¿Nos cuestionamos la exclusión? Carta a Antón.

Querido Antón, tú no me conoces, pero yo a ti sí. Yo soy Coral, amiga de tu madre en las redes.

Desde que leí vuestra despedida en el maravilloso blog que escribe, he sentido deseos de ponerme en contacto contigo para decirte lo que pienso. Tiene tu madre una forma de escribir tan personal que te llega dentro, muy adentro, apuntando al corazón. Con sus escritos te transporta por ese mundo de sentimientos que ella vive, de tal forma que con la lectura del texto sentí liberación, pero también decepción, rabia e indignación. Yo también escribo, ¿sabes? Y le pedí permiso a tu madre para que ese texto, el texto de vuestra despedida, apareciese en un libro que acabo de terminar, un libro que pretende ayudar a repensar una escuela extraordinaria, pero creo que lo que necesitamos verdaderamente es una sociedad extraordinaria.

Me pregunto Antón, si ésta es la sociedad que deseamos; quizá no, pero sin duda es la que construimos, la que estamos creando y permitiendo, y eso me entristece enormemente. La soledad que has vivido es cruel, pero la indiferencia colectiva por parte de algunas personas de la comunidad educativa, de la sociedad en general, es una maldad. Roger Slee, una de las voces más reconocidas en la educación inclusiva en la actualidad, dice que cuando permitimos la exclusión por consentimiento o apatía, permitimos que existan personas en los márgenes de la vida cívica, de forma que la exclusión se mantiene, se crea y se impone con estas decisiones personales.

¡Cuánta verdad! Yo creo, Antón, que la mirada tiene que estar puesta en identificar las culturas de segregación y exclusión, pero sobre todo en reflexionar sobre ellas. He conocido personas que normalizan tanto las injusticias que no las ven, y tú en tu corta edad, ya has sido testigo de ello. Pero mejor que yo lo escribe tu madre cuando pone voz a tus sentimientos.

Y un día del curso pasado, Antón no pudo más. Y el caso es que no pudo más, no por culpa de los deberes, los trabajos, las lecturas obligatorias, los exámenes o la carga lectiva. No pudo más por tanta soledad. Porque llevaba cuatro años completamente solo. Uno detrás de otro. En cada recreo, en cada clase, en cada pasillo. Solo. Invisible. Siempre.

Carmen Saavedra, autora del blog Cappaces.

A esta exclusión consentida me refería, Antón, al sufrimiento que la acompaña; pero también a las vidas rotas, al desmoronamiento de sueños, a la resignación. Ahora te sigo también a ti en las redes y me enamora tu forma de pensar, de sentir, de ser. Y recuerdo entonces el libro de mi amiga Anna Forés sobre resiliencia generativa, porque tú eres un ejemplo de ello. Un ejemplo de supervivencia, de reconstrucción, de generar vida, de vivir a pesar de la adversidad. En su libro Los patitos feos y los cisnes negros, Anna nos dice que “la resiliencia más bien significa saltar hacia delante, crecer hacia algo nuevo”. Este es el salto que tú has dado, querido Antón, eres muy valiente. Te deseo todo lo mejor en esta nueva etapa, porque te lo mereces y deseo poder acompañarte, aunque sea virtualmente en este camino, en esos saltos. Aquí estoy para lo que necesites. Yo también soy soñadora de sueños posibles.

PD. Voy a poner voz a mi escrito para que puedas conocerme un poquito más, puedes escucharla Ver en Vocaroo >>

Blog Cappaces escrito por Carmen Saavedra, madre de Antón: https://cappaces.com/

Redes sociales de Antón Fontao: https://www.facebook.com/anton.fontao.5

Ética de la justicia y ética del cuidado en la educación inclusiva

No es la primera vez que escribo sobre la ética del cuidado, ni sobre la necesidad de atender de forma justa la vulnerabilidad. Tampoco es la primera vez que aprovecho el verano para escribir, para encontrarme conmigo misma, para reflexionar. Este año el libro que estoy escribiendo pretende ayudar a repensar la escuela extraordinaria y uno de sus capítulos me lleva a reflexionar sobre las éticas de la diversidad.

En los años 70 Lawrence Kohlberg expuso su conocida teoría del desarrollo moral que todavía se estudia en las universidades y en las oposiciones de orientación educativa. Para ello utilizó distintos dilemas; la argumentación de las respuestas a los mismos ayudó al autor a determinar que el niño recorre tres niveles a la hora de juzgar moralmente:

  • Un primer nivel, preconvencional, en el que el niño juzga los acontecimientos desde una perspectiva egocéntrica con una visión orientada por el miedo al castigo y el respeto a la autoridad.
  • Un segundo nivel, convencional, en el que prima la respuesta social, de forma que es justo lo que dictan la sociedad y las leyes establecidas.
  • Un tercer nivel, postconvencional, con una respuesta moral propia basada en la convicción personal de principios morales universales. Se reconocen los derechos humanos en la igualdad, la justicia social, el respeto… en todas las personas.

