mejores. La orientación debe provocar la reflexión, debe romper moldes, debe romper hábitos, debe abrir los ojos, cambiar la mirada. Me gustan y os invito a leer las reflexiones que el colectivo orienta (@colectivorienta) hace en su blog sobre Educación, Diversidad y Orientación; las reflexiones que hace la orientadora Maria José G. Corell en su facebook; la orientadora Pilar Pérez Esteve en su blog; la orientadora Mábel Villaescusa y su equipo del CEFIRE específico de educación inclusiva de la Comunidad Valenciana; las propuestas de las  orientadoras emocionales asturianas. Y muchas más por toda España.
  • Ayudar, cuidar, mirar a los ojos, escuchar… a los alumnos, para poder atender sus necesidades, para así cambiar contextos discapacitantes y opresores, para así eliminar barreras; nunca para cambiar a la persona, para excluirla o incluirla en lo que yo considero “normal”, sino siempre para contar con ella, para ver sus fortalezas y hacerlas brillar, poniendo en valor las capacidades, no las discapacidades. Las capacidades de todo el alumnado, porque están ahí, aunque no las veamos, aunque no las potenciemos, aunque las asfixiemos.
  • Pero también ayudar, cuidar, mirar a los ojos y escuchar al profesorado y a las familias. El profesorado y las familias son piezas fundamentales en este cambio, no podemos construir una narración nueva para todos los niños y niñas si no caminamos juntos. La educación con mayúsculas debe ofrecer posibilidades de éxito para todo el alumnado; hablamos, por lo tanto, de un relato escrito en primera persona, un relato humano, con un final abierto, sin cerrar, un final que lo decide la persona, no lo decido yo como docente, no lo decido yo como orientadora.
  • Acompañar en el proyecto de vida de todo el alumnado con propuestas de crecimiento personal y empoderamiento.
  • Basarse siempre en la ética del cuidado. El cambio de mirada comienza cuando somos responsables, solidarios; cuando nos damos cuenta de las necesidades de los demás; cuando no cometemos injusticias; cuando nos basamos en la concepción humanista de la educación; cuando vemos, sentimos, empatizamos; cuando nuestros corazones laten juntos entonando una única melodía.

Es necesario replantearse el papel de la orientación, es preciso buscar espacios y tiempos para ello, es urgente pasar a la acción y romper con el papel de la orientación que vulnera el derecho a una educación inclusiva, un papel hegemónico de la orientación como juez y parte de la opresión social.

Derecho y justicia social en la educación.

Cuando hablamos de educación inclusiva ¿realmente sabemos lo que es y lo que supone?¿Somos conscientes de que es un derecho? ¿Somos conscientes de que como docentes es nuestra obligación garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado? Cuando hablamos de educación inclusiva, ¿sabemos que hablamos de justicia social, de derechos humanos, de ética?

El principio de inclusión aparece por primera vez en España en mayo del año 2006, cuando se aprueba la Ley Orgánica de Educación (LOE). Ese mismo año, en el mes de diciembre, las Naciones Unidas aprueban también la Convención sobre los derechos de las personas con Discapacidad, que en su artículo 24 habla del DERECHO a una educación inclusiva. España firma y ratifica esa Convención en mayo del año 2008, y desde entonces entra a formar parte del ordenamiento jurídico español.

La educación inclusiva es un derecho que tiene todo nuestro alumnado y para nosotros, los docentes, es una obligación ofrecer y garantizar los apoyos y ajustes necesarios para conseguirla. 

 

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Hablar de justicia social es hablar de educación inclusiva; es hablar de asegurar que todos los niños y niñas tengan derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad; es hablar de filosofía, de ética y de humanismo; es hablar de personas. En la actualidad, cada vez hay más familias que para conseguir este derecho a la educación deben acudir a los tribunales, con el consiguiente sufrimiento, desasosiego e incertidumbre que ello acarrea. Esto no es hablar de justicia social, no es hablar de educación inclusiva.

La justicia social en educación debe alejarse del concepto tradicional de justicia legal y debe acercarse a la justicia como presencia y participación de todo el alumnado en el aula y sobre todo a la justicia como educación de calidad y éxito para todos.

Para ello, los docentes y los centros educativos debemos cambiar nuestras culturas, nuestra mirada, debemos ver la capacidad y no la discapacidad, ver el talento y no el déficit, debemos estar informados y formados, debemos transformar nuestras prácticas y debemos liderar este cambio.

La justicia social se basa en aceptar las diferencias, en diluir los límites entre lo que yo, como docente, entiendo por normalidad y anormalidad, en ofrecer una educación de calidad a todo el alumnado, en un cambio de mirada mío y en un cambio de cultura del centro educativo. Cuando no somos justos, somos injustos, y entonces hablamos de opresores y oprimidos, y yo soy opresora cuando soy culpable del sufrimiento ajeno, cuando cometo injusticias, cuando le digo a una familia que su hijo o su hija no puede estar en este centro, cuando no ofrezco apoyos y ajustes suficientes a todo el alumnado, cuando etiqueto, cuando pongo barreras, cuando no las elimino, cuando no permito que todos los niños participen, cuando segrego, cuando invisibilizo, cuando tengo prejuicios, cuando me molestan dentro del aula; pero, sobre todo, cuando acepto la injusticia como algo normal y lo habitual se vuelve opresivamente cotidiano.

Reflexionemos sobre nuestras prácticas, reflexionemos sobre cómo transformarlas, reflexionemos sobre nuestra mirada, reflexionemos sobre qué es lo que quiero, sobre las barreras que pongo y quiero eliminar, sobre los apoyos que necesito para conseguir eliminarlas, sobre lo que puedo y no puedo hacer sola, sobre quién me va a ayudar. Reflexionemos sobre la justicia y la injusticia y entonces, solo entonces, esta reflexión me servirá para caminar, para conseguir una educación justa, equitativa y de calidad para todo el alumnado, para hablar de educación con mayúsculas, porque no tendríamos que hablar de educación inclusiva, tendríamos que hablar solo de educación, de educación con mayúsculas, porque cuando añado el adjetivo “inclusiva” al sustantivo “educación”, quiere decir que previamente he segregado y que por eso ahora tengo que incluir. Seamos capaces de hacer brillar siempre a todo nuestro alumnado, de iluminarlos y permitir que nos iluminen.

Educar es lo mismoque poner un motor a una barca…Hay que medir, pensar, equilibrar…y poner todo en marcha.Pero para eso,uno tiene que llevar en el almaun poco de marino…un poco de

 

 

 

La normalidad

Desde el mes de enero formo parte del Consejo Asesor de la Revista “Aula de Innovación Educativa” de la Editorial Graó y participo junto a mis amigos y compañeros inclusivos Antonio Márquez y José Blas García en la sección “En Voz Alta” donde reflexionamos con nuestros artículos sobre educación.

Este mes de abril he escrito sobre la normalidad, sobre las reflexiones que me cuestiono y hago de los límites y barreras que los docentes y la sociedad en general ponemos a la normalidad. Captura de pantalla 2018-04-22 a las 12.19.39

En voz alta, montaje visual del texto:


Puede leerse toda la revista en este enlace:

http://www.grao.com/es/producto/revista-aula-271-abril-18-la-cultura-matematica-de-las-personas-au271