Fotografía de la esperanza.

Freire pone de manifiesto la necesidad de la utopía y de la esperanza. Desde aquel «Maestro, ¿qué es la utopía?», palabras con las que empezaba el artículo del mes de septiembre de la revista Aula de Innovación Educativa de la primaria de la editorial Graó, hasta ahora, ha pasado todo un curso escolar. Un curso que, a modo de álbum fotográfico, nos deja imágenes reales de escuelas transformadoras que promueven cambios en la educación, basados en el diálogo y en la reflexión, y que nos llevan a tener esperanza. No hay diálogo sin esperanza, decía Freire, ya que esta es la que moviliza a las personas en permanente búsqueda; el diálogo y la búsqueda de modelos inclusivos han sido el punto de partida de este camino.

Como si de un daguerrotipo se tratase, se han estado exponiendo a la luz a lo largo de todo el curso escolar distintas experiencias inclusivas que se abordan en centros educativos de educación infantil y primaria de toda España. Centros que comparten su camino hacia la inclusión, se han compartido sus ilusiones y fortalezas, pero también sus debilidades y amenazas, como si de una imagen delicada se tratase.

Se escogió como tema del curso 2019/2020 la Educación Inclusiva, de forma que cada escuela ha ido mostrando en un álbum con ese título y tejido bajo el ODS número 4, cómo es posible garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

Los centros que aparecen en estas fotografías para la esperanza son:

CRA Benavites, de de Quart de les Valls, de Valencia. Que abordó el tema de la Investigación educativa en la revista del mes de octubre 2019.

CEIP Puerta de Sancho, de Zaragoza. PEC inclusivo. Noviembre 2019

Bastidaeskola, de Bastida (Araba) Identidad y pertenencia. Diciembre 2019

CEIP Ramiro Solans, de Zaragoza Participación familias. Febrero 2020

CEIP Santa Bárbara, Lugones, en Asturias Participación alumnado. Marzo 2020

CEIP Mestre Martínez Alonso, de Mos, Pontevedra. Patios inclusivos. Abril 2020

EOEP de Grado, Asturias Proyecto colaborativo de acción tutorial en tiempos de confinamiento. Mayo 2020

CEIP Carlos Cano, de Madrid Diseño Universal para el Aprendizaje. Junio 2020

Estas ocho escuelas nos muestran una fotografía nítida de que otra educación es posible y que la mirada puesta en las fortalezas, en el equipo, en el compromiso, es una mirada capaz de transformar la educación. Freire decía que la educación no cambia el mundo, la educación cambia a las personas que van a cambiar el mundo y en esta foto se percibe un modelo basado en las personas como agentes de cambio, personas capaces de transformar el mundo.

¿Cuáles son las fortalezas, oportunidades, aspiraciones y resultados de estos 8 centros?

Para leer el artículo completo: https://www.grao.com/es/producto/revista-aula-295-julio-20-patios-con-una-mirada-feminista-au295

Repensar el currículo en la educación. Una oportunidad para transformar.

À quoi serviraient en effet des connaissances qui ne seraient bonnes qu’à être restituées dans le cadre d’un examen?

Philippe Perrenoud

Comparto espacio de reflexión en la revista Aula de Innovación con mis amigos José Blas García (@jblasgarcia) y Antonio Márquez (@AMarquezOrdonez). Alternándonos, para apoyarnos mutuamente, reflexionamos todos los meses En voz alta para que se nos oiga bien. En la revista 295, la reflexión es sobre el currículo, y quiero que ahora más que nunca, se oiga mi voz.

“El estado de alarma crisis sanitaria COVID-19 debe ofrecernos oportunidades para replantearnos la educación en el contexto actual de transformación social. ¿Qué educación necesitamos en la actualidad? ¿Es necesario un nuevo diseño curricular?