En los años 80, su alumna Carol Gilligan revisó la teoría desde una perspectiva de género y obtuvo una valoración diferente en niños y niñas; mientras que los primeros razonaban en términos de justicia, derechos o reglas, las niñas lo hacían a partir del sentimiento humanitario, empatía y cuidados, de forma que para Kohlberg el niño era más maduro moralmente que la niña y sin embargo para Gilligan ambos. En 1982 escribe su libro In a Different Voice destacando que existe una voz diferente a la ética de la justicia y que es la voz femenina de la ética del cuidado. Existen por lo tanto dos lenguajes para codificar el mundo moral, dos lenguajes que se complementan, de forma que el cuidado es tan importante como la justicia.

La ética de la justicia y la ética del cuidado son dos formas de entender la ética y son dos voces que deben estar presentes en nuestra escuela inclusiva, porque la justicia y la exclusión se construyen y se sostienen por elecciones personales. Pero existen otras voces que deben escucharse también en educación, así, Adela Cortina habla de una ética cordial y Hans Jonas de una ética de la responsabilidad, de forma que este último asegura que «cuando alguien tiene ante sí a un ser vulnerable, y pudiendo protegerlo no lo hace, se comporta de forma inmoral»

La educación inclusiva es un derecho fundamental, es un proyecto ético que rompe con la indiferencia colectiva que permite la exclusión por consentimiento o apatía. La educación inclusiva comienza con un cambio de mirada que reconoce y valora al otro en tanto otro, y que rompe con el capacitismo, que considera que “lo normal” es poseer ciertas capacidades y lo diferente no poseerlas. La UNESCO nos dice que esta educación no es una educación residual centrada en cómo se puede incluir a algún alumnado concreto en el aula, es una educación transformadora que requiere una reforma educativa y social, un cambio de mirada para ver a la persona, una reflexión profunda sobre la concepción de qué es inclusión, y un compromiso ético para pasar a la acción

La educación inclusiva tiene voces de justicia social, de derechos humanos, de universalidad, pero también de cuidados, de ayuda mutua, de responsabilidad compartida. Y todas estas voces son voces humanas que debemos escuchar.

Agilidad educativa en tiempos complejos de COVID-19

Modelo Cynefim

En estos días de confinamiento he tenido el placer de leer el libro Agilidad en cuatro estaciones, de mi amiga Melina Jajamovich. Conocí a Melina hace años en Zaragoza, su dominio de temas desconocidos para mí me abrían nuevas miradas hasta entonces desconocidas y me llevaban a que esas conversaciones con ritmo argentino fuesen siempre breves, a pesar de que el reloj nos dijese lo contrario. Y como siempre ha sucedido con ella, después de la lectura de su libro, mi mente inquieta no deja de pensar, de unir sus conceptos con mis ideas, de dar forma a lo aprendido, de pensar cómo aplicarlo en la educación.

Melina es experta en Agilidad, en «recalcular para sobrevivir al siglo XXI», y entonces he pensado en los cisnes negros, en el COVID-19, en la fragilidad y en la antifragilidad. Esta situación caótica, que destaca por su rareza y por un impacto difícil de predecir, nos lleva a buscar soluciones ágiles también en la educación.

En 1999, Snowden diseñó un modelo para explicar las cinco situaciones o contextos en los que una organización puede encontrarse. Conocer estos contextos ayuda a decidir cómo actuar.

En un entorno simple la causa-efecto es evidente. Es un entorno automatizado, familiar, conocido y evidente.

En un entorno complicado aparecen las incógnitas, pero estas son conocidas. En este contexto se recurre al experto para buscar la respuesta, la solución.

Cuando todo fluye y cambia continuamente estaríamos en un entorno complejo; es un entorno en el cual es difícil predecir, porque las incógnitas son desconocidas.

Todo se vuelve caótico cuando aparece el cisne negro y nos encontramos entonces en mares turbulentos que requieren respuestas inmediatas para restaurar cierto orden. En este entorno, las incógnitas son absolutas y prima la improvisación, lo importante es solucionar el caos y luego evaluar y buscar la solución más adecuada.

Con el entorno desordenado hay que tener especial cautela, puesto que cuando te encuentras en él es que no sabes ni en qué situación estás y es necesario salir de este estado.

Con la llegada del cisne negro del COVID-19 en educación hemos pasado del entorno caótico al complejo, con propuestas ágiles que promueven la colaboración para asegurar el aprendizaje.

Si nos basamos en el manifiesto ágil (1), las propuestas que buscamos para nuestros centros dan poder a las personas, a las interacciones, a la colaboración…, respuestas ágiles para entornos complejos. La antifragilidad de la que hablaba en otra entrada, donde explicaba que la antifragilidad es más que resiliencia o robustez. Lo robusto aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil los mejora y esta propiedad es la que nos va a hacer salir fuertes de la crisis, del cisne negro. Lo antifrágil en estos momentos es el cuidado, el amor, la ayuda desinteresada, la cooperación, la empatía, la sociedad unida,  porque #JuntosSaldremosAdelante.

Hablaríamos entonces:

  • De inteligencia colectiva.
  • De redes naturales de apoyo.
  • De ética del cuidado, de apoyo mutuo, de colaboración, de compromiso y  de responsabilidad.
  • De emerger los talentos. Se trata de convertir el potencial de todas las personas en poder positivo para abrazar la incertidumbre.
  • De arriesgarnos, de innovar.
  • De promover la creatividad.

