Nuevas culturas en educación ¿una moda o una necesidad?

cuando-creiamos-que-teniamos-todas-las-respuestas-de-pronto-cambiaron-todas-las-preguntasMario Benedetti dijo: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas“.  Y eso es lo que nos está pasando en educación. La sociedad está cambiando y con ella las necesidades sociales; cuando creíamos que haciendo lo mismo en educación ya valía, nos damos cuenta de que no es posible, que no podemos seguir primando el trabajo individual frente al cooperativo, fomentando la formación académica personal, la alfabetización individual, pero sobre todo, reproduciendo la idea taylorista de la educación que promueve un currículo fragmentado en distintas áreas.  Los cambios sociales nos hacen replantearnos la educación.

¿Qué supone esto? ¿Cómo repercuten estas necesidades sociales en la educación? ¿Cómo debe ser la educación del siglo XXI? ¿Qué cambio cultural implica?

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El término cultura (1), que proviene del latín cultus, hace referencia al cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre. Los avances tecnológicos actuales suponen nuevas formas de aprender (la información está al alcance de todo el mundo, no solo de unos pocos) y conocer, por lo que “a la escuela le quedan pocas primicias informativas que dar a sus alumnos” (2).

No voy a profundizar en qué es la sociedad de la información, pero si diré que el hecho de tener la información más accesible, que permite un aprendizaje ubicuo, nos lleva obligatoriamente a una nueva cultura del aprendizaje.  En la entrada anterior  Repensar la educación para avanzar  hablaba de la necesidad de aclarar el concepto de aprendizaje, para avanzar; es importante reflexionar sobre qué entendemos por aprendizaje con el fin de transformar la educación y adaptarla a la realidad social actual. Esta nueva cultura de aprendizaje condiciona la educación y nos hace avanzar hacia una educación del siglo XXI, pero ¿qué características tiene?  Yo tenía todas las respuestas, y ahora ¿cómo me cambian las preguntas?

En primer lugar el uso de las TIC, los cambios tecnológicos de la sociedad, deben entrar en la escuela.  Prensky (3) llama a nuestros alumnos nativos digitales, personas que nacen con las nuevas tecnologías y que están acostumbradas a su uso, mientras que nosotros, los docentes, somos inmigrantes digitales.

Aquí tenemos la primera reflexión: necesidad de actualizarnos, de utilizar las TIC/TAC en el aula, de enseñar a los alumnos a seleccionar la información, a curar los contenidos… En definitiva, de ayudar a nuestros alumnos a transformar toda la información que les llega y  a la que pueden acceder con facilidad en conocimiento.  En el aula, y siguiendo la metáfora del árbol, trabajaremos por lo tanto el Aprendizaje Basado en Proyectos, donde el alumno es parte activa en la construcción del conocimiento y donde el uso de las TIC como TAC se hace de una forma natural y contextualizada.

Este concepto es interesante, puesto que pasamos entonces de una sociedad de la información a una sociedad del conocimiento. Debemos crear en nuestros centros una cultura del pensamiento, con la idea no solo de transformar la información en conocimiento, sino, como dice Perkins (4), de “preparar a los alumnos para que en un futuro puedan resolver problemas con eficacia, tomar decisiones bien meditadas y disfrutar de toda una vida de aprendizaje”. Perkins define la cultura del pensamiento de una forma muy metafórica: Para él, en la entrevista de Zona educativa en Julio de 1997, la cultura del pensamiento es “una cultura donde el pensamiento es parte del aire”.  Y en su libro “Un aula para pensar” habla de que el espíritu del buen pensamiento esté en todas partes; de que debe existir la sensación de que “todos lo están haciendo”: todos, incluso el docente, se están esforzando para ser reflexivos, inquisidores e imaginativos. Todos se están esforzando por ser buenos pensadores.

Esta sería la segunda reflexión: hagamos de nuestros alumnos pensadores eficaces, infusionemos el aprendizaje del pensamiento en nuestra práctica diaria, con el fin de ayudar a los alumnos a desarrollar el pensamiento crítico, a resolver problemas, a tomar decisiones…  En definitiva, a desarrollar habilidades de pensamiento de orden superior y a adquirir procesos que les ayuden en su aprendizaje a lo largo de la vida.

