¿Qué podemos hacer en el centro para caminar hacia la educación inclusiva?

De nuevo una pregunta con respuesta, y como casi todo lo que explico, más sencilla de lo que pensamos y que está en nuestras manos poder implementarla en los centros educativos. Pero vayamos por pasos. Si en otra entrada hablaba de impregnar el centro de una cultura inclusiva, en esta me centraré en las políticas inclusivas, entendidas como las decisiones organizativas y de funcionamiento que van a condicionar que nuestro centro educativo sea innovador e inclusivo o no. ¿Por qué asocio innovación con inclusión?, porque considero que todas las actuaciones que llevemos a cabo a nivel de culturas, políticas o prácticas inclusivas que permitan la presencia, participación y logro de todos y cada uno de nuestros alumnos son actuaciones innovadoras (planes de convivencia abiertos, preventivos, participativos; alumnos ayudantes, mediadores; uso pedagógico de los espacios; apoyos inclusivos; liderazgo compartido; diálogo igualitario; desarrollo de capacidades, de talentos, enriquecimiento en todo el alumnado; trabajo colaborativo, cooperativo; metodologías activas…), si bien la innovación no necesariamente tiene que estar relacionada con la inclusión.

En la Facultad de Educación de Zaragoza soy profesora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y tengo el privilegio de impartir la asignatura de La escuela como espacio educativo donde se aprende cómo se organizan y funcionan los centros educativos, así que por supuesto hablamos de documentos, igual que voy a hacer en esta entrada. Porque lo que escribamos en ellos va a condicionar nuestras señas de identidad y nuestras actuaciones educativas.

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El término políticas inclusivas, referido a todos los cambios organizativos y de funcionamiento que un centro debe realizar para mejorar el aprendizaje y la participación de todo el alumnado, se debe a Tony Booth, Catedrático del Centro de Investigación Educativa de Canterbury y a Mel Ainscow, del Centro de Necesidades Educativas de la Universidad de Manchester, que lo emplearon por primera vez en el año 2000 en el Index for Inclusion, un conjunto de materiales diseñados para facilitar el desarrollo de una educación inclusiva en los centros escolares y que en la actualidad está por la tercera edición como “Guía para la educación inclusiva. Desarrollando el aprendizaje y la participación en los centros escolares”.

Si nuestro centro educativo ya está impregnado de esa cultura inclusiva que hace que cuando entre en él huela a concepción humanista que implica un planteamiento más abierto y flexible de la educación, es hora de plasmarlo en los documentos de centro. Revisemos pues estos documentos desde esta nueva mirada, sentémonos a reflexionar, a dialogar sobre lo que queremos que sean nuestras señas de identidad y que van a condicionar nuestras prácticas y nuestro quehacer diario.

En esta entrada hablo de tres aspectos sencillos que pueden ayudar a los centros a ser inclusivos.

En primer lugar me refiero a los apoyos.  La RAE define apoyo como:

Apoyo.  De apoyar.

1. m. Cosa que sirve para apoyar o apoyarse. 2. m. Protección, auxilio o favor. 3. m. Fundamento, confirmación o prueba de una opinión o doctrina.

En educación lo asociamos a ayuda; el apoyo será pues un sinónimo de ayuda, una ayuda que habla de relaciones naturales y de apoyo en las que las personas se ayudan y apoyan pero que también se refiere a las distintas fórmulas de cooperación dentro de la comunidad educativa, entre alumnos, profesores y familias, a las que me refería en la entrada anterior sobre culturas inclusivas, cuando hablaba de colaboración y de escuela abierta y participativa con la creación de redes de apoyo y aprendizaje compartido.

En el Decreto 135/2014, de 29 de julio, por el que se regulan las condiciones para el éxito escolar y la excelencia de todos los alumnos de la Comunidad Autónoma de Aragón desde un enfoque inclusivo se define apoyo educativo como  todas aquellas actuaciones, recursos, estrategias que aumentan la capacidad de los centros escolares para promover el desarrollo, el aprendizaje, los intereses y el bienestar de todo su alumnado; se habla, por lo tanto, de un apoyo inclusivo, de un apoyo dirigido a la totalidad del alumnado, al centro en general. Insiste además en que las actuaciones de apoyo especializados se proporcionen preferentemente en el aula ordinaria; de esta forma estaríamos hablando de eliminación de las barreras para el aprendizaje y la participación del alumnado.