Este confinamiento debido a la alarma sanitaria que ha dejado a casi 10 millones de estudiantes españoles sin poder asistir a los centros educativos, ha visibilizado muchas brechas en educación: una brecha digital que ha impedido el acceso a la educación de muchas personas durante estos meses; una brecha de uso que evidenciaba la escasa competencia digital tanto de alumnado como de profesorado; una brecha de origen socioeconómico que aunque siempre ha estado ahí, ahora deja entrever una realidad punzante que no hace sino corroborar la inequidad y la desigualdad de oportunidades en pleno siglo XXI y la sempiterna brecha de los nadies, ningunos y ninguneados.

Pero si bien estas han sido las brechas más manifiestas, el nuevo escenario ha puesto sobre la mesa numerosos aspectos del sistema educativo actual que deben replantearse, todos ellos relacionados con el currículo educativo. No es la primera vez que hablo de la rigidez del currículo, un currículo extenso con poca profundización y muchos contenidos, muy academicista y fragmentado, competencial solo en la teoría, que no valora los aspectos emocionales ni las habilidades blandas, que constriñe y encorseta, que no prepara al alumnado para un mundo VICA volátil, incierto, complejo y ambiguo como es el mundo actual, un currículo que solo contempla la diversidad desde la diferencia con adaptaciones curriculares que todavía segregan más.

En este contexto actual debemos replantearnos sobre cuál es la finalidad de la educación. ¿Adquirir conocimientos y memorizar datos que solo sirven para responder en un examen? ¿Cómo debería ser el nuevo currículo 3.0? Yo abogo por un currículo abierto, flexible, universal, competencial, globalizado, como el mundo. Un currículo innovador y vanguardista, acorde a los tiempos actuales. Un currículo con todos y para todos, que garantice la inclusión, la equidad y la calidad en y desde la educación”.

Texto original en la revista Aula de Innovación Educativa número 295, julio 2020 https://www.grao.com/es/producto/revista-aula-295-julio-20-patios-con-una-mirada-feminista-au295

Repensar la educación para recuperar la humanidad

En la revista digital de educación del FEAE-Aragón, número 30 de junio de 2020, aparece el artículo que escribí educación en tiempos de COVID-19 con el título Repensar la educación para recuperar la humanidad, os dejo aquí un fragmento:

“El COVID-19 aparece en nuestras vidas de forma inesperada e imprevista a mediados del mes de marzo. Se cierran entonces todos los centros escolares, y a partir de ese momento, estos espacios, que eran los responsables de una educación formal, intencionada, planificada y reglada, deben convivir, sin conciliación previa, con una educación informal, la educación que se ofrece de forma casual, sin planificación, en la cotidianidad del día a día en casa. Miles de estudiantes permanecen recluidos en sus hogares y no pueden asistir a sus centros educativos, y miles de docentes están obligados a hacer una mudanza virtual de la educación formal.

Nassim Taleb, en su libro El cisne negro, el impacto de lo altamente improbable, asigna al cisne negro los siguientes atributos:

  1. Es una rareza que está fuera de las expectativas normales.
  2. Produce un impacto tremendo difícil de predecir.
  3. La naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que, erróneamente, se hace explicable y predecible.

Este coronavirus o cisne negro en la educación, produce la necesidad de reconciliar los espacios de aprendizaje informales ajenos a la escuela con la educación formal encerrada hasta entonces entre cuatro paredes. Ha sido esta una conciliación difícil de asumir, porque eran necesarios conocimientos y competencias que en muchos casos no se tenían; porque era necesario disponer de tecnología y acceso a internet, que muchas familias no poseían; porque implicaba salir obligatoriamente de un escenario seguro, el escolar, un espacio conocido, de confort, y el solo hecho de hacerlo, asustaba; porque descubría y evidenciaba brechas que si bien ya existían en la educación, se mostraban ahora al descubierto con brusquedad y toda su crueldad: brechas digitales, brechas de uso de las tecnologías, brechas socioeconómicas, brechas de género, brechas relacionadas con la diversidad en general y las necesidades educativas en particular.