Esta es solo una pequeña muestra de docentes ágiles, seleccionada porque pone en evidencia que la inclusión sigue liderando las acciones educativas y que garantizar una educación inclusiva no es una opción.

 

Un aplauso a todos los docentes ágiles, que están demostrando día a día que aunque el contexto sea complejo son capaces de dar una respuesta rápida ante el cambio y ofrecer soluciones creativas, brillantes, inclusivas, equitativas y de calidad.

 

(1) El manifiesto ágil surge en 2001, cuando 17 expertos en informática se juntan a debatir y a buscar alternativas a los procesos tradicionales de desarrollo de software, procesos caracterizados por la rigidez y por una planificación secuencial y detallada previa al desarrollo. Elaboran entonces un manifiesto que valora la entrega rápida, la importancia de las personas, de las interacciones, de los procesos participativos.

La ética, el otro y la alteridad.

«Nace con un diagnóstico muy grave, nadie piensa que va a vivir, y durante 25 días no tiene nombre, es la niña de la servocuna, pero eso le pasa más veces a lo largo de su vida, que pierde el nombre para ser nombrada por su diagnóstico, que pierde el derecho a una infancia para estar en hospitales, en terapias, en su casa» (Silvana Corso, Agustín Sap)

La educación inclusiva no nos debe dejar indiferentes; el otro nos interpela, nos dice: «no me reduzcas a una representación tuya, no me dejes sin nombre, no me anules, no me invisibilices». También nos dice: «no me homogeneices como has venido haciendo hasta ahora, escúchame, cree en mí, edúcame, enséñame, camina a mi lado, no me pongas piedras, ofréceme apoyos y ajustes necesarios para avanzar, garantízame ambientes flexibles de aprendizaje con desafíos adecuados».

Seguimos considerando que la respuesta educativa es la atención a la diversidad que considera que lo diverso es la persona que se sale de la norma, esa persona a la que no nombro por su nombre, sino por la representación que yo tengo de ella, o por la etiqueta que condiciona expectativas, anulando de esta forma la alteridad, anulando que sea otro. Esta respuesta a la diversidad es perversa y segregadora, y es la que hacemos habitualmente cuando en el aula las respuestas están dirigidas al estudiante promedio que deja en los márgenes al diferente, al que no sigue la norma, al ninguno, al ninguneado; es perversa cuando estas respuestas a la diversidad se basan en apoyos fuera del aula, en grupos homogéneos con desdobles o en clases especiales en centros educativos; es perversa cuando se considera que el origen del problema está en la persona, no en el contexto, un contexto que si no se hace accesible permitirá que la discapacidad sea siempre una opresión; es perversa cuando la representación del otro es cognitiva, no ética.

Y entonces hablo de ética, de ética del cuidado al otro, porque «pensar en el otro en tanto otro», como decía Lévinas, es ya una relación ética. Y entonces hablo de educación inclusiva, de cambio de mirada, de calidad de vida, de responsabilidad, de compromiso, de altas expectativas, de presencia, participación y logros, de derecho. Carlos Cullen decía: «Nada justifica que anulemos la alteridad del otro, en tanto otro»; y de nuevo, la ética.

Garantizar la equidad y la calidad en la educación es indisoluble de inclusión, y así lo corrobora el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4, pero también es indisoluble de ética. Una educación que enseña a pensar y no a obedecer, como decía Freire; una educación que nos lleva a un aprendizaje profundo, a diseñar ambientes y contextos flexibles que eliminan las barreras para que todas las personas puedan ser ellas mismas sin necesidad de «ser normales»; una educación que entiende y conoce la variabilidad y que diseña en función de ella; esta es una educación responsable, es una educación ética, es una educación que piensa en el otro, que lo nombra.

Y de nuevo el compromiso ético cuando buscamos el origen etimológico de la propia palabra, EDUCERE que extrae o saca de dentro a fuera algo que está ahí, cuando la mirada del docente permite visibilizar, empoderar a todo el alumnado; pero también EDUCARE, que se alimenta y guía desde fuera, hablando de la ética del docente que se centra en la alteridad y no en la ontología, que habla del otro como ser diferente y no del otro como ser homogéneo.

La ética en la educación nos invita a no quedarnos en palabras, sino a pasar a la acción, transformando las medidas educativas en propuestas abiertas y flexibles que ofrezcan una respuesta educativa inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado.

¿TE APUNTAS A PASAR A LA ACCIÓN?

Seguimos considerando que la respuesta educativa es la atención a la diversidad que considera que lo diverso es la persona que se sale de la norma, esa persona a la que no nombro por su nombre, sino por la representa

Portafolio de talentos para transformar vidas.

Escuchar las voces del alumnado (9)

En una entrada anterior estuve hablando del portafolio de talentos como una propuesta muy interesante para desarrollar en el aula, pero sobre todo para planificar actividades flexibles para todo el alumnado. El Portafolio de talentos es una actividad que Joseph Renzulli y Sally Reis (1) desarrollan en el modelo de enriquecimiento para toda la escuela. Esta interesante propuesta nos ayudará a conocer a todo el alumnado, a empatizar con él, a garantizarle una educación de calidad. Hablar de educación inclusiva es conjugar aspectos cognitivos, emocionales y éticos. Trabajar con este portafolio me permite aunar todos estos aspectos.

