Repensar la educación para avanzar

El pasado año, en el Foro Mundial de Educación que se celebró del 19 al 22 de mayo de 2015 en Incheon, República de Corea (Corea del Sur), bajo el lema “Educación de calidad, equitativa e inclusiva así como un aprendizaje durante toda la vida para todos en 2030. Transformar vidas mediante la educación”, se presentó el documento que os invito a leer “Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial?” cuyo prólogo empieza así  “¿Qué educación necesitamos para el siglo XXI? ¿Cuál es la finalidad de la educación en el contexto actual de transformación social? ¿Cómo debería organizarse el aprendizaje?”

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A finales de junio de este año nos dejó Alvin Toffler, un escritor y “futurista” estadounidense que escribió frases como esta:

Toda educación surge de imágenes de futuro y toda educación crea imágenes de futuro.

Y que yo utilizo ahora para reflexionar sobre educación, porque el futuro de la educación lo escribimos ahora, lo que yo quiera hacer en mi aula este curso lo programo ahora, en este momento, y el cambiar y transformar esa educación está en mis manos. Las imágenes de futuro, por lo tanto, las vamos a crear ahora.

Es necesario reflexionar y profundizar sobre ello para poder actuar y de esta forma avanzar con objetivos claros y no dejar de avanzar.  Pero, sobre todo, es necesario no sólo pensar en lo que hacemos, sino “repensar”, término definido por la Real Academia Española como “Pensar atenta y detenidamente sobre algo”. 

REPENSAR primero sobre qué entendemos por aprendizaje, porque la idea que tengamos sobre este concepto, la idea que tengamos sobre qué es aprendizaje y sobre cuándo hay o no aprendizaje, va a condicionar mi forma de enseñar y evaluar.  Y éste sería el segundo aspecto a repensar:

REPENSAR sobre las prácticas que llevamos a cabo en el aula. Solo de esta forma podremos caminar hacia una educación inclusiva de calidad que defiende una función formadora de la educación para todos, eliminando toda práctica segregadora.

Con ese fin, con la idea de ayudar a crear imágenes de futuro, propongo repensar sobre la educación.  El objeto de este artículo es ayudar a pensar atenta y detenidamente sobre estas dos cuestiones, es ayudar a reflexionar para luego poder actuar y avanzar.  Planteo a continuación una serie de preguntas sobre las que incidiré en posteriores entradas.  Estas cuestiones nos pueden servir como punto de partida para que surjan imágenes de futuro, imágenes que permitan transformar la educación ahora, para cambiar las metas, porque está en nuestras manos poder hacerlo.

Respecto a la cuestión sobre qué entendemos por aprendizaje, propongo estas preguntas:

  • ¿Mis alumnos aprenden cuando repiten fielmente lo que hay en el libro?
  • ¿Se aprende a dialogar si sólo hablo yo?
  • ¿Se aprende a cooperar si fomento el aprendizaje individual?
  • ¿Se aprende a pensar si se reproducen los ejercicios descontextualizados una y otra vez?
  • ¿Utilizo mucho el “bolígrafo rojo” para penalizar el error o por el contrario me gusta el “bolígrafo verde” que destaca lo que se hace bien?
  • ¿Permito el aprendizaje basado en el error o no puedo desviarme del conocimiento establecido?
  • ¿La secuencia de mi aula es: explicar la lección fundamentalmente por medio de un monólogo; hacer ejercicios casi siempre individualmente; mandar más de lo mismo para casa en forma de deberes y comprobar sus aprendizajes en un examen? ¿Me funciona? ¿Es un aprendizaje formativo o segregador?
  • Cuando han aprobado el examen, ¿han aprendido? ¿Son capaces mis alumnos de transferir ese aprendizaje en situaciones nuevas, en contextos diferentes?
  • ¿Cuál es mi idea de aprendizaje? ¿Aprobar exámenes?
  • ¿En mi aula me centro mucho en el aprender a decir y dejo de lado el aprendizaje procedimental y actitudinal? ¿Dónde están las emociones? ¿Qué lugar ocupa la práctica?
  • ¿Fomento mayoritariamente la inteligencia verbal y me olvido de las otras?

Antes de comenzar con la segunda cuestión, os invito a ver la conferencia que Ángel Gabilondo impartió en el Congreso de Educación Inclusiva celebrado en Mayo de 2016 en Valencia  en el que defiende “El derecho a la diferencia, sin diferencia de derechos” y que lo relaciono con una única pregunta que lleva implícitas muchas cuestiones que ya he ido abordando en otras entradas y que lo seguiré haciendo en otras posteriores.

¿Todo el alumnado de mi clase participa, está presente y obtiene logros o por el contrario se cumple el Efecto Mateo¹, de forma que como dijo Keith Stanovich, sólo los más capaces pueden aprender?

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A modo de conclusión.

Hasta ahora ha predominado una visión de la educación centrada en la homogeneidad que no valora la diversidad.  Esta visión segregadora de la educación ha separado al alumnado con currículos paralelos fomentando la idea monolítica de una inteligencia que por si misma era capaz de explicar el aprendizaje.

Hasta ahora ha predominado una enseñanza memorística haciendo que en nuestras aulas (scriptoriu) tengamos fieles monjes copistas medievales, encargados de reproducir fielmente lo que explica el profesor y lo que está escrito en los libros copiándolo en los cuadernos.  Enseñanza que no solo no desarrolla las competencias del siglo XXI, sino que deja fuera a muchos niños y niñas del sistema educativo.

Hasta ahora ha primado el trabajo individual frente al cooperativo, fomentando la formación académica personal, la alfabetización individual, pero sobre todo la idea taylorista de la educación que promueve un currículo fragmentado en distintas áreas.

Y así podría seguir mostrando un escenario tradicional de la educación, porque como acuñaron Monereo y Pozo “Hoy la escuela enseña contenidos del siglo XIX, con profesores del siglo XX a alumnos del siglo XXI”.  Pero está en nuestras manos poder cambiar estas dinámicas; por eso es importante no solo pensar, sino REPENSAR, pensar detenidamente, para poder transformar y cambiar lo que no nos gusta, lo que no funciona, lo que no es inclusivo, para crear ahora sí, una imagen de futuro, un escenario que  apueste por una educación inclusiva de calidad.

escenario?

 

 

 

 

 

  1. El sociólogo Robert Merton utilizó por primera vez el término “efecto Mateo” en su artículo de Science de enero de 1968. Desde entonces esta expresión se ha utilizado en distinto campos para referirse siempre a la cita de San Mateo “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” (13: 11-13)
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