Pero, sobre todo, esta conciliación ha sido difícil de asumir porque no estábamos preparados, porque no habíamos visto esas brechas. Unas brechas evidentes que no eran visibles a nuestros ojos y que siempre habían estado. Unas brechas normalizadas que asumíamos con hipocresía y un buenismo tolerado.

Este es un error y una ilusión muy común en la educación y que producen ceguera porque no se ven. El error normaliza las injusticias, y la ilusión hace pensar que se están haciendo las cosas bien, aunque no sea así.

Edgar Morin en su informe Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (1999) hacía referencia al error y la ilusión como una ceguera del conocimiento. Ahora, en este momento, se vuelve necesario reflexionar sobre esta ceguera, sobre la vulnerabilidad, las desigualdades, la imperfección, el fracaso…”

Puedes leer este artículo completo en http://feae.eu/wp-content/uploads/2020/06/Forum-Arag%C3%B3n-30-Entorno-a-la-escuela-del-covid-19.pdf

La evaluación como herramienta de aprendizaje

El pasado mes de mayo en pleno confinamiento estuve trabajando con el CEP de Almería distintos Escenarios Visibles en el marco DUA, relacionando las evidencias de Hattie con las pautas DUA. Una de estas sesiones estuvo referida a la evaluación y al feedback.

Hattie (2017) con sus investigaciones comprobó que el efecto que la evaluación formativa posee en el aprendizaje tiene un tamaño de efecto de 0,90 y que el tamaño de efecto del feedback es de 0,79. Es decir, tanto la evaluación formativa como el feedback tienen dos veces el efecto medio (d=0,40) del resto de los efectos de la enseñanza, resultando ser ambas uno de los más poderosos mediadores del aprendizaje. En el marco DUA el feedback y la metacognición ofrecen opciones para el esfuerzo, la persistencia, la autorregulación y la comprensión, mejorando la capacidad de monitorear el progreso y logrando de esta forma un aprendizaje profundo que tiene como meta lograr aprendices expertos motivados y decididos, ingeniosos y conocedores, estratégicos y dirigidos a la meta.

No cabe la menor duda que la evaluación es un proceso clave en el aprendizaje, Miguel Ángel Santos Guerra habla de evaluar con el corazón y de la evaluación como aprendizaje; Neus Sanmartí habla de evaluar para aprender y de la evaluación como motor del aprendizaje,  y sin embargo en las aulas hablamos de evaluar para calificar y suspendemos en la evaluación formativa.

¿Por qué suspendemos en evaluación? Podríamos dar muchas respuestas, todas ellas suponen perpetuar el paradigma tradicional de la evaluación, un paradigma que penaliza los errores. Suspendemos porque consideramos evaluación como sinónimo de calificación, de comparación y de medición. Suspendemos porque la evaluación está más centrada en el profesorado con poca, escasa o nula participación del alumnado. Suspendemos porque evaluamos contenidos, no competencias. Suspendemos porque la evaluación se apoya en aspectos lingüísticos que no todo el mundo domina y que suponen una barrera al aprendizaje. Suspendemos porque la evaluación habitualmente no ofrece opciones para la expresión.

No voy a hablar aquí de las repercusiones psicológicas que la evaluación tiene en el alumnado, que son muy importantes, ni tampoco de las creencias de los docentes (obtienen calificaciones excelentes las personas inteligentes), puesto que eso supondría hablar de ética en la educación y más concretamente en la evaluación, hoy voy a centrarme en la evaluación como herramienta de aprendizaje.

La evaluación tiene un doble carácter:

  • Por una parte, un carácter social, que emite un juicio final y que se refiere a la calificación; hablamos entonces de una evaluación sumativa, una evaluación que evalúa el aprendizaje al finalizar la unidad didáctica, que compara resultados y que habitualmente se transforma en número,
  • Por otra, un carácter pedagógico regulador del aprendizaje, que se refiere a la evaluación formativa. Desde esta perspectiva, la evaluación es un proceso que recaba información sobre el progreso del aprendiz con el fin tomar decisiones para ayudarlo a mejorar.