El profesorado que tiene mirada DUA, no se centra solo en el expediente que guarda los datos personales del alumnado, sus calificaciones y algunas observaciones habitualmente escritas con un lenguaje basado en el déficit, como «le cuesta, tiene dificultad para, no sabe, se distrae, interrumpe«. Este profesorado no pregunta «qué le pasa», sino que pregunta «quién es». Este profesorado se cuestiona desde la ética, desde la concepción humanista de la educación, desde el enfoque de los derechos humanos, desde el mismo corazón. Este profesorado mira a todos sus estudiantes a los ojos, los nombra, les pregunta, los conoce. Y este pequeño gesto es capaz de transformar la vida de todos ellos. Porque la educación es eso, pequeños gestos. Eduardo Galeano decía: Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

La educación inclusiva es una educación centrada en las capacidades, no en el déficit. Basada en el modelo social de la discapacidad, aboga por eliminar las barreras al aprendizaje, a la participación, a la presencia; barreras que impiden a la persona participar y estar presente. Conocer estas barreras es clave, por lo tanto, para avanzar hacia una educación inclusiva, pero conocer a la persona es primordial. ¿Cómo está, cómo se siente, qué ve habitualmente, qué escucha con asiduidad, qué expectativas tiene; qué expectativas tengo, cómo la miro, cómo actúo, cómo la nombro? Son preguntas que nos debemos hacer. Pero también estas otras: ¿qué le gusta, cuáles son sus intereses,  cuáles son sus fortalezas? Destacar la capacidad frente a la discapacidad, como diría Silvana Mabel Corso (2), nombra a la persona, la dignifica, la ubica en la sociedad que le corresponde.

Guardar junto al expediente, habitualmente centrado en el déficit, un portafolio que destaque las fortalezas de la persona, es cambiar la mirada. Utilizar esa información para transformar las prácticas en el aula, es caminar hacia la inclusión. Comenzar el curso con un portafolio de talentos que nos ayude a diseñar entornos de aprendizaje flexibles es hacer posible la educación inclusiva, es pasar a la acción, es tener esperanza para lo «inédito viable».

¿Qué puede contener este portafolio de talentos? ¿Cómo lo debo utilizar en el aula? ¿Cuál es su objetivo?

Mapa inclusivo de la empatía para conocer a la persona. 

Simplicity

Crea un mapa de la empatía de todos y cada uno de tus alumnos y alumnas. Sitúalos en el centro y contesta a las preguntas por este orden: ¿qué oye?, ¿qué ve?, ¿qué piensa y siente?, y por último, ¿qué dice?

Analiza las barreras a la presencia, a la participación, al aprendizaje, que encuentran en el aula, en el centro educativo y escribe propuestas de valor que permitan pasar a la acción. Idea después una intervención teniendo en cuenta el resto de los aspectos que vas a evaluar en este portafolio y controla el impacto que tiene, modifícala si es preciso. Los docentes tenemos que evaluar los efectos de los métodos que elegimos con la mirada en todo el alumnado y recordar que cuando no aprenden no necesitan más de lo mismo, necesitan algo diferente.

OBJETIVO. Conocer al alumnado, empatizar con ellos. Cambiar la mirada.

Contesta a la pregunta ¿cuáles son mis expectativas? Habla con tu alumnado, escúchale, pregúntale también por sus expectativas.

Intereses

Pregunta al alumnado por sus gustos, eso te ayudará a conocerlos mejor. También te ayudará a partir de sus intereses e inquietudes, garantizando la motivación necesaria para aprender y ofreciendo una información significativa que les permita desarrollar conductas autodeterminadas que fomentan su autonomía y su autorregulación en el aprendizaje.

Este aspecto se contempla dentro del marco DUA, que pone la mirada en la variabilidad afectiva de las personas y que parte de la premisa que los humanos variamos en la forma en que nos involucramos en el aprendizaje.

OBJETIVO. Proporcionar múltiples formas de compromiso, opciones para captar el interés, opciones para mantener el esfuerzo y la persistencia y opciones para la autorregulación, para lograr estudiantes motivados y entusiastas.

Inventario de las Inteligencias Múltiples

Captura de pantalla 2019-07-16 a las 12.20.45Este inventario, ideado por Armstrong (2006) (3), no tiene validez psicométrica, este inventario no es un test. Este inventario, en este contexto educativo inclusivo que defiendo, tiene que servir para democratizar la inteligencia y poner en valor que todas las personas somos inteligentes. Tiene que servir para trazar un perfil de fortalezas con puntos fuertes sobre los que planificar la intervención en el aula, una intervención centrada en la persona, una intervención personalizada.

Y aquí es donde, por una parte, estos resultados sirven para trabajar sobre un proyecto de vida personal, centrado en la persona; y, por otra, nos ayuda a diseñar recorridos diversificados, con las pautas y directrices del Diseño Universal para el Aprendizaje, con opciones para la representación que permitan abordar el contenido de diferentes formas o con opciones para la expresión y la acción que permiten a todo el alumnado expresar lo que saben.

