Mes de mayo. Orientar para transformar

¿Cómo desde la orientación se puede desarrollar una educación escolar más inclusiva? ¿Cuál es el rol de la orientación para lograr transformaciones reales con incidencia en los procesos de enseñanza aprendizaje de todo el alumnado?

La educación inclusiva es una educación que conjuga aspectos cognitivos, emocionales y éticos. Es una educación centrada en la persona, en sus logros, en su aprendizaje. No es una educación homogeneizadora, que transmite el saber de forma unidireccional y que deja en los márgenes a niños y niñas; es una educación que enfatiza la dimensión social del aprendizaje, que teje redes naturales de apoyo, que promueve el aprendizaje activo que parte de la propia reflexión del aprendizaje y que pone el énfasis en cómo se aprende, en aprender a aprender.

Pero ¿qué entendemos por aprendizaje? ¿Aprobar exámenes? ¿Reproducir fielmente lo que dicen los libros? Desde la psicología del aprendizaje, “el aprendizaje es un cambio relativamente permanente y transferible en los conocimientos, habilidades, actitudes, emociones, creencias…, de una persona como consecuencia de sus prácticas sociales mediadas por ciertos dispositivos culturales” (Pozo, 2016). Aparecen entonces conceptos como cambio, permanente, transferencia, prácticas sociales…, conceptos que deben estar presentes en el aprendizaje y que nos llevan a plantearnos otra pregunta: ¿Cómo aprendemos? Desde finales del siglo pasado, pero fundamentalmente en este siglo, son numerosas las investigaciones para intentar responderla. Hattie (2017) o Martín (2020) visibilizan los resultados que obtienen en sus investigaciones para lograr una enseñanza basada en la evidencia, una enseñanza apoyada en estrategias con alto impacto en el aprendizaje de todo el alumnado.

¿Y cómo debe ser ese diseño, la instrucción? ¿Qué actuaciones realiza el docente en al aula para promover el aprendizaje en todo el alumnado? El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) ofrece respuestas apropiadas a todo el alumnado, con el objetivo de lograr aprendices expertos comprometidos con la tarea, capaces de transferir el conocimiento aprendido y dirigidos a la meta. Se diseña y planifica de forma universal para que todo el alumnado obtenga logros, para que todo el alumnado aprenda, para no dejar a nadie en los márgenes. El DUA ofrece pautas basadas en la evidencia que ayudan a ese diseño (esfuerzo, persistencia, colaboración, feedback, metacognición, transferencia, autorregulación, planificación…).

Las investigaciones nos dicen que los mecanismos de emoción juegan un papel muy relevante en el aprendizaje. Es necesario entonces abordar este aspecto en el aula, desde distintas áreas; por una parte, es necesario incluir la educación emocional en el aula, y por otra, crear ambientes de aprendizajes que tengan en cuenta la dimensión emocional para mejorar el aprendizaje.

La pregunta es entonces: ¿cómo acometemos todo lo expuesto relacionado con el aprendizaje y la enseñanza desde la orientación? ¿Cómo podemos orientar para lograr transformaciones reales con incidencia en los procesos de enseñanza-aprendizaje?

  • Creando ambientes y escenarios para promover la reflexión y el cambio de mirada, desde una ética y compromiso compartido, creando vínculos basados en el cuidado y respeto mutuo, liderando tertulias literarias sobre ética, inclusión, calidad de vida…
  • Creando estructuras sólidas y sostenibles orientadas a la mejora de la educación, a una educación de calidad, liderando círculos de reflexión con docentes abiertos a conocer la evidencia del impacto que las prácticas educativas tienen sobre el alumnado. Docentes que conocen y analizan las evidencias de aprendizaje, que se cuestionan, que se autoevalúan y coevalúan para mejorar su práctica docente.
  • Tejiendo redes de colaboración EN y CON la comunidad, promoviendo la permeabilidad en todas las dimensiones educativas (culturas, políticas y prácticas) y con todos los agentes educativos, liderando comisiones mixtas que lleven a revisar la educación como un bien común que promueve la equidad y la igualdad en la educación, eliminando la brecha educativa.
  • Creando espacios (presenciales, virtuales, mixtos) de formación para docentes y familias, sobre apoyo psicosocial y emocional, sobre las evidencias en la educación, sobre DUA, sobre itinerarios formativos que promuevan el desarrollo de una educación escolar más inclusiva.
  • Difundiendo y visibilizando las prácticas inclusivas que se llevan a cabo en la orientación.

Estas son algunas de las propuestas que se me ocurren, seguro que tú tienes otras más; en cualquier caso, el rol de la orientación en la escuela inclusiva es ayudar a crear nuevos modos de hacer, de sentir y vivir la escuela, transformando no lo solo la educación, sino la vida de las personas.

BIBLIOGRAFÍA

Hattie, J. (2017). Aprendizaje visible para profesores. Madrid: Paraninfo.

Martín, H. (2020). ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza. Barcelona: Graó.

Pozo, J. (2016). Aprender en tiempos revueltos. La nueva ciencia del aprendizaje. Madrid: Alianza Editorial.

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2 comentarios en “Mes de mayo. Orientar para transformar

  1. ¡Yo me uno a ese club de «Orientadoras disruptivas»! Muchísimas gracias por compartir tus reflexiones y tu sabiduría; me ayuda a organizar ideas, repensar mi trabajo, redefinir mis funciones y mejorar la calidad de lo que puedo ofrecer a mis compañeros, compañeras y alumnado de la escuela en el a que trabajo. Un placer siempre leerte.
    ¡Y a la espera de poder disfrutar también de alguna formación tuya en torno a DUA y orientación!

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