Concretando este punto, debemos dejar de identificar el profesorado de apoyo sólo como profesorado del alumnado con necesidades educativas especiales, como ocurre en la actualidad, y tener una visión más amplia del concepto, ofreciendo apoyos a la totalidad del alumnado y promoviendo en el centro y en las aulas distintas fórmulas de cooperación.

El segundo aspecto que diferencia un centro innovador e inclusivo de uno tradicional, es el liderazgo. Se habla muy poco de ello en la carrera y existe también poca formación al respecto, además se asocia habitualmente con el Equipo Directivo, pero no necesariamente debe ser así. Un liderazgo autocrático y jerarquizado podemos hacerlo desde las aulas, así que de nuevo está en nuestras manos cambiar este liderazgo hacia un enfoque colaborativo, dialogante, en el que se marcan metan comunes, se escucha con empatía y comprensión, se piensa y se comunica con claridad y precisión… por medio de actuaciones que permitan dan voz y visibilidad a todo el alumnado.

Si hablamos de un liderazgo compartido en el centro, hablamos de permitir que todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa puedan asumir en un momento determinado un proyecto común. Peter Senge en 1999, acuña el término ‘ecología de liderazgo’ para referirse al trabajo en colaboración que persigue un objetivo común; habla también de comunidades de liderazgo, de colíderes. Si reflexionamos sobre ello, ¿a qué me estoy refiriendo cuando hablo de liderazgo compartido? Me refiero a COLABORAR, a trabajar en equipo, COLABORACIÓN con mayúsculas; no se trata de fomentar el trabajo individual, sino en equipo, aprendiendo de los demás y destacando los talentos con actuaciones que nos lleven a ello y sobre todo con la búsqueda de espacios y tiempos.

Y aquí enlazamos con el tercer recurso que puede ayudar a los centros para ser inclusivos, y es precisamente el uso pedagógico de espacios y tiempos, tema ya defendido por Giner de los Ríos en la Institución Libre de la Enseñanza, donde ya en 1876 hablaban de arquitectura escolar como una de las premisas clave para la educación; pero no es hasta la mitad del siglo XX, con Loris Magalozzi, cuando se retoma este aspecto: él se refiere al uso pedagógico del espacio como “El espacio, el tercer maestro”.

La arquitectura de los centros educativos en la actualidad nada tiene que ver con la que dominaba en las tres últimas décadas del siglo XX. Ahora se diseñan y se comienzan a construir centros diferentes, más amplios, con espacios diáfanos que permiten reorganizar aulas y reagrupar al alumnado, con grandes ventanales para que la luz entre a raudales, con mobiliario más colorido y atractivo…

Seguro que os preguntáis, eso está muy bien, pero yo ¿qué puedo hacer en mi centro educativo?  La cuestión es muy sencilla, podemos dar un USO PEDAGÓGICO a espacios que ahora no lo tienen, transformado en ocasiones el uso que se le venía dando. Si, por ejemplo, dinamizamos el recreo con una gestión diferente y dinámica, el uso ha cambiado, ahora tiene objetivos pedagógicos; muchos centros están trabajando en esta línea con muy buenos resultados en la mejora de la convivencia. Podemos también abrir las aulas al exterior, con aprendizaje fuera de las cuatro paredes; hay centros con huerto escolar que permite, entre otros aspectos, contextualizar muchos aprendizajes; podemos juntar clases con actividades que promuevan este agrupamiento por medio de la realización de talleres, proyectos… Si en el centro es posible, podemos cambiar también el uso habitual de otros espacios: una biblioteca que sirva para trabajar con proyectos, un amplio pasillo que sirva para trabajar en equipo o un aula de usos múltiples que sirva para realizar un debate o una obra de teatro.

Y, por supuesto, y para concluir, no olvidemos el tema de la accesibilidad, no sólo física, sino también la accesibilidad cognitiva en los centros educativos como un camino hacia la educación inclusiva, que es nuestro objetivo.  Un centro que elimina todo tipo de barreras, es un centro inclusivo, es un centro con una concepción humanista de la educación, abierto y participativo, que defiende el liderazgo compartido que implica colaborar y que todo él tiene un uso pedagógico.

Porque una educación inclusiva ES POSIBLE y está en nuestras manos.

¿Qué condiciones han de darse para que un centro apueste por la educación inclusiva?

El otro día una amiga me hacía esta pregunta, en realidad era más bien una pregunta que le habían hecho a ella y que yo retomo en el blog.