Puedes descargarte el inventario de las IIMM en este enlace INVENTARIO DE INTELIGENCIAS MÚLTIPLES y  en este otro enlace puedes descargarte el  Gráfico de Araña Inteligencias Múltiples, sobre el que puedes colorear los resultados obtenidos y ver tu perfil.

OBJETIVO. Democratizar la inteligencia, todas las personas somos inteligentes. Destacar las fortalezas. Conocer a la persona, conocerse. Favorecer en el aula el desarrollo de proyectos de vida centrados en la persona.

Preferencias de estilos de aprendizaje

Hablar de estilos de aprendizaje es hacerlo de un término controvertido. Es falso y no existen evidencias de que solo aprendemos mejor cuando recibimos la información acorde con nuestro estilo de aprendizaje. Tampoco hay un estilo mejor o más rápido para aprender. Ni evidencias de la correlación entre los estilos y un aprendizaje de éxito (4).  Hablar en estos términos es hacerlo de un neuromito muy arraigado en la educación (5).

Hacerlo de preferencias de estilos de aprendizaje es hablar de la variabilidad de las personas y decir que todas tenemos diferentes preferencias a la hora de decidir cómo aprender. Esta variabilidad es uno de los componentes clave en el marco del Diseño Universal para el Aprendizaje, por lo que la propuesta que aquí se hace se enmarca en este paradigma inclusivo que huye del aprendizaje promedio y homogéneo y recoge al alumnado que se queda habitualmente en los márgenes, ofreciéndoles propuestas flexibles para que puedan aprender. Todo el alumnado necesitar tener oportunidades para lograr el éxito.

Conocer las preferencias de estilos de aprendizaje permite conocer las preferencias de estilo instruccional, las preferencias de entorno de aprendizaje, las preferencias de estilos de pensamiento y las preferencias de estilo expresivo, evidenciando así que existe variabilidad en la forma de aprender, de desarrollar estrategias, de expresar el aprendizaje… y confirmando que la variabilidad humana es un hecho y que la atención a la diversidad, tal y como se concibe en la actualidad (diversos son los nadies, los que se salen de la norma) no tiene sentido, pues todas las personas somos diversas.

Renzulli, J., & Reis, S. (2016) en el libro Enriqueciendo el currículo para todo el alumnado, utilizan este imagen para concretar todos los aspectos que debe contener un portafolio de talentos.

Portafolio de talentos

Portafolio total del talento. Renzulli, J., & Reis, S. (2016)

 

Trabajar con un portafolio de talentos permite conocer fortalezas e intereses, permite cambiar la mirada, permite poner en el centro de la intervención al niño, a la niña, para trazar desafíos, para diseñar itinerarios diversificados, para garantizar el derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todo el alumnado, pero sobre todo para transformar sus vidas.

Quiero concluir con unas palabras de Paulo Freire que leí en su libro Pedagogía de Esperanza: «No podemos existir sin interrogarnos sobre el mañana, sobre lo que vendrá, a favor de qué, en contra de qué, a favor de quién, en contra de quién vendrá; sin interrogarnos sobre cómo hacer concreto lo «inédito viable» que nos exige que luchemos por él» (pág. 125).

_Guardar junto al expediente, habitualmente centrado en el déficit, un portafolio que destaque las fortalezas de la persona, es cambiar la mirada. Utilizar esa información para transformar las prácticas en el aula, e (1)

(1) Renzulli, J., & Reis, S. (2016). Enriqueciendo el currículo para todo el alumnado. Madrid: Ápeiron Ediciones.

En el Blog Gestión de Talento, Roberto Ranz explica en qué consiste el Portafolio del talento en dos entradas.

En el Blog La rebelión del talento, la autora Paulina Bánfalvi Kam dedica una entrada a este tema.

(2) Nanocharla TEDxRiodelaPlata La escuela para dar identidad a las personas con discapacidad. Silvana Corso.

(3) Armstrong, T. (2006). Inteligencias múltiples en el aula. Guía para educadores. Barcelona: Paidós.

(4) Puedes leer el artículo de Javier Tourón sobre este tema: ¿Existen los estilos de aprendizaje? 

(5) Forés, A., Gamo, J., Guillén, J., Hernández, T., Ligioiz, M., Pardo, F., & Trinidad, C. (2015). Neuromitos en educación. El aprendizaje desde la neurociencia. . Barcelona: Plataforma actual.

Docente DUA, ¿cómo es su mochila?.

El Diseño Universal para el Aprendizaje es y debe ser el paradigma educativo actual, implica un cambio de mirada y una nueva visión en la educación; situarnos en este paradigma y conocerlo es una necesidad urgente para poder garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado. El Diseño Universal para el Aprendizaje permite hablar de accesibilidad universal en la educación, ofreciendo entornos comprensibles, accesibles, utilizables por todas las personas, impulsando la red afectiva en la educación y eliminando las barreras al aprendizaje que muchos niños y niñas tienen. Bajo este paradigma se sitúa la educación inclusiva, una educación que reduce la exclusión en y desde la educación y que promueve la participación en el aprendizaje de todo el alumnado.

Este paradigma educativo nos ofrece el marco teórico donde asentar las actuaciones y las respuestas inclusivas que demos a todo el alumnado, permitiendo crear desde el inicio programaciones didácticas y entornos de aprendizaje universales y accesibles que evitan modificaciones y adaptaciones posteriores y que eliminan las barreras a la presencia, al aprendizaje y a los logros.