La evaluación formativa es un proceso que recoge datos, los analiza y permite tomar decisiones para mejorar tanto la enseñanza como el aprendizaje, en este proceso deben participar docentes y estudiantes. De esta forma, una evaluación sumativa, una evaluación que nos sirve para emitir un juicio final, puede ser formativa si es empleada por ambos para recoger y analizar datos y evidencias, y posteriormente tomar decisiones acerca del nivel de desempeño alcanzado y de cómo mejorarlo. Queda claro por lo tanto, que la evaluación sumativa y la evaluación formativa no son dos tipos de evaluación en oposición sino que se realizan en distintos momentos pero ambas con un propósito formativo.

¿Cuándo hablamos de evaluación formadora?

La evaluación formadora (Nunziati 1990) tiene en común con la evaluación formativa en que es un proceso que ayuda a la toma de decisiones desde las evidencias y que permite conocer la brecha de aprendizaje, si la hubiese, pero difieren en que mientras que la evaluación formativa es un proceso compartido de maestros y alumnos, en la evaluación formadora es el alumno o alumna el que se responsabiliza de su propia evaluación proporcionando el docente de esta forma, opciones para la autorregulación, la autoevaluación y la reflexión.

La evaluación formadora está relacionada con la corriente francófona y supone una concepción amplia de la evaluación formativa, con autores como Linda Allal, Jean Cardinet, Philippe Perrenoud, Lucie Mottier López…, se enfatiza en la regulación del aprendizaje frente a la retroalimentación.

En Perrenoud (1991) “Il ne s’agit plus alors de multiplier les feed-back externes, mais de former l’élève à la régulation de ses propres processus de pensée et d’apprentissage, partant du principe que l’être humain est dès la prime enfance capable de se représenter au moins partiellement ses propres mécanismes mentaux” (1).

¿Cuáles son las tres preguntas que nos guían en la evaluación formativa?

Compartir los criterios de evaluación con el alumnado y clarificarlos permite al estudiante conocer hacia dónde va. Recoger y analizar datos y evidencias ayuda a docentes y aprendices a saber dónde están. Tomar decisiones permite a ambos reflexionar sobre cómo seguir avanzando.

“Sadler (1989) introduce la noción de brecha o diferencia cognitiva y define feedback en función a ese concepto. El feedback propone reducir la diferencia entre dónde está el alumno y dónde se pretende que esté, es decir, entre los conocimientos previos o actuales y los criterios de éxito” (Hattie, 2017). Se comprueba entonces que el feedback va a estar asociado a una evaluación formativa y será un poderoso mediador del aprendizaje, pero este tema se abordará con más detenimiento en otra entrada.

“La evaluación es como un cuchillo. Se puede utilizar para salvar a las personas y liberarlas de las cuerdas de la ignorancia y de la opresión, pero también puede utilizarse para herir y matar. Por eso es necesario ahondar en el sentido ético de la evaluación” (Santos, 2019).

Trabajos citados

Hattie, J. (2017). Aprendizaje visible para profesores. Madrid: Paraninfo.

Nunziati (1990). Pour construire un dispositif d’évaluation formatrice, document de travail. Cahiers Pédagogiques, N°280, pp. 47-64

Perrenoud, Ph. (1991) Mesure et évaluation en éducation, vol. 13, n° 4

Santos, M. (2019). Evaluar con el corazón. De los ríos de las teorías al mar de la práctica. . Rosario: Homo Sapiens Ediciones.

(1) “No se trata de multiplicar la retroalimentación externa, sino de entrenar al alumno en la regulación de sus propios procesos de pensamiento y aprendizaje, basado en el principio de que el ser humano es capaz desde la primera infancia, de al menos parcialmente, representar sus propios mecanismos mentales“.

Activando la inclusión desde la orientación.

En la Jornada formativa virtual Actívate organizadas por la Dirección General de Innovación e Inclusión Educativa de la Junta de Extremadura celebrada el 4 de junio de 2020, estuve impartiendo una charla sobre el papel de la orientación como agentes de cambio y activadores de la inclusión.