Pero esta nueva forma de aprender y de entender la educación va ligada a una nueva forma de evaluar. Hablamos de una cultura de la evaluación o de una evaluación auténtica, como una evaluación que aprende del error, que no lo penaliza, que el bolígrafo rojo se transforma en bolígrafo verde, que no remarca los errores, sino los aciertos; una evaluación que diferencia evaluación de calificación, rompiendo ese vínculo de asociación que todavía perdura. Con la nueva definición de aprendizaje ya no interesa tanto la acumulación de conocimientos repetitivos, lo que tú sabes, tus conocimientos, sino lo que sabes hacer, crear, construir o  argumentar; todo aquello que te va a permitir adquirir competencias, destrezas y habilidades que no se conseguían de la otra forma. Porque aprender no es memorizar, aprender es transformar información, aprender es transferir conocimientos, aprender es pensar, aprender es equivocarse, aprender es…. ¿qué más añadirías?

Esta es la tercera reflexión: Evaluemos por competencias, evaluemos para aprender, no para olvidar (memorizo para el examen y si apruebo lo olvido), rompamos con  el enfoque heteroevaluativo (solo el profesor evalúa a los estudiantes) y aboguemos por otro enfoque que permita procedimientos auto y coevaluativos, dando importancia por lo tanto también a elementos emocionales y motivacionales. Y, sobre todo, hagamos que la evaluación sea más justa para todo el alumnado, que no se refiera sólo a los resultados de un examen de lápiz y papel.

Y no me olvido del modelo social de la educación, la educación inclusiva, porque el aprendizaje es ante todo una práctica social, todo el alumnado aprende de las interacciones dialógicas, todo el alumnado aprende con y de sus compañeros, todo el alumnado tiene siempre algo que aportar, porque todos somos inteligentes, porque todos tenemos talentos. Como explicaba en otro artículo, hasta ahora ha predominado una visión de la educación centrada en la homogeneidad, que no valora la diversidad.  Esta visión segregadora de la educación ha separado al alumnado con currículos paralelos fomentando la idea monolítica de una inteligencia que por si misma era capaz de explicar el aprendizaje. La visión actual de la inteligencia es otra; la neurociencia habla de la plasticidad del cerebro, rompiendo con la idea de rasgo estable; Howard Gardner nos habla de inteligencias múltiples, y aunque considero que son más bien talentos, me sirven para democratizar la inteligencia: todos somos inteligentes y todos tenemos talentos; y en la actualidad se rompe con la dicotomía de genes-ambiente por la de genes por ambiente. Javier Tirapu (5) nos lo explica con sencillez que le caracteriza: “los genes se activan y desactivan en función de las experiencias a las que los sometemos”.

Con todo ello llegamos a la cuarta reflexión: Todo nuestro alumnado debe estar presente, participando y progresando en el aula, no con currículos paralelos que los segregan y excluyen, sino en actividades del aula. Fomentaremos para ello el Aprendizaje Basado en Proyectos, porque favorece la participación de todo el alumnado y permite construir conocimiento entre todos por medio del diálogo. Un Aprendizaje Basado en Proyectos a través de las Inteligencias Múltiples que, como el bolígrafo verde, destaca los talentos de todos, permitiéndoles brillar en el aula independientemente del cociente intelectual que tengan, que sólo los sitúa en una cinta métrica con un número y los compara con el resto de la población de su edad… ¿para qué?

Favorezcamos en nuestras aulas, en nuestros centros, la inclusión, el trabajo en equipo, el aprendizaje dialógico, la colaboración, la participación. Hay que escuchar, hay que hablar, dialogar, juzgar y criticar, argumentar y comunicar, pero TODOS.

¿Y ahora?

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NOTAS:

(1) Lee todo en: Definición de cultura – Qué es, Significado y Concepto http://definicion.de/cultura/#ixzz4JpiebxhE

(2) Pozo, J. (2016). Aprender en tiempos revueltos. Madrid: Alianza Editorial.

(3) Adaptación al castellano del artículo “Digital Natives, Digital Immigrants” (2001)

(4) Tishman, S.; Perkins, D.; Jay, E. (2001). Un aula para pensar (aprender y enseñar en una cultura del pensamiento). Buenos Aires: Aique.

(5) Entrevista a Javier Tirapu http://www.investigacionyciencia.es/blogs/psicologia-y-neurociencia/19/posts/viva-la-neurociencia-10545

PARA SABER MÁS:

  • Sobre el tema de la cultura del pensamiento:

 

  • Sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos a través de las Inteligencias Múltiples

 

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