No se trata de una moda ni de un capricho. El Diseño Universal para el Aprendizaje es el paradigma de la educación del siglo XXI que aglutina diferentes modelos y propuestas pedagógicas que permiten dar y garantizar una respuesta inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado en el aula. Pero… ¿cómo es la maestra, el profesor, el docente DUA? ¿Cómo es, cómo debe ser el profesorado que utiliza el Diseño Universal para el Aprendizaje en su aula, ese profesorado que piensa siempre en todo su alumnado, que ve sus fortalezas y capacidades, que los hace brillar?

Todo el profesorado llevamos nuestra mochila (1), en ella guardamos nuestra forma de enseñar, nuestra forma de mirar y entender la educación, nuestras creencias y valores, nuestros juicios y prejuicios, nuestras barreras, nuestras fortalezas… Esta mochila, fruto de la experiencia, es difícil de cambiar y en ocasiones contiene prácticas basadas en el error y la ilusión, que producen ceguera, tal y como ya hablé en otra entrada. Cambiar esta mochila, llenarla de propuestas e ideas nuevas, reflexionar sobre ella, es prioritario para caminar hacia la inclusión.

¿Cómo es mi mochila? ¿Cómo es mi metodología? ¿Cómo son mis prácticas educativas? ¿Cómo es mi mirada? ¿Qué es lo que más pesa en mi mochila? ¿Es necesario cambiarlo, modificarlo, quitarlo…? ¿Es necesario mejorarlo, ampliarlo? ¿Sé hacerlo, necesito formación, estoy dispuesta a hacerlo?

¿Cómo debe ser la mochila docente en el paradigma educativo actual? ¿Qué debe contener? ¿Qué lleva en su mochila un docente, una docente DUA?

El o la docente DUA es aquel que lleva en su mochila todo lo necesario para garantizar en las aulas una educación inclusiva, equitativa y de calidad y que conoce y comparte el nuevo paradigma de la educación. 

profesorado del presente y del futuro (2)

Lleva unas gafas para el cambio de mirada, para ver capacidades y fortalezas, no centrarse solo en el déficit y la discapacidad. Unas gafas que permiten eliminar barreras, cambiar contextos discapacitantes, conjugar aspectos cognitivos, emocionales y éticos.

Unas gafas que permiten tener una visión humanista de la educación, que se centran en la persona, en  su calidad de vida, permitiendo ofrecer los ajustes y los apoyos necesarios para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

Lleva empatía, ética, inclusión, diálogo igualitario… Este docente concibe la EDUCACIÓN con mayúsculas, sin adjetivos que la describan o especifiquen, porque la educación debe ser para todos y con todos.

Tiene una visión humanista del desarrollo sostenible y promueve en el aula y en el centro actuaciones encaminadas a empoderar al alumnado, a reflexionar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenibles, con una visión ecoeducativa que conciencie al alumnado y lo haga reflexionar sobre la necesidad de compromisos personales y de compartir una responsabilidad con un futuro sostenible.

Trabaja de forma colaborativa y promueve la colaboración, tanto en el aula como en el centro educativo, creando redes naturales de apoyo que originen la inclusión y la pertenencia de todo el alumnado en el aula.

Pero por encima de todo es una persona comprometida y dispuesta a empezar a caminar. ¿Me acompañas?

(1) Malpica, F. (2013). Calidad de la práctica educativa. 8 Ideas Clave. Barcelona: Graó

 

La ética en la inclusión

Hablamos de inclusión bajo la mirada de responsabilidad jurídica, cuando es necesario comenzar a hacerlo desde la ética

La diversidad en el aula increpa, asusta, molesta. La diversidad en el aula es una realidad que no podemos obviar. Responder a esta diversidad es una obligación regulada normativamente; ofrecer los apoyos y los ajustes necesarios en función de las necesidades individuales, también. Hablamos de inclusión bajo la mirada de responsabilidad jurídica, cuando es necesario comenzar a hacerlo desde la ética, desde la filosofía, desde los cuestionamientos personales que responden a las preguntas ¿Cómo veo la diversidad? ¿Cómo la siento? ¿Cómo la vivo? ¿Cómo la nombro? Estas respuestas concretarán las propias barreras personales y la lucha para eliminarlas será un triunfo para la inclusión.

La ética pretende definir los comportamientos correctos, no los que son aceptados por la sociedad, porque estos pueden ser injustos y la ética nos hace reflexionar sobre ello. La ética implica reflexión individual para poner en duda la normalidad, para ser disruptivos con la norma que nos constriñe. En este momento actual, donde todas las Comunidades Autónomas están elaborando normativas sobre inclusión, el debate que falta es un debate ético. Centramos la mirada en la diferencia, en el otro y nos fijamos en su déficit para categorizarlo, para normalizarlo. Nos fijamos en lo que tiene o no tiene, que lo distingue de los demás; nos fijamos en sus necesidades educativas para hacer adaptaciones y que sea igual al resto; pero no nos cuestionamos qué sentimos nosotros, como personas, con la diferencia, con el otro. Lo que pasa, lo que está pasando, ya lo sabemos: segregación, acoso, injusticias… Pero lo que sentimos… seguramente no es lo mismo. Y la educación inclusiva es pensar con el corazón, es ver al otro como igual, es transformar.