Comparto aquí el genially que aborda este rol ofreciendo propuestas concretas para el aula desde la inclusión:

  • Portafolio de talentos.
  • Enseñanza informada por la evidencia.
  • Medidas metodológicas, organizativas y curriculares.
  • Crear estructuras sólidas, sostenibles para promover la reflexión, orientadas a la mejora.
  • Grupos de apoyo mutuo.
  • Ética del cuidado.
  • Tejer redes de colaboración.
  • Crear espacios de formación.
  • Difusión y visibilización.

Y aquí podéis ver la sesión en diferido.

Mes de mayo. Orientar para transformar

¿Cómo desde la orientación se puede desarrollar una educación escolar más inclusiva? ¿Cuál es el rol de la orientación para lograr transformaciones reales con incidencia en los procesos de enseñanza aprendizaje de todo el alumnado?

La educación inclusiva es una educación que conjuga aspectos cognitivos, emocionales y éticos. Es una educación centrada en la persona, en sus logros, en su aprendizaje. No es una educación homogeneizadora, que transmite el saber de forma unidireccional y que deja en los márgenes a niños y niñas; es una educación que enfatiza la dimensión social del aprendizaje, que teje redes naturales de apoyo, que promueve el aprendizaje activo que parte de la propia reflexión del aprendizaje y que pone el énfasis en cómo se aprende, en aprender a aprender.

Pero ¿qué entendemos por aprendizaje? ¿Aprobar exámenes? ¿Reproducir fielmente lo que dicen los libros? Desde la psicología del aprendizaje, “el aprendizaje es un cambio relativamente permanente y transferible en los conocimientos, habilidades, actitudes, emociones, creencias…, de una persona como consecuencia de sus prácticas sociales mediadas por ciertos dispositivos culturales” (Pozo, 2016). Aparecen entonces conceptos como cambio, permanente, transferencia, prácticas sociales…, conceptos que deben estar presentes en el aprendizaje y que nos llevan a plantearnos otra pregunta: ¿Cómo aprendemos? Desde finales del siglo pasado, pero fundamentalmente en este siglo, son numerosas las investigaciones para intentar responderla. Hattie (2017) o Martín (2020) visibilizan los resultados que obtienen en sus investigaciones para lograr una enseñanza basada en la evidencia, una enseñanza apoyada en estrategias con alto impacto en el aprendizaje de todo el alumnado.

¿Y cómo debe ser ese diseño, la instrucción? ¿Qué actuaciones realiza el docente en al aula para promover el aprendizaje en todo el alumnado? El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) ofrece respuestas apropiadas a todo el alumnado, con el objetivo de lograr aprendices expertos comprometidos con la tarea, capaces de transferir el conocimiento aprendido y dirigidos a la meta. Se diseña y planifica de forma universal para que todo el alumnado obtenga logros, para que todo el alumnado aprenda, para no dejar a nadie en los márgenes. El DUA ofrece pautas basadas en la evidencia que ayudan a ese diseño (esfuerzo, persistencia, colaboración, feedback, metacognición, transferencia, autorregulación, planificación…).

Las investigaciones nos dicen que los mecanismos de emoción juegan un papel muy relevante en el aprendizaje. Es necesario entonces abordar este aspecto en el aula, desde distintas áreas; por una parte, es necesario incluir la educación emocional en el aula, y por otra, crear ambientes de aprendizajes que tengan en cuenta la dimensión emocional para mejorar el aprendizaje.

La pregunta es entonces: ¿cómo acometemos todo lo expuesto relacionado con el aprendizaje y la enseñanza desde la orientación? ¿Cómo podemos orientar para lograr transformaciones reales con incidencia en los procesos de enseñanza-aprendizaje?