Cuando hablas de educación inclusiva la gente te mira como si fueras una marciana, como diciendo ¿pero qué dice? Parece fácil en el papel, pero luego te das cuenta de que a la hora de llevarlo a cabo, de concretarlo en hechos, el profesorado está perdido y te pregunta: ¿cómo implementarlo en el aula?, ¿cómo pasar de la teoría a la práctica?, ¿qué hacer en el aula para potenciar la educación inclusiva?… Y como éstas, muchas otras preguntas.

Pero comencemos por las culturas inclusivas, puesto que si hablamos de ello responderemos a la cuestión que se nos plantea.

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En 1972 la UNESCO elaboró el Informe Fauré “Aprender a ser: la educación del futuro” que establecía dos nociones interrelacionadas, la sociedad del aprendizaje y la educación permanente. Veinticuatro años más tarde en 1996, se publicó el conocido Informe Delors  “La educación encierra un tesoro” con dos conceptos muy claros, aprender a lo largo de la vida y cuatro pilares fundamentales (aprender a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos) y en mayo de 2015 se presentó un nuevo informe que viene a ahondar en la necesidad de “Replantear la educación, ¿hacia el bien común mundial?” con la idea muy clara de la necesidad replantearse la educación en esta sociedad del siglo XXI donde existe un nuevo contexto mundial de aprendizaje.

Este informe parte de una concepción humanista y holística de la educación, lo que implica planteamientos nuevos y distintos de la educación; no podemos seguir haciendo lo mismo que veníamos haciendo hasta ahora en nuestras aulas porque el contexto de aprendizaje es diferente, es necesario realizar planteamientos más abiertos y flexibles que permitan ofrecer respuestas inclusivas a todo el alumnado que tenemos en nuestras aulas, que permitan abrir el centro a la comunidad y que permita sentir a todo el mundo miembro de esta comunidad.

La concepción humanista de la educación aboga por el respeto a la vida, a la dignidad humana, a la igualdad de derechos, a la justicia social; defiende la diversidad al entender que todos y cada uno de los miembros enriquece al grupo, habla de solidaridad y responsabilidad compartida. Esta visión humanista que promueve la convivencia y la resolución pacífica de los conflictos rechazando todas las formas de discriminación persigue, por lo tanto, una alfabetización ética. Y aquí tenemos la primera condición para que nuestro centro educativo sea un centro inclusivo. Es necesario reflexionar sobre los valores que queremos para nuestro centro, valores que van a impregnar toda la práctica docente, las relaciones interpersonales y que deben plasmarse en el Proyecto Educativo de Centro. 

Esta visión humanista de la que venimos hablando es una llamada al diálogo. Freire ya abogaba por el diálogo como principal medio socializador. Debemos, por lo tanto, fomentar en nuestro centro y en nuestras aulas el diálogo con actuaciones concretas que conlleven valorar y aprender dialogando y para ello debemos conseguir o habilitar espacios y tiempos. Pero, ¿qué puedo hacer en el aula para fomentar el diálogo entre mi alumnado? Puedo favorecer las interacciones dialógicas por medio de trabajo en equipo o por parejas, puedo promover debates y argumentaciones o puedo hacer tertulias literarias dialógicas con el alumnado y con las familias. Éstas son algunas de las propuestas que, además de estimular y favorecer el diálogo igualitario, está demostrado que mejoran la convivencia en el aula y en el centro.

Pero un centro inclusivo es también un centro que busca el diálogo igualitario, eliminando el abuso de poder; es un centro que promueve la convivencia y la resolución pacífica de conflictos; es un centro con un plan de convivencia inclusivo y preventivo, con actuaciones concretas y claras, como el desarrollo de patios dinámicos o uso pedagógico de los recreos y donde la acogida de todas las personas de la comunidad educativa es una seña de identidad del centro. En estos centros, todas y cada una de las personas que lo componen tienen un sentimiento de pertenencia que les hace sentirse únicos y valorados. Y ésta sería la segunda condición: es necesario crear escuelas acogedoras, seguras, donde todos sean valorados y donde todos tengan algo que aportar; escuelas que eliminan las barreras a la presencia, la participación  y el progreso con planes de convivencia inclusivos que previenen el absentismo, metodologías activas, apoyos en el aula, enriquecimiento para todos…