Asociamos la diversidad a etiquetas, a números, a dictámenes, a informes, y pocas veces hablamos de humanidad, de personas, de vida. ¿Cuándo les preguntamos a los niños y niñas, a los adolescentes, a los jóvenes, cómo se sienten? ¿Cuándo les preguntamos qué sueños tienen? ¿Cuándo caminamos a su lado? Asusta la heterogeneidad, porque la sociedad nos habla de perfección uniforme, asusta lo diferente porque es distinto y desconocido. Por eso más que nunca, es necesario replantearse la educación desde una concepción humanista que sitúa en el centro a la persona, desarrollando las capacidades necesarias para que todas las personas tengan calidad de vida y ofreciendo alternativas al modelo dominante del conocimiento, que se dirige, casi exclusivamente, a la validación del mismo.

Frente al desarrollo moral de Kohlberg que se centra en determinar conductas adecuadas, que nos dice lo que está bien y lo que no lo está, me quedo con la ética del cuidado de Carol Gilligan, que aboga por la responsabilidad compartida y la solidaridad. Dos contraposiciones, la justicia y el cuidado; dos ideas, moral y ética.

La ceguera en la educación: el error y la ilusión.

Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe afrontar el problema desde estos dos aspectos: error e ilusión. El mayor error sería subestimar el problema del error; la mayor ilusión sería subestimar el problema de la ilusión. El reconocimiento del error y de la ilusión es tan difícil que el error y la ilusión no se reconocen en absoluto.
Edgar Morin

El error (1)

En 1999, la UNESCO solicitó a Edgar Morin que expresara sus ideas en la esencia misma de la educación del futuro, en el contexto de su visión del “Pensamiento Complejo”. En este texto, publicado por la UNESCO bajo el título de «Los siete saberes necesarios para la educación del futuro», Edgar Morin presentó siete principios clave que él estimó necesarios para la educación del futuro. En él habla de las cegueras del conocimiento, del error y de la ilusión, de lo inesperado y de la incertidumbre. Yo hablo de la ceguera en la educación inclusiva, una educación que se rige por el principio de normalización y que en su uso ya conlleva a error, un grave error conceptual. Normalizamos las injusticias, y seguimos segregando de forma habitual, de forma que lo cotidiano se vuelve opresor.

La LOE, en el título II sobre la Equidad en la Educación, habla del principio de normalización en dos ocasiones, en la atención integral al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo y en la escolarización; al no especificar y concretar qué es la normalización, este principio se ve amenazado por el error. Una concepción que conlleva entender este principio como: «tiene que ser normal», «debe ir a un colegio ordinario», «debe hacer las mismas cosas que los demás». La normalidad entendida así está amenazada por el error y por la ilusión de que se hacen las cosas bien, de forma que la ceguera es todavía mayor.

El error es considerar que este principio de normalidad, que rige la equidad y la igualdad de oportunidades, signifique parecerse y ser como los demás, «ser normal», y entonces se ponga el foco en lo que la persona no sabe hacer, en el déficit, en las dificultades que tiene para ser normal. En estos momentos, ser normal en educación significa seguir el currículo establecido, significa seguir el libro de texto, significa escribir, memorizar, validar conocimientos adquiridos, reproducir contenidos… y no eres normal cuando no eres capaz de hacer todo eso. Dentro de esta normalidad, y reguladas normativamente, se realizan adaptaciones curriculares para que este alumnado pueda estar en clase como el resto de sus compañeros y compañeras, siendo normal.

Es decir, que el niño, la niña, el joven, la persona con necesidad específica de apoyo educativo bajo este principio de normalización, debe ser normal y llevar una vida normal. Le pedimos entonces que haga lo que hacen los demás para poder ser normal, le pedimos que se comporte normalmente, que reproduzca los contenidos de la misma forma, que cuando esté en el aula esté en silencio, muchas veces sin participar, y en ocasiones, incluso, realizando actividades descontextualizadas diferentes al resto. Cada vez que hacemos esto, somos opresores, cometemos injusticias, y nos basamos en el error de poner el énfasis en la persona, en lo que no sabe hacer, marcando aún más las diferencias entre lo normal y lo anormal. Es necesario quitarse la venda que me produce la ceguera a la inclusión y ser capaz de modificar el contexto,  un contexto que constriñe, un contexto que oprime, un contexto discapacitante que pone límites rígidos a la normalidad. Hay que permitir a estos niños, niñas, jóvenes, que con los apoyos y ajustes necesarios, puedan pertenecer, ser ellos mismos y estar en el aula con todo el mundo, que ese es su lugar, porque la educación inclusiva no es un premio, es un derecho.

Este error conceptual produce ceguera, una ceguera que impide ver a la persona, puesto que solo se ven las etiquetas, las barreras, las dificultades, los inconvenientes, las molestias y se escuchan enojos. Este error conceptual molesta, porque el ritmo de trabajo no es homogéneo, porque la incertidumbre se apodera del día a día, porque no se concibe que en el aula no avancen todas las personas al mismo ritmo, porque… y muchas veces me asusto porque no sé.