  • Creando ambientes y escenarios para promover la reflexión y el cambio de mirada, desde una ética y compromiso compartido, creando vínculos basados en el cuidado y respeto mutuo, liderando tertulias literarias sobre ética, inclusión, calidad de vida…
  • Creando estructuras sólidas y sostenibles orientadas a la mejora de la educación, a una educación de calidad, liderando círculos de reflexión con docentes abiertos a conocer la evidencia del impacto que las prácticas educativas tienen sobre el alumnado. Docentes que conocen y analizan las evidencias de aprendizaje, que se cuestionan, que se autoevalúan y coevalúan para mejorar su práctica docente.
  • Tejiendo redes de colaboración EN y CON la comunidad, promoviendo la permeabilidad en todas las dimensiones educativas (culturas, políticas y prácticas) y con todos los agentes educativos, liderando comisiones mixtas que lleven a revisar la educación como un bien común que promueve la equidad y la igualdad en la educación, eliminando la brecha educativa.
  • Creando espacios (presenciales, virtuales, mixtos) de formación para docentes y familias, sobre apoyo psicosocial y emocional, sobre las evidencias en la educación, sobre DUA, sobre itinerarios formativos que promuevan el desarrollo de una educación escolar más inclusiva.
  • Difundiendo y visibilizando las prácticas inclusivas que se llevan a cabo en la orientación.

Estas son algunas de las propuestas que se me ocurren, seguro que tú tienes otras más; en cualquier caso, el rol de la orientación en la escuela inclusiva es ayudar a crear nuevos modos de hacer, de sentir y vivir la escuela, transformando no lo solo la educación, sino la vida de las personas.

BIBLIOGRAFÍA

Hattie, J. (2017). Aprendizaje visible para profesores. Madrid: Paraninfo.

Martín, H. (2020). ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza. Barcelona: Graó.

Pozo, J. (2016). Aprender en tiempos revueltos. La nueva ciencia del aprendizaje. Madrid: Alianza Editorial.

Una educación humanista en momentos de crisis. Una mirada desde la inclusión.

 

El pasado miércoles 22 de abril de 2020, en pleno confinamiento, Innovaedum me invitó a participar en las tardes Innovaedum. En esta abordé la educación inclusiva como un paradigma de apoyos, de calidad de vida y enfoque de derechos humanos, centrándome en el derecho A la educación y diferenciándolo del derecho EN la educación.

Insistí en la mirada desde la inclusión, una mirada para ver a la persona, para eliminar barreras, para conjugar aspectos cognitivos, emocionales y éticos, para tejer alas, para vivir.

Podéis escuchar aquí el vídeo completo:

 

¿Qué educación necesitamos para el siglo XXI? Es momento de replantearnos la educación.

Mes de abril. Ética del cuidado. En voz alta.

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Desde el mes de enero de 2018, formo parte del Consejo Asesor de la revista Graó y colaboro periódicamente con mis reflexiones En voz alta sobre la educación en la revista Aula de Innovación Educativa, junto con mis compañeros José Blas García y Antonio Márquez, con quienes me une amistad y compromiso educativo.

En la revista del mes de marzo reflexioné en voz alta sobre le Ética del cuidado, este tema coincide con el tema del mes de abril de mi calendario 2020 #ObjetivoInclusión.

El artículo puede leerse en la revista 291 (Marzo 20) Escuelas comprometidas con el mundo y aquí, escuchar el vídeo.

 

Aprendiendo a vivir. Agilidad en contextos complejos.

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El pasado sábado 18 de abril, Fiadown me invitó a participar en un webinar dirigido a familias y profesionales para abordar el tema del aprendizaje on line, cómo apoyarlo desde casa y cómo presentar contenidos universalmente.

Antes de abordar las propuestas para docentes y familias, hablé de cómo educar en la incertidumbre y desarrollar la resiliencia en el hogar.

Os dejo aquí el vídeo y la presentación, en ella encontraréis los enlaces a todas las propuestas que os comenté.

Gracias a todo el mundo por el interés y un fuerte aplauso desde este pequeño rinconcito.

