Educación inclusiva, una educación transformadora.

El derecho de todos los estudiantes a una educación inclusiva no es un tema nuevo, es un tema no resuelto desde hace casi treinta años. Se habló ya de derecho a la educación inclusiva en la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU, 1989); también en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006); y más recientemente, en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ONU, 2015), donde se exige a los países “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos” (Objetivo 4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible), impulsando de esta forma, en la Declaración de Incheon, una nueva visión de la educación que debe permitir “transformar las vidas mediante la educación, reconociendo el importante papel que desempeña la educación como motor principal del desarrollo y para la consecución de los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos” (UNESCO, 2015) (1).

Esta nueva visión de la educación solo la garantiza una educación inclusiva de calidad para todos, con participación plena y logros de bienestar personal en todo el alumnado; una educación inclusiva equitativa, que sea compensadora de desigualdades más allá del acceso a la educación, más allá de una educación compensatoria segregadora; una educación inclusiva cuidada y valorada por toda la sociedad, porque la educación es un bien común de la sociedad y requiere debates sosegados de reflexión conjunta; una educación inclusiva que ofrezca oportunidades para aprender, para educar, para convivir, para salir de la pobreza, porque tal y como está concebido el sistema educativo actual, muchos jóvenes no obtienen títulos y les condenamos a esa vida de pobreza. En definitiva, la educación inclusiva contribuye al desarrollo de una sociedad más justa, más inclusiva, una sociedad que transforma personas.

Y aquí es donde debemos poner el foco, en cómo vamos a garantizar una educación inclusiva, equitativa y calidad para todos. Es momento de pasar a la acción, es momento de políticas transformadoras tanto a nivel global como local para lograr realmente el objetivo de transformar las vidas desde la educación.

Considerando entonces la educación inclusiva como palanca de transformación social, nos planteamos pasar a la acción con propuestas que puedan garantizar y garanticen, que la educación inclusiva sea una realidad.

Sensibilización, cambio de mirada, reflexión. Considero que este primer paso es fundamental: no podemos avanzar si no tenemos una visión compartida de lo que es o no es inclusión, de lo que significa y supone la educación inclusiva y de lo que debo hacer para que mi aula, mi centro educativo, la sociedad en general, sean inclusivos.

La escolarización en un centro no es garantía de recibir una educación inclusiva si la mirada y las prácticas de ese centro continúan siendo segregadoras. Hay mucho sufrimiento y marginación en los nadies, los ningunos, los ninguneados, que se normaliza con tanta cotidianidad que el dolor apenas se percibe.  La educación debe ser un logro del bienestar personal de todo el alumnado y en el centro de la misma debe estar la persona y el aprendizaje no solo de contenidos, sino también de autonomía, de autorregulación, de independencia; buscamos un aprendizaje para la vida que le permita a la persona, escribir su propio final.

INCLUNOVACIÓN (1)La educación inclusiva no es solo entrar, es pertenecer, es crear un clima de centro y de aula acogedor, es tener en cuenta las emociones. Para que este sentimiento de pertenencia sea una realidad deben trabajarse  aspectos como la educación socioemocional, la empatía,  la autodeterminación… desde las culturas, las políticas y las prácticas de los centros educativos, con propuestas concretas en los Planes de Acción Tutorial, en los Planes de Convivencia y en el Proyecto Educativo de Centro.

La educación inclusiva es un proceso que implica una transformación en las políticas y en las prácticas tanto de la Administración como de los propios centros.

Los centros educativos deben garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad porque es un derecho, y por lo tanto, una obligación. La cuestión es cómo. Un centro garante de la inclusión es capaz de identificar sus avances, sus bloqueos y hacer propuestas de valor, es capaz de crear redes de apoyo desde una perspectiva comunitaria con un objetivo común que permita minimizar las barreras que existan. Es un centro abierto, flexible, acogedor y seguro. Es un centro que sabe que el reto es crear entornos de aprendizajes (formales e informales) capaces de responder a la diversidad y que la transformación debe ser profunda.

4Esta transformación supone cambios estructurales, puesto que no es solo una innovación metodológica, que es donde se pone muchas veces el foco, sino que conlleva cambios en la organización del centro que  deben permitir la docencia compartida, el trabajo por ámbitos o por talleres internivelares; en el currículo, donde el diseño de las programaciones de aula se hace desde el marco inclusivo que nos ofrece el Diseño Universal para el Aprendizaje; en la evaluación, diferenciándola de la mera calificación y promoviendo una evaluación auténtica y verdaderamente formadora en todo el alumnado; en las metodologías, puesto que se aboga por metodologías que posibilitan la participación de todo el alumnado… y en las relaciones con la comunidad, que permiten educar en estilos de vida sostenibles. Todas estas transformaciones deben partir de una reflexión conjunta ante el reto que supone garantizar una educación inclusiva de calidad; no debemos olvidar que la educación inclusiva debe impregnar todas las actuaciones que se lleven a cabo en los centros educativos.

A modo de epílogo.

La educación inclusiva se centra en la persona, en sus capacidades, en sus fortalezas, huye del diagnóstico homogeneizador y excluyente que solo sirve para etiquetar, se centra en propuestas de eliminación de barreras, de igualdad de oportunidades, de diseño universal, de personalización del aprendizaje, con ajustes razonables y apoyos necesarios en entornos y escuelas accesibles.

La educación inclusiva es un derecho, un derecho a recibir una educación de calidad en entornos no excluyentes, pero también es un proceso, un proceso que supone caminar, que implica acción, que te obliga a transformar, a pensar y a repensar sobre la educación.

La educación inclusiva es posible, es necesaria y es urgente. Estamos hablando de derechos humanos, de una educación transformadora que va a mejorar la calidad de vida de muchas personas, una educación que va más allá de la mera socialización; estamos hablando de sociedades inclusivas, justas, que educan para estilos de vida sostenibles para todos; estamos hablando de ética y sobre estos valores, la educación inclusiva transforma a las personas.

La educación inclusiva no es un regalo, no es un premio, es un derecho. Pasemos a la acción. 

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(1) Educación 2030. Declaración de Incheon. Hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad y un aprendizaje a lo largo de la vida para todos (2015). UNESCO. http://unesdoc.unesco.org/images/0024/002456/245656s.pdf