Si hablamos de concepción humanista de la educación, si hablamos de diálogo, de convivencia, de principios morales, hablamos también ¡cómo no! de colaboración. Y ésta sería la tercera condición. Es difícil construir comunidad si no dialogamos, si no fomentamos en el centro culturas colaborativas, y ¿cómo lo hacemos? El profesorado debe trabajar colaborativamente, con un liderazgo compartido que permita tomas de decisiones consensuadas y dialogadas sobre políticas inclusivas que van a condicionar las señas de identidad del centro; el profesorado debe también planificar y enseñar en colaboración con tutorías compartidas que vayan mucho más allá del mero hecho de estar dos profesores en el aula; pero también fomentamos la cultura de la colaboración con prácticas que permitan al alumnado participar activamente en la evaluación consiguiendo de esta forma una evaluación dialogada e intensificar su propio aprendizaje. Y, por supuesto, con todas las actuaciones que desde el centro permitan la colaboración de las familias y de la comunidad en general (Escuelas de familias, talleres, seminarios, tertulias…).

Para concluir, es necesario hablar de altas expectativas, la educación inclusiva parte de un planteamiento de la educación basado en fundamentos éticos, en un modelo social que aboga por la eliminación de barreras y que valora a todo el alumnado por igual evitando las “etiquetas” que condicionan su aprendizaje, la educación inclusiva promueve por lo tanto las altas expectativas para todo el alumnado, porque aprendemos de todos y con todos, porque todos tienen algo que aportar, porque se fija en las capacidades del alumnado para desarrollarlas en el aula. Esta sería por lo tanto la última de las condiciones que han de darse para que un centro apueste por la educación inclusiva, para que un centro sea un centro inclusivo debe eliminar las barreras que impidan conseguir estas altas expectativas en todos y cada uno de loa alumnos, el centro debe potenciar la participación, el progreso y la obtención de logros por parte de todo el alumnado. Pero ¿y cómo lo hacemos? en primer lugar reflexionando sobre ello con ayuda del Index for inclusion o del ACADI, pero sobre todo permitiendo que todo el alumnado esté en el aula participando de la actividad que allí se hace, para conseguirlo podemos por ejemplo trabajar por proyectos (ABP), enriquecer el aprendizaje para todo el alumnado, hacer apoyos inclusivos con dos profesores en el aula. Pero sobre todo debemos evitar los currículos paralelos favoreciendo actividades comunes, participativas y colaborativas que permitan hacer brillar a todo el alumnado en su contexto natural que es su aula de referencia.

No olvidemos nunca que la educación inclusiva es un proceso orientado a responder a la diversidad de los estudiantes incrementando su participación y reduciendo la exclusión en y desde la educación, está además relacionada con la PRESENCIA, la PARTICIPACIÓN y los LOGROS de todos los alumnos, con especial énfasis en aquellos que, por diferentes razones están excluidos o en riesgo de ser marginados, si tenemos esto en mente ya sabremos que un centro inclusivo es el que permita de forma natural esta presencia, participación y logros de todo el alumnado.

Porque una educación inclusiva ES POSIBLE.

Integración versus inclusión

Siempre me gusta definir la educación inclusiva como lo hace la UNESCO, me parece que es la definición más clara, y dice así:

“La Educación Inclusiva puede ser concebida como un proceso que permite abordar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los educandos a través de una mayor participación en el aprendizaje, las actividades culturales y comunitarias y reducir la exclusión dentro y fuera del sistema educativo. Lo anterior implica cambios y modificaciones de contenidos, enfoques, estructuras y estrategias basados en una visión común que abarca a todos los niños en edad escolar y la convicción de que es responsabilidad del sistema educativo regular educar a todos los niños y niñas (…) y está relacionada con la presencia, la participación y los logros de todos los alumnos” (UNESCO, 2006).

A finales de los años 80, a la aplicación del principio de normalización en el aspecto educativo, se le denominó integración escolar y este hecho en aquel momento supuso un avance hacia la igualdad de las personas con discapacidad, tal y como venía regulado en la Ley de Integración Social del Minusválido e hicieron replantearse a los docentes y a la sociedad en general muchas creencias que dominaban en esa época.

Pero desde ese momento han pasado muchos años y seguimos hablando todavía de alumnado de integración cuando no existen centros con el programa de integración, cuando ya hace años que todos los centros educativos pueden y deben acoger a alumnado con necesidades educativas especiales priorizando la decisión de las familias a la hora de la escolarización.

En la actualidad, todas las normativas referidas a educación recogen los principios de equidad e inclusión, lo que supone un avance en el modelo de la educación especial, pero todavía hay mucho camino por andar. Comenzaremos con esta sencilla infografía que concreta cinco aspectos clave de forma sencilla.

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