Puedes ver el webinar completo en este vídeo:

Puedes ver aquí la presentación que utilicé:

Agilidad educativa en tiempos complejos de COVID-19

Modelo Cynefim

En estos días de confinamiento he tenido el placer de leer el libro Agilidad en cuatro estaciones, de mi amiga Melina Jajamovich. Conocí a Melina hace años en Zaragoza, su dominio de temas desconocidos para mí me abrían nuevas miradas hasta entonces desconocidas y me llevaban a que esas conversaciones con ritmo argentino fuesen siempre breves, a pesar de que el reloj nos dijese lo contrario. Y como siempre ha sucedido con ella, después de la lectura de su libro, mi mente inquieta no deja de pensar, de unir sus conceptos con mis ideas, de dar forma a lo aprendido, de pensar cómo aplicarlo en la educación.

Melina es experta en Agilidad, en “recalcular para sobrevivir al siglo XXI”, y entonces he pensado en los cisnes negros, en el COVID-19, en la fragilidad y en la antifragilidad. Esta situación caótica, que destaca por su rareza y por un impacto difícil de predecir, nos lleva a buscar soluciones ágiles también en la educación.

En 1999, Snowden diseñó un modelo para explicar las cinco situaciones o contextos en los que una organización puede encontrarse. Conocer estos contextos ayuda a decidir cómo actuar.

En un entorno simple la causa-efecto es evidente. Es un entorno automatizado, familiar, conocido y evidente.

En un entorno complicado aparecen las incógnitas, pero estas son conocidas. En este contexto se recurre al experto para buscar la respuesta, la solución.

Cuando todo fluye y cambia continuamente estaríamos en un entorno complejo; es un entorno en el cual es difícil predecir, porque las incógnitas son desconocidas.

Todo se vuelve caótico cuando aparece el cisne negro y nos encontramos entonces en mares turbulentos que requieren respuestas inmediatas para restaurar cierto orden. En este entorno, las incógnitas son absolutas y prima la improvisación, lo importante es solucionar el caos y luego evaluar y buscar la solución más adecuada.

Con el entorno desordenado hay que tener especial cautela, puesto que cuando te encuentras en él es que no sabes ni en qué situación estás y es necesario salir de este estado.

Con la llegada del cisne negro del COVID-19 en educación hemos pasado del entorno caótico al complejo, con propuestas ágiles que promueven la colaboración para asegurar el aprendizaje.

Si nos basamos en el manifiesto ágil (1), las propuestas que buscamos para nuestros centros dan poder a las personas, a las interacciones, a la colaboración…, respuestas ágiles para entornos complejos. La antifragilidad de la que hablaba en otra entrada, donde explicaba que la antifragilidad es más que resiliencia o robustez. Lo robusto aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil los mejora y esta propiedad es la que nos va a hacer salir fuertes de la crisis, del cisne negro. Lo antifrágil en estos momentos es el cuidado, el amor, la ayuda desinteresada, la cooperación, la empatía, la sociedad unida,  porque #JuntosSaldremosAdelante.

Hablaríamos entonces:

  • De inteligencia colectiva.
  • De redes naturales de apoyo.
  • De ética del cuidado, de apoyo mutuo, de colaboración, de compromiso y  de responsabilidad.
  • De emerger los talentos. Se trata de convertir el potencial de todas las personas en poder positivo para abrazar la incertidumbre.
  • De arriesgarnos, de innovar.
  • De promover la creatividad.

Esta es solo una pequeña muestra de docentes ágiles, seleccionada porque pone en evidencia que la inclusión sigue liderando las acciones educativas y que garantizar una educación inclusiva no es una opción.

 

Un aplauso a todos los docentes ágiles, que están demostrando día a día que aunque el contexto sea complejo son capaces de dar una respuesta rápida ante el cambio y ofrecer soluciones creativas, brillantes, inclusivas, equitativas y de calidad.

 

(1) El manifiesto ágil surge en 2001, cuando 17 expertos en informática se juntan a debatir y a buscar alternativas a los procesos tradicionales de desarrollo de software, procesos caracterizados por la rigidez y por una planificación secuencial y detallada previa al desarrollo. Elaboran entonces un manifiesto que valora la entrega rápida, la importancia de las personas, de las interacciones, de los procesos participativos.