Es necesario, urgente, reconocer el error de la normalidad, reconocer la ilusión de considerar que eso es así, porque conlleva sufrimiento y desasosiego en muchos niños y niñas, en muchas familias.

¡Quitémonos la venda, abramos los ojos, reflexionemos sobre la normalidad!

 

Empatía e inclusión. Un tándem necesario.

«Había dos August, el que yo veía ciegamente y el que veían los demás»

La lección de August, de R. J. Palacio

 

Si el cambio de mirada era el primer paso para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad en todo el alumnado, la empatía, esa capacidad innata que tenemos las personas para ponernos en el lugar del otro, debe ir necesariamente asociada a ese cambio de mirada. Un cambio de mirada y una empatía que deben trabajarse en el aula y en el hogar, que deben trabajar los docentes y las familias, que debe trabajarse con el alumnado y con los adultos.

En 1993, la OMS incluye la empatía entre las diez habilidades necesarias para la vida, junto con el autoconocimiento, la comunicación asertiva, las relaciones interpersonales, la toma de decisiones, la solución de problemas y conflictos, el pensamiento creativo, el pensamiento crítico, el manejo de emociones y sentimientos y el manejo de tensiones y estrés. Indispensables todas ellas para conseguir estilos de vida saludables.

Y yo me pregunto: ¿No favorecen estas habilidades una convivencia pacífica? ¿No son estas habilidades fundamentales para poner en acción valores como el respeto, la igualdad, la justicia social? ¿No son estas habilidades necesarias para desarrollar una educación basada en la concepción humanista? ¿No lleva el desarrollo de estas habilidades a la eliminación de barreras, a un diálogo igualitario, a una responsabilidad compartida? ¿No permiten estas habilidades hablar de cambio de mirada y educación inclusiva?

Poner estos valores en acción es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Nuestros centros educativos deben ser centros acogedores y seguros para todo el alumnado, sin excepciones, dicho de forma tajante y precisa. Deben ser centros abiertos al entorno, a la participación, centros que inviten al diálogo, centros donde todos los alumnos se sientan valorados por igual y donde se respeten siempre los derechos de todo el alumnado.

¿Nuestros documentos de centro plasman esta idea? ¿Cuáles son las señas de identidad de nuestro centro?

 

MAPA INCLUSIVO DE LA EMPATÍA

En el mundo del marketing, la empresa XPLANE, diseñó una herramienta que ayudaba a personalizar el producto o servicio. Esta herramienta, llamada Mapa de la empatía, permite contemplar el punto de vista del cliente en el propio proyecto al tenerlo en cuenta en el diseño del producto.

Considerando el potencial de esta herramienta para ayudar a ponerse en el lugar de los demás, he adaptado este organizador gráfico al mundo de la educación, convirtiéndola en el Mapa inclusivo de la empatía.

Simplicity

¿Cómo podemos utilizar este mapa de la empatía en el aula, en casa, en una formación?

Después de leer un libro, de ver una película, de trabajar una situación real o una situación ficticia, y siempre con la idea de propiciar y favorecer la reflexión y trabajar la empatía, se puede trabajar con este organizador.

¿Cómo? Si los niños son pequeños (etapa de Infantil), sus ideas sobre lo leído o visto pueden ponerse en común de forma oral en el grupo-clase.  En el caso de alumnos de más edad (Primaria y Secundaria), se reflexionará primero de forma individual, favoreciendo el desarrollo de la metacognición, y luego se pondrán en común por parejas y por grupos las reflexiones propias.

Se propone seguir el siguiente orden:

Simplicity (1)¿Qué oye? Nos ponemos en el lugar de… y vamos anotando de forma individual, qué es lo que oye esa persona. Oye comentarios despectivos, oye ataques, oye reproches, oye gritos, oye palabras de apoyo, de ánimo.

¿Qué ve? ¿Qué ve esa persona? Ve malas caras, ve desprecio, ve indiferencia.

¿Qué piensa y siente? ¿Qué emociones utiliza la persona para expresarse? Estas cuestiones ayudan a pensar cómo se siente, cómo es su lenguaje corporal, su tono de voz, a fijarse en el lenguaje no verbal.

¿Qué dice? ¿Cómo se comporta? Qué cosas dice y cómo lo dice es importante para ponernos en su lugar.

Estas preguntas tienen un gran potencial para empatizar con la persona, puesto que habla de emociones y sentimientos, propiciando un debate muy rico sobre el tema. Empatía no es solo ponerse en su lugar, es comprender cómo se siente.

La propuesta va más allá e invita a reflexionar sobre las barreras que tiene esa persona y que le impiden participar en actividades colectivas, que le impiden compartir momentos de aprendizaje o de diversión, que le impiden tener una vida plena y digna. El objetivo de esta casilla es comenzar a visibilizar todas estas barreras, barreras que existen y que ponemos nosotros, barreras visibles o invisibles, barreras conscientes o inconscientes, barreras físicas o mentales.

Las propuestas de valor se basan en un enfoque proactivo que favorece la participación activa en la búsqueda de soluciones, con la eliminación de las barreras que se hayan detectado.

Quiero terminar con las preciosas palabras de Belén Jurado, @DeAutismo, y su texto Imagina, que invita a empatizar, entender y visibilizar el autismo.